Vendaval
Se lo lleva todo, lo trae todo. El viento de levante acompaña toda mi estancia en tierras gaditanas. Intento aprovechar cada minuto de cinco días, una estancia demasiado breve para mi. Veo amigos, me embadurno de crema por la mañana, veo puestas de sol atenuadas por nubes de gasa y bebo cervezas y mojitos a tutiplén. Por la noche huele a Aftersun y a eternidad.
El ambiente está enrarecido cuando llegamos. Una especie de somnolencia general invade el ambiente. Una desidia abúlica que llena todo de deshaceres y dormidinas naturales. Supongo que, como el que lleva una copa de menos, el que llega tarde a Zahara, lleva un desfase de relax.
El agua del mar está clara y fresca. Me encanta el baño cuando hay levante. Hay días que solo voy a la playa para bañarme y empanarme de arena a la salida. Filetillo empanado soy. Filete empanado como, en bocata y con tomate, de carne argentina, todo un lujo.
Vivo en una urbanización que parece la Rue del Percebe. Enfrente un apartamento ocupado por músicos me pilla todas los despertares con la legaña pegada y el pelo alevantado (no es una falta de ortografía, dícese del bonito peinado que queda cuando llevas toda la noche "levante pacá, levante pallá" en un chiringuito en la playa). Ya me conocen. Yo me acuerdo de ellos desde el año pasado. Este año repetimos conversación y ya contesto a mis propias preguntas que yo misma me sé. Alucinan con mi memoria. Alucino con que nadie retenga nada. Desde la infancia reconozco a los compañeros de parbulitos cuando me los encuentro adultos tras decenas de años. Nunca se acuerdan de mí. En el tercero los músicos cincuentones comen tostadas, mientras el del piso de abajo toca la guitarra y desafina brutalmente ajeno a los críticos de primera que yo veo perfectamente. Acaban acompañándole con palmas. Como por arte de magia, el del segundo toca la guitarra y del cielo suenan palmeros.
Un poco más adelante, viven dos amigos de Sevilla. Un reencuentro de hace tiempo, cuya relación nunca llegué a entender. Hace tiempo que dejé de querer entenderlo todo. Ya me vale con aceptar lo que pasa y lo que existe, o eso intento.
La gata sigue siendo un coctail imposible, una mezcla de alcoholes que no pegan nada, de refrescos con burbujas y de frutas caducadas. Funciona. Como ese guiso extraño que sale estupendo con restos de la nevera. Restos de colección. Calcetines desparejados. Vajilla de casa de vacaciones. Una caja de botones. Individuos caídos del cielo al chiringo playero. Chiringo de lujo; por la playa, por la luna, por la música, por la libertad.
En los sueños, este año la música se escucha bajito, en silencio, delicada, ilegal. Cadencia y sur, mucho sur.
Este año no se lleva el "bezito" sino el "abrazito" y se dan y demandan a gogó.
Breve reencuentro con amigos entrañables. Estupenda cena. Me sabe a poco la sobremesa, pero la emplazamos a cuando vengan a Madrid. Rosario ya forma parte de Zahara. A Michael le ha sentado bien el matrimonio. El Notas sigue campando a sus anchas.
A Ymki se la lleva el viento por los pelos, casi la pillo pero voló en la primera cometa y yo llegué con la segunda. Algún día llegaremos a la vez.
No sé que tiene esta tierra que recarga. Luz y luz, viento y viento. Libertad.
Luz que ilumina oscuridades,
vientos que se llevan tristezas,
libertad que hay que aprender a usar.
En esas estamos.



Miss Calamar dijo
Oh! Levanteras! Oh!
Joooooooooo
Quierooooooooooo
Me encanta lo de "huele a Aftersun y a eternidad".
Nos vemos pronto, guapa.
(pa mí que el sábado se me cae el plan...jeje)
Mua!
30 Agosto 2007 | 11:38 AM