La voz dormida

Tristeza y ternura. Fuerza y dignidad. Familias postizas en circunstancias extremas. Universo femenino que trasciende a la dureza y la agonía. Un grupo de mujeres encarceladas en la prisión de Ventas. Hechos históricos de esos tiempos que no hay que olvidar para no volver a caer en la más absurda de las atrocidades; el fratricidio.
Dignidad humana dentro de la indignidad más absoluta. Los sentimientos más puros y preciosos rodean los más lamentables y rastreros. Falta de libertad, falta de justicia, falta de igualdad. Las mujeres luchan por lo que creen, sobreviviendo, amando, apoyando a sus iguales. Una piña que se ayuda a alimentarse, a parir y a no dejar la vida perra que las acompaña. La vida que sueñan con cambiar y que tardará años en dar su fruto, demasiados años.
Por encima de todo, los sentimientos universales, sentimientos que acompañan a las personas cuando pueden ser consideradas como tales. Barbarie que acompaña a la barbarie, en todos los bandos, en todas las naturalezas desnaturalizadas por el odio y el horror.
Femenino es este libro de Dulce Chacón, en el que las mujeres se juegan la vida las unas por las otras, las mujeres aman y se embarazan. Esperan a sus hombres mientras se secan sus entrañas y su pelo se vuelve gris y marchito. Con la misma ilusión, con la misma esperanza de una vida que ha de empezar en algún momento. Mucha ternura. La de las miserias humanas cuando son comprendidas y acogidas con la naturalidad de quien las padece o ha pasado a entender ya cualquier cosa.
Ternura que se mezcla con dureza, la de los hombres que hacen cualquier cosa por ver a sus mujeres mientras pierden la piedad arrasando pueblos y personas. La dualidad humana, capaz de lo mejor y lo peor. Capaz de inspirar ternura en un momento y el más terrible de los miedos al siguiente segundo.
La resistencia física y mental. La capacidad del ser humano para acostumbrarse a cualquier cosa y sobrevivir. La no tregua, el sin perdón.
Y cuando veo las noticias, pienso que no hemos aprendido nada. Que esos años de sangre y horror al menos deberían habernos valido para cultivar el respeto. El respeto por la variedad, por las divergencias. El sano temor a herir, física y moralmente al prójimo. La ambición de prudencia y mesura, de tolerancia y aceptación por visiones diferentes.
Y me indigna lo que veo en las noticias y períodicos. La falta de respeto y calidad personal de nuestros representantes, que a mí no me representan. Pero que para poder representar a alguien intentan que sus electores sean cada vez más patéticos y manipulables. Intentan hacer personas maniqueas y mezquinas a su semejanza, para poder tener autoridad moral sobre seres similares. Y sentirse bien. Pero han perdido el respeto por la inteligencia, la mesura y la prudencia. Y por eso a mi no me representan. Porque la historia está para aprender de ella, no para revivirla.
Y cuando veo ultraderechistas madrileñosy ultranacionalistas catalanesjuntos a las puertas de la Audiencia Nacional, saco factor común; la estupidez. Una estupidez también universal que puede llevar a un judio a declararse neonazi. Sublimación del sinsentido y de la universalidad de los sentimientos. De los buenos y de los malos.
Del libro me quedo precisamente con uno de esos sentimientos universales. El del amor en mayúsculas. El amor eterno y para siempre. El que puede hacer a una persona esperar eternamente a otra mientras se marchita.Tras solo un beso.
Donde quedarán esos amores...






laluzenmi dijo
quedan, eh.
yo lo sé.
6 Octubre 2007 | 10:38 PM