Sonrisa de ébano- Mohamed
Era alto, fuerte y muy negro. Tenía una sonrisa franca y blanca. Llevaba los trajes y camisas mejor planchados que he visto nunca y tenía el pelo rapado para dejar ver al completo unas gafas de miope.
Enseguida conectamos. Nos unía el sol, la claridad de países marítimos.
Paris rodeaba nuestro mundo de fuera. Como un decorado frío y lujoso, tenso y engreído. Un decorado de hielo al que derretir con nuestra complicidad y noches de amigos inesperados.
Mohamed era de Senegal y tenía el porte de un guerrero sobrenatural. Musulman practicante, no bebía una gota de alcohol aunque nos fuéramos juntos de cañas. Por fin segura, podía emborracharme sin cuidado; tenía alguien sobrio y fuerte para sujetarme.
Extraños en la ciudad de las artes, decidimos dar calor del sur a la diva insolente. Trabajábamos juntos, entre gente que apenas se daba los buenos días y competía como si de una carrera olímpica se tratase.
Decidimos dejar las oficinas de Neully y los muebles de diseño y perdernos por la Bastilla, buscando garitos de guitarras flamencas y sonidos hip-hoperos.
Piel de ébano, sonrisa de albaricoque. Así era Mohamed. Cálido yluminoso. Con un acento francés envolvente y empalagoso. Como los dátiles, como los dulces de leche.
Lo último que supe de él, fue que se marchó a trabajar a Estados Unidos justo cuando aconteció el terrible 11S. Y pensé en él. En su color de piel, en su religión, en su nombre y en la inoportunidad de su destino.
Quiero encontrarte Mohamed.






lamazmorradelandroide dijo
Dios, qué precioso lo que has escrito, yo soy 100% tolerante con las religiones de los demás, queremos que Mohammed vuelva!!!
Fuerza y honor.
20 Mayo 2007 | 02:40 PM