La Gran Via de Kioto
Dejamos las maletas y nos lanzamos a la calle. El Ryokan está en Gion, fenomenal ubicado. Decidimos darnos un paseo hasta el Templo de Kyomizu-dera. El recorrido pasa por varios templos y santuarios y por unas de las calles con más sabor de Gion y Kioto. Todo el mundo está en la calle, los de Kioto y el otro medio Japón que ha venido a ver el inicio de la primavera. Kioto es famoso por sus parques, que en primavera se llenan de cerezos en flor. Las flores son muy apreciadas por los japoneses que son muy sensibles a su belleza efimera y a los pequenos detalles. En eso son mucho mas delicados que nosotros. Durante el paseo nos cambia varias veces de estación; sale el sol, llueve, hace calor, hace frio. Las calles están llenas de gente haciéndose fotos y visitando la multitud de tiendecitas de dulces y artesanía. Cualquier cosa la ponen en un envoltorio que la hace parecer un diamante de Tiffanys version zen. Nosotras disfrutamos del paseo, observando los templos, los empedrados de las calles, las casas de madera y el ambiente atestado como la Gran Vía madrileña un día de rebajas.
Gion es el barrio por antonomasia de las geishas. Al girar por un callejon, vemos a una y pensamos que hemos tenido mucha suerte. Va con un pelucón grande con adornos, con kimono y sus sandalias tipicas. Al pasar por delante de donde se para, nos damos cuenta de que es una Geisha de palo. El sitio es uno de las particulares formas de entretenimiento que tienen en Kioto; te maquillan, visten y te dejan que te pasees durante un par de horas por las callejuelas de Gion como si fueras una Geisha. Por un momento tenemos una tentación...pero ver a una Geisha de metro noventa - la mía más las plataformas en las que van encaramadas- y a otra rubia y con los ojos azules, no iba a colar ni de broma... De todos modos hacemos alguna foto.
Seguimos andando por las calles y llegamos a Kyomizu-dera. Es uno de los lugares propuestos para ser una de las 7 nuevas maravillas del universo, y lo pone a la entrada.
Doy fe, de que si se ponen de acuerdo todos los que allí estaban cuando llegamos lo será. Si el camino era la Gran Vía, el templo es la estación de Sol en hora punta. Está lleno de gente que circula. Lo bueno del turismo japones, es que circula de forma ordenada sin entretenerse demasiado. Los circuitos del visitante estan preparados siempre para seguir una ruta hasta que te saca a la calle. Y la siguen ligeritos. Me imagino en España con todo el mundo circulando para todos los lados anárquicamente; un caos. El templo es muy bonito, pero hemos visto tantos tan bonitos con poca gente que no lo disfrutamos lo suficiente. Vendían amuletos del amor y no he comprado ninguno; cuarto y mitad tenia que haber pedido.
Bajamos otra vez por las misma callejuelas y de pronto, con este ojo de madrileñas que tenemos, localizamos un callejón donde al fondo parece que hay unas mesitas. Encontramos un remanso de paz, superagradable en un alto y nos tomamos un "momento Asahi" con tempura de picar.
A la vuelta deambulamos por nuestro barrio. En Kioto bastantes mujeres visten a la forma tradicional, con kimono. Me encanta. Es superfemenino. El kimono hace que todos tus movimientos tengan que ser superfemeninos por narices, entre las sandalias -lo siento Nora, no me acuerdo como se llaman,es muy tarde y quiero acabar el post, cuando vuelva corregiré todos los errores de todo tipo- y que te obliga a andar con pasitos cortos porque no te da la anchura de la prenda, te convierte en un ser delicado.
He decidido que cuando vuelva voy a ser superfemenina, espero no necesitar ponerme un kimono porque sería un tanto chocante. Ellas si que saben, delicadas y femeninas, un master estoy haciendo, pero en mi caso creo que me tendré que meter 7 horas de baile para conseguir contener mis energías bruscas.
Cuando pasamos por una calle estrecha, de pronto se abre la puerta de un taxi y sale una mujer en kimono, andando muy rápido y mirando al suelo. Dudamos de si sera una geisha. Va mucho mas discreta que las de palo, como era de esperar.
Cenamos y a la vuelta pasamos por la calle Shinbasi, una calle con un canal con puentecitos y flanqueado de Ochaya y pequeños restaurancitos. La zona es muy bonita y tiene mucho sabor. El hecho de que la mayoría de los sitios sean reservados o tan discretos que no se saben lo que son, nos da un cierto aire de puticlub excluyente version delicadeza oriental a todos los locales. Esto no quiere decir que lo sean, pero hay muchos grupos de hombres de negocios. Tambien mucho turista, pero a las ochaya entran solo los que llevan traje. Es un rollo un poco sectario, parecido a lo que dicen de la feria de Sevilla si no tienes amigos con caseta, pero con algo un poco más siniestro que subyace. No quiere decir que las geishas sean prostitutas, aunque algunas lo sean, pero esta especie de trato servil en el que un grupo solo de hombres contratan a mujeres para que les sirvan, entretengan y toquen el shamishen, nos pone un poco bajo sospecha.
De hecho, la tradición de los reservados se ha incorporado a todo tipo de restaurantes. Tienen salas con tatami, separadas con biombos, donde cenas solo con tu/s acompañantes. En nuestro caso, eso es un verdadero rollo, nos queremos mucho, pero francamente estamos ya aburridas de vernos el careto y nos gustaría interactuar un poco con la gente. No hay forma.
Nos vamos a dormir a nuestro futón.
Por la mañana nos vamos a un Starbucks a desayunar (la experiencia del desayuno japones, ha estado bien culturalmente, pero me quedo con el cafe y dejo el arroz para otro momento, que me va a salir por las orejillas). Ya con nuestro café en ristre, vemos entrar a una geisha. Ésta si lo es. La hora no es como para ir disfrazada. Tiene un aspecto parecido a las de mentira, pero mucho mas natural, su pelo no es una peluca es su pelo con un arduo trabajo de peluquería. Empieza a mirar las estanterías como haciendo tiempo. Poco más tarde entra un chico en traje, piden algo y se sientan en la esquina mas oculta del establecimiento. Esta es una geisha de las que toca algo mas que el shamisen. Esta claro por muchas cosas, en especial por su comportamiento.
Asi que a las geishas hay que buscarlas de mañana en el Starbucks tomandose un frapuccino y hablando por el móvil.
Trancurre el dia visitando el Castillo de Nijo, muy bonito, con un montón de pinturas preciosas que nos quieren recordar a Klimt (se vería influido por algun viaje a Japón?). Visitamos también el precioso Kinkaku-ji o Pabellon Dorado, muy bonito, aunque parece una especie de peregrinacion para sacar la foto más conseguida. Visitamos varios templos más; en Daitoku-ji vemos un bonito jardin seco zen. Os juro que no me voy a meter a monja ni nada por el estilo, pero es que Kioto tiene templos que salen como setas...y los que nos hemos dejado por ver.
Volvemos hacia la parte moderna y comercial de Kioto, nos damos una vuelta viendo el ambiente y entramos en un edificio de entretenimiento que parece que hace furor, a ver que se cuece. En la planta baja, miles de máquinas pintadas de rosa y con dibujos muy cursis están llenas de chicas jovencitas. Cotilleamos para ver que es. Son fotomatones historiados. El plan es el siguiente; te vas al centro de entretenimiento con las amigas, eliges tema y fotomaton, te haces las fotos dentro de él y al cabo de un rato, te vas a la parte de atrás del mismo donde salen tus fotos en digital y puedes ponerles fondos de puñetas varias; florecillas, corazones, lazos, colores, escribir letras con un lápiz óptico...lo que te dé la gana. Luego eliges cuantas quieres y el tamaño y ya tienes una foto de colores y corazones para llevar en la cartera. Por supuesto Blanca y yo no nos hemos podido resistir y tenemos nuestro pack de flores y corazones super-pinky. Eso sí, ha sido un poco complicado comprender el invento y lograrlo con todo en japonés. Nos hemos reido cantidad. Al final, nos ha tenido que avisar una del establecimiento para decirnos que nuestros caretos ya estaban en la pantalla para ser retocados con floripondios y ponernos una flor para conseguir realizar el resto de la obra maestra; eso sí, el tiempo era limitado y se nos ha quedado una con fondo naranja y justo en las que mejor habíamos salido se nos han quedado sin dar el toque artístico. Repetiremos mañana?. La verdad es que tienen unos entretenimientos muy raros. Estos centros llenos de máquinas y ruidos, los pachinkos y los karaokes son formas muy extrañas de pasar el tiempo, sobre todo si son dentro de reservados, en los que vas con tus dos amiguitas y tampoco interactuas con nadie, ni ligas, ni ná de ná... Van estupendis, monisímas de la muerte a ...sacarse fotos de florecillas y zarcillos. Raro, raro, raro.
En la misma calle, vemos un sitio que tienen buena pinta y tiene unas fotos. Hay un portero en la puerta. "Sabu-sabu?", le pregunto. "Sí, me contesta, en el 7F". Es supercurioso lo de subirte al septimo piso a cenar, pero así son las cosas. Subimos y pedimos uno. Es un puchero en el que se hierven verduras variadas y carnes, en plan fondue, de forma que se va preparando una especie de caldo. Está buenísimo. Me encanta la comida japonesa. Es riquísima y variada, aparte de muy sana. Comemos estupendamente, por un momento creemos que nos van a meter en otro reservado. "No queremos reservados, queremos ver gente!!". Aunque al principio estamos solas en nuestra sala, luego va llegando mas gente. Una cena estupenda, hemos vuelto a tener ojo.
Volvemos dando un agradable paseo hasta Gion, pasamos de nuevo pro Shinbasi porque nos gusta.
Mañana es nuestro último día aquí y nos da mucha pena.
Es un viaje precioso, muy interesante y variado. Los japoneses nos han resultado muy agradables y nos hemos sentido superseguras en todas partes. Ademas la diferencia en las costumbres lo hace extraordinariamente divertido, por no hablar de lo rica que esta la comida (si te gusta experimentar, claro).
Se nos ha pasado volando.
Mañana veremos mejor nuestro barrio, pasearemos por jardines si el tiempo lo permite, buscando los cerezos en flor y saboreando el poco tiempo que nos queda en el paraiso de las flores y del tofu (lo odiaba y ahora me encanta).
Buenas noches!
Haiku del dia
En primavera
los cerezos esperan
todas sus flores




Adrián L. dijo
Honey,me parece todo interesante, por la novedad, por la diferencia, por la forma de contarlo...pero tengo la impresión de que ibas a aguantar ahí cuatro días una vez descubierta la diferencia y vistos los templos.
¡Este contacto humano madrileño!.Los bares y la música que no te deja hablar...
Te mando también un Haiku de aquí:
Cantan los mirlos
la claridad del alba
es primavera.
Hasta pronto
29 Marzo 2007 | 05:59 PM