Japon: alucinando en colores
Aqui estoy de nuevo, sentadita en los PCs del hotel, compartiendo mesa con el que parece ser otro bloguer, pero que escribe con la otra parte del teclado, esa que dando una tecla se convierte en japonés.
Antes de ayer cené con Nora. Nos vino a buscar al hotel y nos llevó a cenar a un restaurante de tempura. Aqui los restaurantes estan especializados; cuando son de tempura, sirven solo tempura, cuando son de sushi, sirven solo sushi y lo mismo cuando son de ramen o soba (lo que vulgarmente llamamos noodles, usando el termino ingles). Es otra particularidad más de cuantas estamos percibiendo por aquí (anuncio un post de percepciones próximamente).
Nora es encantadora, nos explica todo y hablamos de muchas cosas. Tiene un espíritu muy joven, es lo que más me llama la atención, eso y su generosidad para con los demás. Es una especie de espirítu protector de los españoles en Japón, una especie de internauta angel de la guarda, que les ha salido como salen los angeles de la guarda, sin merecerlos ni ser capaz de imaginarlos. Está deseando conocer a Nick Furia, hablamos del espíritu sensible que subyace al carácter épico y a la "Fuerza y honor". Nick, te quiere adoptar, que lo veo yo. Nos trae un regalito a cada una, unas flores preciosas y delicadas que fabrica ella con sus manos.
Despues nos tomamos un café y nos despedimos, sin ni siquiera una foto. Mi máquina se ha quedado sin bateria y la he tenido que dejar en el hotel. Lo siento Nick.
Después de una noche marcada por un jet-lag que nos mantiene con el ojo abierto a partir de las 4 de la mañana, nos despertamos muy temprano para ir al mercado de Tsukiji. No soy persona y me levanto con el ojo pegado, directa a comprarme un café para llevar con una magdalena. Tenemos que llegar temprano o "todo el pescado estará vendido". Cogemos nuestro tren (ya somos auténticas expertas en el transporte de Tokio) y llegamos al mercado. Lo primero que nos sorprende al llegar, son una especie de carricoches asesinos que se mueven por toda la lonja; una especie de vehiculos maxiarticulados, que parecen una cafetera atada a una carretilla, para llevar cajas del mercado. La parte superior es un volante redondo que manejan girando como lo hacen los caminones o los timones, y el vehiculo gira que da gusto, y acelera y se mete por todos los lados. Saco ese ojo que llevo de repuesto y me lo planto en el cogote para esquivar los que vienen.
El mercado tiene varios pabellones y nos dirigimos al de pescado. Alucinante. Variedades inmensas de pescados se disponen en multitud de puestos, cajas y viveros. Los pescados mas grandes, los pulpos mas simetricamente dispuestos, y los viveros con pescados variados conviven con mejillones gigantes y vieiras extralarge. Me lio a hacer fotos como loca. Tengo tropecientas fotos de pescados y atunes rojos gigantes, frescos o desecados o en salazon.
Vemos después una subasta de melones y compramos unos kiwis; la fruta es lo unico que echo de menos en la comida.
Paseamos después por los alredores y hacemos caso a un hombre mayor muy simpatico que nos invita a su puestecillo de sushi, donde nos desayunamos sushi de atún fresco del mercado a la vuelta, con té verde y arroz.
Cerca, cogemos un barco por la bahia hasta Asakusa, donde vamos a ver el templo Senso-ji, el templo más grande de Tokio y el más frecuentado. Está muy animado. Tiene el ambiente festivo que me gusta de los templos budistas. Alrededor, esta lleno de restaurancitos y tiendecitas de recuerdos. Nos metemos en un minibar de ramen y nos tomamos los del día.
Acabamos la tarde, rematando nuestro maltrecho cuerpo serrano en el parque de Ueno y en el Museo Nacional de Tokio.
Absolutamente rotas, nos planteamos el dilema de si plantar o no nuestro destrozado traserillo en el teatro Kabuki. Como somos así, acabamos el dia en el Kabuki, viendo un acto de una representacion en el gallinero. Venden entradas para un solo acto, porque las obras completas pueden durar mas de 4 horas seguidas.
Figuras extrañamente vestidas y pintadas hacen su aparición, suena el samisen con dos musicos sentados muy serios en una plataforma. Sale el personaje femenino -interpretado por un hombre hiperpintado y maquillado, por lo visto son toda un gremio muy conocido en Japón- y el masculino. Mis ojos empiezan a flaquear. De repente, noto que mi cabeza se da contra una barra que tengo atrás; me he quedado absolutamente sopa. Los abro y veo ejércitos como tipo Ninjas defendiendo a una especie de señor feudal. Cuando sale, el publico grita y vitorea, o eso creo yo que no entiendo nada. Me pongo dos palillos en los ojos y persevero en la tarea. Pero no, a partir de este día el teatro Kabuki-za se ha convertido en mi lugar preferido para echar la siesta en Tokio.
La pieza se llamaba "Sushi bar", asi que para hacer los honores, acabamos en uno estupendo, lleno de oficineros y con mucho ambiente. Pedimos y acabamos hablando con unas chicas, porque nos sentamos en la barra. Les pregunto qué beben y me ofrecen una copa. "Es sake, lo quieres caliente o frio" me preguntan. "Como vosotras lo bebáis", les digo. Me sirven un vaso caliente de sake rebajado con agua, que no me gusta nada a palo seco. Seguro que está mejor acompañando la comida. En intercambio les damos unas botellitas de aceite de oliva y de brandy que llevamos para regalar en estos casos. Mira al brandy y dice "Thank you, I like alcohol!".
Por fin llegamos al hotel a dormir como posesas.
Hoy, ya somos persona - el maldito jet-lag parece superado-. Hemos pasado el dia en Kamakura, un pueblo a una hora de Tokio lleno de templos y con mucho ambiente. Hoy es un dia festivo aqui y hay muchos turistas locales en Kamakura. Me encanta todo, el buen rollito que me dan los templos budistas, con sus esterillas, sus jardines japoneses, sus budas con cara de buenos y el ambiente festivo que rodea todo el recinto.
Paseamos de uno a otro, callejeamos por callejuelas llenas de tiendas monisímas de regalos y productos artesanales. Venden encurtidos de vegetales, ceramica y regalos diversos. Está lleno de cafes y restaurantes. Es una monada. Llegamos tarde a ver un Buda gigante, porque nos tomamos el dia de relax, nos paramos cuando nos apetece, comemos unos soba en un sitio donde los hacen artesanalmente y que es ideal (ademas hay que comer descalzo y asi descansan nuestros piececillos).
Y me convierto en una especie de reportera grafica de una boda que hay en uno de los templos. Tambien es de un occidental y de una japonesa, vemos bastantes parejas hombre occidental con mujer japonesa, pero ninguna a la inversa. La verdad es que ellas son monisimas; lo que estoy aprendiendo!...cuando vuelva voy a ser mas fina, mas señorita y más delicada que nadie, tomando apuntes estoy!. Ella es guapísima y lleva un kimono precioso. Estoy a punto de venderles el album cuando salen del templo, porque les he hecho un reportaje enorme. Al principio me daba corte, pero luego me he dado cuenta de que no solo todo el mundo hacia fotos, sino de que ellos posaban. Esto acaba una vez mas con la bateria de mi camara. (la cursiva es para señalar que este parrafo lo he anadido nuevo, se me habia olvidado).
Un día muy agradable. Terminamos cogiendo el tren de vuelta y parando en Shibuya a cenar. Como todos estos barrios agitados, esta lleno de gente, los neones iluminan la ciudad y las pantallas gigantes hipnotizan a los viandantes que van con sus mejores galas. Las chicas llevan unos tacones de muerte y ellos se atusan el pelo para que no se descoloque su "marcado" mientras posan como estrellas del rock. Me llama la atención lo poco que se miran. Parece que hay que ponerse un láser en el cogote para llamar la atención. El mundo es transparente porque tiene tantas luces que no se ve absolutamente nada.
Nuestro olfato de madrileñas, nos lleva a un restaurancito de "Yakitori". Tomamos unos pinchitos yakitori, acompañados de ensalada de tomate (a la que echamos sal y otra botellita de aceite de oliva para darle un poco de gracia, y tener un poco de grasa en nuestra dieta que nos vamos a quedar deslavadas...) y una buena cerveza.
Interactuamos un poco con una panda de chicas "divine" que estan sentadas detras nuestro. Se han quitado sus tacones de vértigo y están hechas un burruño igual que nosotras sentadas en un cojín.
Una vez acabado de cenar, salimos a la luz, nunca mejor dicho. Ahora entiendo, lo que se venden las gafotas Dolce & Gabana o Versace, para ser utilizadas a todas horas, incluso por la noche.
Las calles estan animadísimas. Hay gente para aburrir. Superpoblación a todas horas. Pero son tan educados, que se convive muy bien. Es muy agradable. Son limpísimos y educadísimos; un gusto.
Ya en el hotel, hago un esfuerzo enorme por escribir una crónica que me va a quitar unas cuantas horas de sueno. Manaña a las 8 tren a Nikko, a ver mas templos y a sorprendernos de mas cosas.
Besos a todos !!!
Haiku del dia
Neones brillan
se me oculta la luna
tras las bombillas.







poedia dijo
Qué maravilla de crónica, qué detallada y qué todo. Me alegro mucho que lo estéis disfrutando tanto. Y que siga, claro.
Estoy verde de envidia... jeje. Un besote.
21 Marzo 2007 | 04:25 PM