Borro con una goma Milán mi jet lag y mi nostalgia
Planazo. Entre lavadora y lavadora, saco el trolley para volver a empaquetar una maleta distinta, una maleta que nada tiene que ver conmigo; llena de trajes y cifras, de atención sujeta a golpe de excel y páginas naranjas.
Tengo la mente suelta y el espíritu liviano. Tengo mi yo enterito, mi batería dice "Ya puede desconectar el honeymetro de la corriente". A partir de ahora empieza la cuenta atrás, la pelea del vaciado, el arrastre de mi mente suelta y evanescente hasta la moqueta gris, los cuadros de diseño, las autopistas y las cantinas de rancho grasiento por un ticket de comida. El honeymetro hay que ponérselo y hacerle caso, hay que recargarlo y alimentarlo para que el bicho no pierda su naturaleza, como hacen con el panda en el zoológico.
Dejo la casa entelada de bragas y camisetas y me voy con mi trolley a la oficina. Me he vuelto a desvelar esa noche, estoy hecha polvo. Por la tarde, vuelvo a estar en el aeropuerto; la tarjeta de embarque es mi metro-bus, las azafatas mis panaderas y mi trolley una especie de apósito que le ha salido a un brazo largo y rodante.
Llego a Milán destrozada y dormida. Cojo un taxi y digo la dirección. El taxista parece simpático, pero al minuto empieza a pisar el acelerador como si estuviéramos en un gran premio de Fórmula 1. Me pongo el cinturón y pienso en lo poco que me apetece discutir. A mitad de trayecto, dice que tiene que poner gasolina y lo hace, por supuesto sin apagar el contador. Recuerdo cerezos en flor, sonrisas y miradas francas rasgadas. Tengo mucho sueño y no voy a discutir por un euro. Arranca el piloto, pleno de motor y de energía, pleno de fuerza y picardía. Empieza la carrera. Cuando vamos por 180 le digo " baje la velocidad, tengo miedo!". Y me pide disculpas y baja un poco.
Ya entrando en la ciudad, recibe una llamada telefónica "Calma, calma", le oigo decir. Y me dice "Otro piccolo problema", o algo así. "Mi donna, bambino" y hace un gesto semicircular en la barriga. "No me lo puedo creer", pienso yo. "No es posible que haya salido de una peli en japonés y me haya metido en pleno en una a la italiana!". Pero si mediar más explicaciones, me dice que me tiene que dejar. Yo le pido que al menos me deje en una parada de taxis. Así lo hace y con estrés y prisas me dice "Son 113 euros". "Queeeeee?????" digo yo. "Sí, sí, lo que oye, 113 euros!". Estoy convencida de que me ha metido un timo de la leche, pero cómo demostrarlo, cómo discutirlo, cómo hacer esperar el parto?. Tampoco estoy segura, es la primera vez que hago este trayecto, mi lucidez mental es igual que la de un fiestero por la ruta del bacalao de recogida. Le pido un recibo y se lo pago.
Cuando voy a coger el otro taxi, que ha visto la jugada, éste me recibe huraño y con mirada sospechosa. Me pregunta que qué ha pasado, como si yo hubiera echado una bomba fétida, me hubiera tirado sin pagar o hubiera realizado cualquier otra fechoría. "Bambino, bambino", vuelvo a decir yo con el gesto-circunferencia. Con cara de pocos amigos, me lleva sin un solo gesto amistoso. Europa me recibe hostil, maleducada y timadora.
Visualizo templos, montañas y jardines zen, relativizo y paso del mal rollo.
Decido darme un paseo pequeño por Milán, en tal situación de agotamiento, casi preferiría haber ido a un lugar conocido o sin nada que ver, pero dormirme sin haber echado un ojo a la catedral es superior a mis fuerzas.
Mi hotel está al lado; vago, me pierdo y llego a la catedral. Es una maravilla, blanca impoluta, alta y majestuosa. Imponente. La grandeza del gótico y de la piedra me hace valorar de nuevo este paisaje familiar para una medio burgalesa. Las catedrales góticas me hacen sentir en casa. Provocan algo casero y de la infancia. Paseo por la Gallería Vitorio Emanuelle, llego hasta La Scala. Es hora de salida de la representación y está muy animado.
Ceno una ensalada en un restaurante dentro de la galería. A mi lado un alemán solo, cena aburrido intentado enrollarse con alguien. Cualquier otro día yo le hubiera dado palique, me gusta improvisar en este tipo de situaciones, pero hoy soy incapaz.
Pronto me reemplaza una francesa, muy francesa. Se ponen a rajar en francés; hablan de esquí, de viajes, de comida y de vino.
A mi lado dos adolescentes españoles cotillean la situación, divertidos y pensando que es un mero ligoteo; se nota que no han padecido la soledad del viajero de trabajo, esa soledad que te hace hablar con cualquiera sin ninguna otra intención.
Pago y me voy. Vago por la ciudad y me pierdo. Saco un mapa de Google y me reencuentro. Me voy a dormir. Duermo genial. Desayuno genial. Me preguntan el número de habitación, y se me ha olvidado. Digo otro. Luego rectifico.
La reunión es una de esas reuniones que empiezan como los chistes; " un alemán, un italiano y un español...". Solo que en este caso, se unen italianos, un sueco, una francesa, un griego y una portuguesa. Discurre entretenida y bien. La gente es maja. La hora la han retrasado y el sueco, la portuguesa, el griego y yo llevamos como 100 cafés. En el descanso me voy con el sueco y el alemán, dos tiarrones de 1.90 y 2.00 a dar un paseo. Hay que aprovechar, y me gustan los contrastes... Qué bien hechos, mamma mía.
A la vuelta cojo el tren al aeropuerto con el sueco y la portuguesa; siempre me ha gustado el tren, y hoy me parece maravilloso.
Llego a Madrid. Me recibe otro taxi, esta vez el problema es el cambio. Un recorrido de 30 euros y no tiene cambio de 50. Viva la profesionalidad. El día anterior, había cogido otro con olor a tabaco reconcentrado y otro con un olor a ajo, que me hizo entender a Miss Estirada Beckham. Y echar de menos Japón, su limpieza y pulcritud, su honradez y su previsión.
Esta Semana Santa, estoy en plan casero total, enganchada al PC, a mi edredón y a mi sofá. Enganchada a vaguear y a intentar recuperar un sueño que me tiene abandonada.
Cama de algodón
recuerdos que se ordenan
en cuarentena






srta desconocida dijo
Lo de estar metida en una peli japonesa puede ser hasta poético, (a no ser que sea una de samurais a lo gore) pero la italiana llevada al absurdo con taxistas suicidas incluidos ya es demasiado para una sesión doble en este mes ¿no?
Aprovecha tu cama, que las horas de sueño mejor será compensarlas ;)
7 Abril 2007 | 01:15 AM