Polvazo
Cambio de tercio. Dejo por hoy las naderías y me vuelco en maxi-feelings. Porque aunque llevo entre pecho y espalda una copa y una cerveza, lo que se me ha subido ha sido el bocata de panceta que me he metido después de mi "primera vez".
Calamara me está esperando desde el alba en la puerta de La Riviera. Me ha invitado a un concierto y yo voy guiada culturalmente. Llevo el modo "Paco Martinez Soria Nunca Mais". Voy a empaparme de Wilco, a hacer los deberes y a escuchar como loca lo que a ella lleva todo el día perturbándole la mente, abduciéndole el pensamiento y moviéndole los pies y el teclado.
Cuando llego ya ha hecho pandilla. Es la tercera en la cola de la entrada y tiene el culo frío. Me preocupa mi aguante y mis rodillas todavía pringosas de pomada de caléndula y árnica.
Yo nunca he oído al grupo. Me podría hacer la "superfan" pero ya no tengo paciencia para el disimulo, frontal comodidad es lo mío. María me ofrece su ipod para escuchar alguna canción antes del concierto. Yo le digo que no, que prefiero "permanecer virgen" llegados hasta este punto. "Ni la puntita quiero" le digo. Quiero hacer el experimento, ver que siento sin conocerlos. Inmersión absoluta en total desconocimiento. Veracidad de primeros efectos.
Como teloneros vemos a unos domingueros ya conocidos, unos "Sunday Drivers" diezmados y en versión acústica, también conscientes de la impaciencia general por ver a los verdaderos protagonistas. Tan conscientes, que ellos mismos parecen molestarse con la delicadeza de sus canciones.
El resto ya es vaiven, abandono, levitar, complicidad, devaneo con la música, descubrimiento. Un alucinar con un guitarrista en éxtasis. Un Jeff atento, cómplice y comunicativo, como ewok adorable con una voz envolvente y justa. Una voz que aparece en medio de tormentas y huracanes, que baila con el agua y chapotea por igual en charcos y océanos inabarcables. Yo no sé nada, no conozco nada y me abandono. Dejo que me acaricien, que me susurren y me griten. Dejo que me guiñen, escuchen mi silencio y enfoquen mi voz afónica y sin letra. Yo sonrío, tú sonríes, él sonríe. Todos sonreimos y bailamos. Todo amor, todo paz, todo armonía y todo estruendo al mismo tiempo. Porque la música invade y chirría algunas veces. Porque la música cambia y permanece. Otra veces se evade y otras se queda entre nosotros. Y en medio una vocecilla amable y hogareña. Y la sonrisa azul de Calamara emitiendo feromonas como loca con su antena más potente. Algo debió de llegar. Porque parecía que las feromonas hacían bailar y pasarlo bien al grupo ante un público entregado, educado y pacífico.
Y la virgen dejó de ser virgen después de un polvazo.
Y puede que se haya vuelto viciosa.



Miss Calamar dijo
Ay, ay, ayyyyyyyyyyyyyyyy....
Joder, joder, jodeeeeeeeeeeer!!!!
Estoy en éxtasis, niña.
¡No soy capaz de irme a la cama!
10 Noviembre 2007 | 03:27 AM