Débil
Hay veces que siento el más mínimo de los vientos, el más pequeño de los calores y el más tenue de los aromas. Hay veces en que siento en mi piel cada sensación, en mis profundidades cada pensamiento, en mí misma cada vida de otros.
Hay veces que me apalanco magnificando cada efecto realizado en un tubo de ensayo. Otras veces, siento lo que deberían sentir otros seres, en mis carnes, en mi paladar en mis manos, poniéndome en lugares escarpados e inexistentes.
Otras veces me caigo al precipicio, sintiendo que me pierdo en el camino, por no salirme de la pista.
Muchas veces me invade una serenidad templada que me hace llorar. Una serenidad de un ser viejo y centenario, como un árbol de un tronco ancho, rugoso, de mil anillos, como la enésima reencarnación de algún ser ya muy viejo.
Entonces recuerdo porqué decidí dejar de escribir cuando era casi una niña; decidí dejar de ser sensible. Porque pesa, porque cuesta, porque es difícil.
Escribir desarrolla mi sensibilidad, la exacerba la deja a merced de cualquier tipo de impulso externo. Y a mí me deja débil, expuesta. Como náufraga en el mar y cometa en el viento.
Hoy estoy débil, por eso no puedo escribir.












Marcelo dijo
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10 Mayo 2007 | 12:06 AM