Play-back
Ayer se celebró otro año más, la famosísima fiesta Play-Back. Mundialmente conocida por su creatividad y buen humor, por la locura de sus participantes y por la revolución del nada glamouroso barrio de Aluche.
Hasta allí fue un teutón, Tina Turner con sus “Private dancer” de guante blanco y pelo cardado, una “Lady, Lady, Lady” de peluca imposible y retrato de Aznar pegado al pecho soñando con que “algún día él volverá…”. Una Sabrina hiper-sexy con unos huevos más grandes que el toro de Osborne, se marcó un strip-tease chapoteando en una piscina hinchable rellena de confeti al son de “Boys, boys, boys” con los hetero enardecidos cual bar de camioneros con Salma Hayek con serpiente entre las piernas.
Hubo mexicanos con sombreros y sementales vestidos como “el zorro” que repartían por todo el local, retratos de bebés que se parecían a Cocoliso el hijo de Popeye como muestra legendaria de la virilidad y rapidez de su travieso semen, aunque en realidad estaba enamorado del guitarrista. Interpretaciones teatrales magistrales buscando un “Whisky bar” por Alabama con todo tipo de estilos musicales y secuencias. Las “Pipettes” aparecían perfectamente conjuntadas textil y coreográficamente, mientras unos Leonardos Dantes hacían una oda “Al miembro viril” y sus múltiples nombres, como ninjas con cinta al pelo y pollas-cohete pegadas al pecho, muestra sin par de la coordinación de unos amigos de toda la vida de colegio de curas – qué peligro!- . Pensábamos que ya lo habíamos visto todo, cuando llegó el rollo flamenco-choni con rulo y tetas postizas que no puede faltar en toda celebración que se precie. Y andábamos desprevenidos cuando una profesional pareja de raperos se marcó un baile funkero con efectos especiales de humo-Aplauso y tubo fluorescente de neón naranja a modo de espada láser de bar peligroso y oscuro. Después de esto, pensé que nadie más iba a osar a asomar la nariz por el escenario, “qué nivel Maribel”, pensé, aquí ya no se sube ni Dios. Pero sí, allá se presentaron Soraya y Busta con la canción de “Brindo Poyella” patrocinado por las clínicas Vitaldent, ella con un corrector dental enganchador de labio superior, y el con una especie de pasta blanca formando esa dentadura nuclear tan espantosa. No podían aguantar ni ellos la risa y se hablaba de la exclusiva que supuso ese juntar de trabajos de odontólogo fundidos en un beso de tornillo triunfal (“además tienen una hija”, se rumoreaba entre las fans…).
Todas estas actuaciones se sucedían mientras yo seguía aposentada en una columna de reportera gráfica, con el sinsabor de no participar en tan divertido evento, con el regusto amargo de ser una amiga lateral, una vieja conocida presente y distante, cual palo de escoba sonriente, cual jirafilla muda y transparente. Siempre que los veo, vuelvo con la misma sensación de frustración de no haberme dado a conocer, una vez más.
Supongo que siempre me ha sucedido con aquellos a los que de alguna forma quiero caer bien, con los que admiro por algo, o me gustan por algo. Solo consigo ser yo misma, con quien no me importa o con quien tengo confianza o me aporta una sensación de calidez desde el minuto uno. Pensaba que lo tenía superado, que había conseguido que mi yo estuviese siempre presente, pero me doy cuenta de que no, de que a veces sigo siendo una burbuja ambulante.
En este caso, supongo que es la admiración por la creatividad del grupo, por la poca ortodoxia de su vida y propuestas, lo que me provoca ese efecto bola de cristal. Esa sensación de timidez adolescente, que me provoca el mutismo más absoluto, que me borra mi mente activa, dejándola de un blanco insulso, camaleónico y me convierte en un bicho palo que se hace bola cuando no sabe qué decir.
Y me voy en la primera remesa, con unos amigos que tienen dos críos y tienen que recogerse pronto. “La vida moderna no está hecha para tener hijos” dice él, pensando en la resaca de mañana. “Es que sois los marcianos del club de los más marcianos” le digo yo, pensando en mis antenitas siempre escondidas y hoy insuficientes ante semejante despliegue de satélites meteosat y azoteas llenas, llenitas de radioaficionados y parabólicas. “Soy una de vosotros” quiero gritar, pero mi afonía me lo impide y mis antenas se esconden bajo mi nuevo corte de pelo.


maria dijo
Genial la crónica, mucho mejor que la que se te perdió anoche. No escondas tus antenitas, no te hagas bola, sal el insecto palo ya!
Pero hagas lo que hagas, no dejes de contarlo.
He de entender por nuevo corte de pelo el rapado al cero??
Besitos, guapa.
:)
4 Febrero 2007 | 11:46 PM