Burbuja
Me levanto con el culo y las ingles doloridas de tanto ejercicio. Ayer fui a baile. Superar la clase en mis periodos alérgicos me da confianza.
Nos llevamos una bronca. Teníamos todos un lunes-viernes y se nos olvidaban las coreografías. Supongo que explicarle al profesor que yo llego a clase en "modo expulsión" es algo complicado. Para llenarme de pasos, piruetas y saltos, primero he de expulsar las toxinas del día y dejar espacio. Hay días que esto se consigue en la primera hora de calentamiento, otras me voy de allí y todavía no he conseguido conectar con la música y los pasos de baile.
Después me acosté tarde, siempre tiendo a acostarme demasiado tarde cuando vuelvo de pegarme una paliza. Vi una peli, hablé con Calamara, leí y me dieron las tres de la mañana.
Me despiertan las obras de la casa de enfrente. Parece que no es San Isidro al otro lado de la calle. Remoloneo, peleo con la almohada, pienso en ponerme tapones en los oídos para no oír un taladro que me perfora el tímpano. Pienso en salir con el pijama desvencijado, con media teta fuera y decir a los obreros que hoy es un día festivo y que no hagan ruido, pero el látex del colchón me absorbe y me deja atrapada entre mis formas.
Debería estar haciendo limpieza, orden, feng shui, pero estoy en con el mismo pijama, con la misma teta fuera y con los mismos papelotes invadiendo mi burbuja de Diógenes. Arrancaré tarde, pero algo haré.
Mirando por el balcón del salón, sigue moviéndose esa cortina fantasmagórica de un lado para otro. El balcón de enfrente tiene historia. Una historia extraña e irreal. Hace tiempo un señor extraño con una mascarilla pasaba horas asomado a ese balcón, como viviendo la vida de los otros sin salir de su atalaya. Algunas veces, escribía cosas del revés en la ventana, como si quisiera comunicarse con alguien. Ponía fotos mirando al exterior, como realizando su aportación a la vida sin bajar a la calle. Solo yo estaba a su altura y podía ver estas acciones. Decidí clausurar el balcón a ese lado. Me daba miedo y pena a la vez. En Navidad, ponía unos adornos fantasmagóricos. Mis amigos bromeaban diciendo que seguro que había un Cristo invertido. Un día, vi la casa llena de gente y él desapareció. Pensé que le había pasado algo.
Al cabo de unos meses, reapareció recuperado. Ya no llevaba mascarilla y no se pasaba el día pegado al balcón. Debieron de internarle o algo así.
Desde hace una semana, su casa se ventila con la ventana abierta y una cortina blanca meciéndose con el viento.
Una cortina que pide socorro o se despide del barrio.





Miss Calamar dijo
Cómo mola lo de tu vecino! Quiero verlo! Qué ponían los mensajes al revés? eran satánicos? Jo, qué miedito!!
15 Mayo 2007 | 03:29 PM