Despejado en las alturas
Era un fin de año, de hace mil años, en una de esas fiestas multitudinarias en las que te pasabas la mitad del tiempo en la cola del guardarropa y la otra mitad en la cola de la barra, a un módico altísimo precio de retrasado mental.
Eran tiempos de hormonas revueltas, exaltación de la amistad incondicional y risas infinitas. Tiempos de locurillas de niñas y travesuras adolescentes.
Allí estaba con mi panda de 10, con mis diez magníficas envueltas en celofán de tela de doce uvas. Eramos diez sin computar,diez por costumbre y numerología. Como los dúos, los tríos, los quintetos...éramos las diez para dividir la cuenta, para hacer fondo para regalos, para comprar entradas para lo que fuera.
Y...aprovechamos el tiempo. Las dos horas entre la cola de dejar el abrigo y la de las copas se convirtió en una especie de cadena antisequía, una especie de noria de agua en la que las copas circulaban para apagar la sed de unas adolescentes dispuestas a reir y bailar, a sacar punta a todo y a ligarse a cuanto bicho viviente pasase por su lado.
Llegué al piso de abajo, donde montamos campamento. Allí le ví. Desde las alturas vi un chico guapo con pelo rizado, ojos a la altura de el último pelo de la siguiente persona más alta de cuantas se interponían como obstáculos visuales en nuestro camino. Y le miré, y me miró. Y pasó el tiempo, y bailé, y reí, y bromeé con mis amigas, y nos emborrachamos y las vomitonas corrían chorreando cual cataratas entre cuerpos que se abrazaban. Y todo el mundo se emparejaba. Y allí sus ojos. Y allí los míos.
De pronto veo que sus ojos desvían su atención a la meseta, dejan las nubes y el cielo despejado que me permitía su conexión. Y detecto un nubarrón; detecto unos besos inesperados. "No puede ser, está con otra", me digo.
Enfadada por la traición y sin pensar, hago un gesto visual, giro mis pupilas a la izquierda en un gesto de “ven aquí ahora mismo, pero qué es esto ” . A los dos minutos le tengo a mi lado, me coge de la mano y me lleva al cuarto de baño de los chicos. Un cuarto de baño de fiesta de fin de año a altas horas. Nos besamos sin parar, sin tregua durante unos eternos … diez minutos?.
Pasado el apretón nos despedimos y se marchó con su querida novia, ajena al tiempo despejado en las alturas.





lamazmorradelandroide dijo
NO!!!
Por qué me cuentas esto ahora?!!!
Qué cruz, por dios...
Fuerza y honor.
8 Febrero 2007 | 11:48