Libre del laberinto (Auditorium: el hotel más grande de Europa)
Pues sí, yo pensaba que iba de camino a Buenos Aires y tras 10 horas de viaje, una broma pesada, un resbalón a la tercera dimensión, un viaje al mundo virtual del Madrid ficticio, nos mantiene todavía en Barajas. Un pequeño chiste de Aerolíneas Argentinas nos lleva de viaje a otro mundo, al de un hotel dificil de creer. Una locura de unas 1000 habitaciones y extensión de pabellón olímpico, convive con un sembrado de antigüedades que parece en vez de decorar permanecen en depósito esperando a la próxima feria en el Ifema. Columnas de acero inoxidable cobijan relojes de pared y aparadores con vajillas antiguas. Escaleras de granito que cobijan pianos de cola. Y jarrones chinos que se resfrían al paso de las corrientes de pasillos inmensos llenos de salas de convenciones. Toda una experiencia.
Pillo una bragas y una camiseta y comparto cena buffet en plan ganado, merced de Aerolínas, con un trío granaíno que se convierten en toda una experiencia religiosa. Mira tú por donde, como iba a pensar que me iba a enterar de las particularidades de la pesca deportiva con mosca. Van a Bariloche a pescar y realmente parece que han hecho puente aéreo desde una chirigota hasta el mísmisimohotel Auditorium. Todo un espectáculo pantagruélico, llenan una y otra vez el plato hasta reventar. Sus aspecto indica que realmente vayana reventar; tripas enormes y coloretes sonrosados, rebosan decarne deporcino y queso, mientras son regados por vino de Rioja.Aunque parecen querer hacer acopio para toda su estancia en Argentina, su tamaño nos indica que deben de comer así todas las noches. Una pareja colombiana muy formalita asiste con cara de sorpresa muda ante semejante despliegue de voracidad. Ya calentitos empiezan con los chistes, uno detrás de otro. Muy buenos. Nos reimos. El colombiano se anima. Pero la gracia andaluza deja a cualquiera por los suelos, pareciendo tan gracioso como el palo de una fregona. Un valiente.
Al día siguiente madrugón intempestivo y una cola, otra cola, otra cola...Tener que hacer exactamente lo mismo y al mismo tiempo que un pasaje de Jumbo, es lo que tiene. Al final tienes la sensación de llevar la vida en una maldita cola.
Finalmente, tras una paliza de viaje, con unos azafatos que parecían hermanos -tanto hombres como mujeres: mismo cirujano, quiero decir - llegamos a Buenos Aires.
Mis padres me esperan allí. Estoy destrozada pero todavía tenemos cenita y espectáculo de tango.
El Viejo Almacén, es una turistada, pero me encantó. Yo soy una gran defensora de algunas turistadas, que conste. No hay que tener complejos. En mi propìa ciudad me subo al Madrid-Visión, me gustan las zonas típicas y creo que hay muchas ciudades que sólo disfrutan los turistas (como París, de la que los parisinos huyen los fines de semana y son víctimas entre semana). No me dormí. Está claro que me gustó el espectáculo, pues me había pasado la noche en vela.Por un momento pensé que me iba a pasar como en el Kabuki, que al cabo de un rato, eché una buena cabezadita hasta que de repente, el público se puso a participar y me desperté sobresaltada. Claramente el tango no permite el sueño, te toca ahí en el bajo vientre, ejem, y eso desvela. La música me mecía y me hacía estirar las puntas de los pies. También me pedía abrazar a alguién y enredarme a su cuerpo. Ay el tango, qué peligro. No me extraña que durante una época se considerase medio porno...
El baile me gusta mucho, porque a mí me encanta el baile. Aunque lo que me pìde el cuerpo es bailara pesar del agotamiento supino. En cualquier caso, no sé por qué, tengo la sensación de que la filigrana pierde un poco el vaivén, el espíritu y la cadencia. Pero no tengo ni idea.
Después de un buen sueño reparador, hoy hemos visitado de una forma general la ciudad y acabado en el mercadillo de San Telmo.
Una ciudad muy completa, combinación de muchas épocas distintas de mayor y menor bonanza, de mayor y menor estabilidad. Un sol radiante de principios de verano ilumina la ciudad como si se hubiera retocado con un Touche Eclat.
Nos volvemos locas en San Telmo. Miramos todo, escuchamos grupos de músicos callejeros que tocan de muerte y me impregno el cuerpo de esa música de tango que me hace ir bailando en deportivas por los empedrados.
Arrasamos comprando pequeñas antigüedades en los puestos, de esas que sé que luego voy a usar con mucho cariño cuando vuelva, porque tienen sabor. Comemos en un restaurante sencillo de manteles de plástico y comida buenísima y tomamos capuccinos mientras nos recuperamos de los calores y caminatas.
Cogemos un taxi - yo aquí me voy a poner las botas con todo tipo de objetos y personas...lo digo por lo de "coger"- conducido por un señor mayor, que parece primo de Luppi en cualquiera de sus películas de guiones imparables y verborréicos. Y en la conversación salen los tópicos de cada país. Fama de tener "piquito de oro", tienen los argentinos, le digo. "Vamos como usted". Sonríe y sonrío, pensando que da gusto el nivel de educación y de comunicación verbal de esta gente. Es estupendo poder hablar con todo el mundo.
Ahora estamos de receso para irnos luego a un teatro. Al teatro Cervantes, que ponen una obra de tipo costumbrista de la que todavía no me enterado bien ni del título.
Me voy a pegar una ducha.
Seguiremos informando...




Nadie Dice dijo
Te lo tenía que haber advertido, en Barajas, por norma general, todos los vuelos a EZE salen con retraso, indiferentemente de la compañía aerea. Y doy fe de que el Auditorium es inmenso, allí estuve un año en la cena de empresa, hasta dormimos allí, es posible que aún se acuerden del saqueo que hicimos en el bar a las tres de la mañana... sin camareros, a oscuras, metiendonos en la barra a coger botellas de la estanteria...
En fin, historias anecdoticas...
Nadie
3 Diciembre 2007 | 12:12 AM