Alfombras en los pies
Modo "Recuperando la armonía". Me he propuesto recuperarla. Dejar a un lado esta invasión de realidad y bucear en la paz, en el océano de sensaciones en calma.
Pensar en paz me lleva a Birmania. Sé que no es el paradigma de los derechos humanos, la no-violencia, ni de la democracia. Sin embargo, por alguna razón, cada vez que busco una imagen de armonía, me viene a la mente el Irawady y su color plomizo, las plantaciones de pagodas de Bagan o el lago Inle. Veo caras sonrientes y bellas, trenzas largas y cuerpos esbeltos vestidos con longyis. Sandalias de dedo y mujeres haciendo la colada en el río.
Revivo una escena en Mingun una y otra vez. Me alimento como el naúfrago racionando visiones repetidas para no agotarlas, para que no pierdan su viveza.
Pagoda inacabada de Pa Hto Taw Gyi. Mucho calor. El mes de Junio birmano es el preludio del monzón. Antes de caer la primera lluvia torrencial, el calor se amontona en el aire, la humedad se contiene en un paraguas de lino al que se le escapan las gotas. Sensación de sauna general. Más bien baño turco.
La pagoda es de piedra y queremos subir hasta la cúspide para ver las vistas de un valle amplio recorrido por el río. Las escaleras son piedras incandescentes. En Birmania a los templos y pagodas hay que entrar descalzo. No como en Japón o Tailandia, que se pueden usar calcetines o patucos, descalzo total. Tus pies en contacto con el suelo. Nada en el medio. Es señal de respeto.
No sabemos qué hacer, nuestros piececillos poco curtidos no soportan la temperatura de la piedra. Hay poca gente. Solo unos cuantos niños jugando por la zona. Descalzos.
Se percatan de nuestro problema. De pronto una nube de niños, ángeles cubiertos de tanaka*, aparecen como de la nada.
La zona es verde y está llena de vegetación. Hojas grandes y pequeñas se comen la piedra dotando de vida lo inerte.
Pronto, una alfombra verde y fresca recubre las piedras que hacen de escalera para la subida. Ellos no las necesitan, nos acompañan durante toda la subida, poniendo hojas frescas en cada escalón. Nuestros pies son de seda. Sus pies son de cuero. Como flautistas de Hamelin, subimos rodeadas de niños salvadores y sonrientes. Un enjambre de adorables criaturas, con sombreros en forma de cono y hojas en las manos.
En la cúspide la vista es diáfana y amplia. Más amplia que lo que nuestros ojos pueden abarcar. Montañas redondeadas completamente verdes destacan en una planicie inmensa. Un río extenso y plomizo moja todo como una gran mancha de pintura derramada. Trozos de tierra verde sobresalen del río marron, del río que nos transporta en balsas rudimentarias. Palmeras y pagodas sobresalen períodicamente de forma armónica, como cumpliendo una serie de progresión indeterminada.
Una vez abajo, compramos coca-colas a los niños, para nosotras y para ellos. Yo veo que venden collares y me llevo todos los que puedo. Les compro uno de los sombreros cónicos y una sombrilla de monje para el calor.
A partir de ese momento me paso a llamar "chica rica", también lo dicen las líneas de mi mano según Thein, nuestro guia (vamos 4 amigas y un guía).
Es que tenemos tanto...o tan poco...
* Tanaka: una especie de jabón, que proviene de un árbol, que usan las mujeres y niños para protegerse del sol y para hidratarse la piel. La sensación visual es como si tuvieran un barro seco cubriendo la cara.








Honey dijo
Nota: La foto no es mía. No tengo fotos digitales. Una pena, son preciosas.
Esta se asimila un poco al espíritu de aquellos niños, pero los reales los tengo aquí, en un album inmenso que me fabriqué con cartulinas negras.
Esta foto la he tomado prestada de alguien en la red.
27 Abril 2007 | 07:35 PM