Vaga y abducida por el sofá
Estoy bajo los efectos secundarios de una semana de trabajo y agonía, una semana de carreras para hacer lo que me gusta y de total agotamiento para llegar a hacerlo.
Una semana de actividad y dolores de cabeza, de lluvia y viento, de sol y nubes de pólenes de cupresáceas.
Ayer quería dormir, hoy quería dormir. Ayer tenía una cena, hoy tengo un concierto.
Hoy madrugo para que recauchuten mi cuellecillo de jirafa desvencijada, y me descubren un punto filipino al que presionar para quitarme el dolor de cabeza.
Duermo la siesta y no es suficiente. Mi respiración está agitada, con esa pesadez escocida que me producen los primeros síntomas de asma.
Ayer fui a una cena. Agradable reunión con mis compañeros de baile. Me dan de comer, me dan de reir. Y...me dan de cantar.
Sacan la maldita play, para jugar al karaoke que me asfixia. La gente saca una fuerza en la voz para mí imposible. Yo me ahogo, me agoto, me mareo. No sé cantar y, lo que es peor, no sé hablar. Tengo que aprender a hablar. No sé cómo aprender a hablar. No sé dónde demonios está el maldito diafragma; ese que hay que sacar para no agotarse cuando se habla, el abdomen que se hincha antes de emitir sonidos, claros y nítidos. Los míos son roncos y huecos, apagados con una sordina interna que impide que nadie me oiga.
Me agoto, me mareo. Me voy a casa para poder madrugar y reposar mi cuerpecillo maltrecho.
Hoy tengo un concierto. Me escuece la garganta, me escuece el pecho. Pienso en el humo que rasca mi garganta, pienso en los gritos que tendré que dar para que me escuchen. Gritos desde mis pulmones y mi garganta. Gritos buscadores de un diafragma inexistente, de un abdomen esculpido con abdominales que no me sirve para nada.
Quiero ser la Castafiore, gorda y nariguda, pero con una voz clara y cristalina de tebeo. Quiero ser la Castafiore y cantar "Oh me rio, de verme tan bella en este espejo" y que todo el mundo me oiga, todo el mundo mire a ese espejo de mi cuerpo y de mi alma, sin tener que gritar con mi voz ronca y agotadora.
Y me abduce el sofá, y me quedo en casa en silencio.





Miss Calamar dijo
Joder, Honey, no sabes cómo te entiendo. Yo anoche fui a un concierto, y estuvo muy bien, y no canté ni grité porque no me sabía las canciones. Pero aunque lo pasé bien me siento afónica, como tú cuentas, y en lugar de aprender a hablar quiero aprender a callar.
Besitos de domingo raro.
18 Febrero 2007 | 04:04 PM