De teletransporte y clonaciones
Mi vida es una tómbola, pero de otra naturaleza a la de la canción de Marisol.
El lunes paso el día en Madrid pero postro mi cuerpecillo agotado en un hotelazo en Londres.
Ya me estoy acostumbrando a que me recojan "lores" ingleses en vehículos de lujo. Eso de que me esperen con un cartelito a la salida del avión como si fuera Beyoncé, engancha. Todavía no me ha dado por bailarle una "coreo" funky para darles las gracias, ni tampoco les he dado un beso en los morros por ser tan amables, educados, limpios y British. Tampoco sé si he valorado en su justa medida su capacidad de conducir en esa ciudad llena de calles de un solo sentido ni sus dotes de navegar tras una lluvia que parece requerir una lancha motora.
Mi jefe acabó comprando los calzoncillos y la camisa en el aeropuerto y yo es probable que algún día de éstos acabe comprándome también las bragas, dado el grado de ocupación que sufren nuestras vidas tomboleras. Ni que decir tiene que estas cosas tienen su punto y que, en medio de tanta captación intelectual y física, surgen las risas ante lo surrealista de algunas situaciones, sobre todo cuando en mitad de una reunión busco un documento en su maletín y estoy a punto de sacar el gayumbo.
Pasarse todo el día siguiente en un hotel reunión tras reunión no parece la mejor forma de visitar la ciudad, aunque te halles a escasos metros de Picadilly y Trafalgar Square. Londres solo la ví a través de la ventanilla del mercedes, pero me dio tiempo a montar una vida en Heathrow, el aeropuerto más incómodo y cutre de Europa. Por eso, ahora cuando veo hoteles de lujo y cartelitos en la puerta de las salidas de los vuelos, solo pienso; "ahí va un currante, aunque no lo parezca". Porque los hoteles de lujo, la mayor parte de las veces sirven para compensar el cansancio de un día agotador y, probablemente y a pesar de sus prestaciones, sean los menos disfrutados del mundo. Estoy segura de que cualquier alberguista u ocupante de una pensión se lo pasa mucho mejor.
Tras varias horas en el aeropuerto - huelga de controladores franceses- por fin en el avión, totalmente derrengados nos entra la típica borrachera psicológica. Decidimos que pasamos de períodicos naranjas, él pide un diario deportivo y yo el "Hello". Hacemos un "helloforum" (única forma razonable de ver esas revistas) comentando todas las tías y tíos buenos que salen en la revista. Por si fuera poco, sobrevolamos Madrid 20 minutos y aterrizamos en la terminal satélite de la T-4. Cuando estamos cogiendo el puto trenecito que actúa como puntilla de torero, le digo : "Yo si tuviera que escoger un superpoder escogería el teletransporte, tú?".
Al cabo de dos días, encuentro respuesta a esa pregunta. "Clonación", le digo de repente cuando estamos trabajando. Tú lo que necesitas es el superpoder de la clonación. Su secretaria me mira, él me mira y los tres acabamos riéndonos y estando de acuerdo inmediatamente.
Hoy es sábado, hace sol y entra por mi ventana, no pienso coger metro autobús ni nada que se le parezca, no parece que ningún Lord inglés vaya a pasarse por mi puerta a llevarme de tour por ninguna parte y a Beyoncé la tengo puesta en forma de DVD en mi televisor. Eso sí, en un rato me voy a pasear por el monte. A respirar.
Por fin.






Miss Calamar dijo
Beyoncé y campo. Campo y Beyoncé.
Una mísera semanita, te queda, curranta de mis amores.
Y por mal que suene, tengo unas ganas de que te vayas que ni me aguanto.
Ea.
Besos gordos.
24 Noviembre 2007 | 11:44 AM