Jaisalmer

Estoy en casa, con la tele puesta en canal Viajar, la lavadora a tope en pleno centrifugado, y el portátil encima de mi mesa acristalada frente a una orquidea sin flores.
Aquí estoy en pleno Madrid por fin a salvo de la posibilidad de que un caza, un harrier, o como quiera que se llamen estos curiosos "medios de transporte" me invada mi espacio vital y me despierte con un croissant por la mañana en el día de las fuerzas armadas.
Y en tan terrenal momento me ponen un documental de Jaisalmer, ciudad india fortificada, la ciudad dorada de las mil y una noches. De pronto, me teletransporto a sus calles sucias y estrechas, llenas de vacas y cerdos, a sus palacios con celosias para las majaranís encerradas, a sus crematorios y lagos, a sus templos jainistas de relieves maravillosos, a su desierto del Tar, a su anochecer iluminado.
De pronto recuerdo la tienda de Ali Babá con anillos, pulseras, pendientes a granel, como lonja de pescado, como posesas en búsqueda del tesoro más preciado, enardecidas, poseídas, tiradas en un colchón kilométrico, en el suelo, nadando en baratijas.
Y recuerdo mi última cena mirando la muralla en una azotea, en una noche de luna fabulosa, la ciudad al fondo como un decorado de ficción. Mi última cena en India, después dejé de comer.
Un pitido me hace volver a la realidad. Me marcho a tender la lavadora.

Rosario dijo
Es para teletransportarse... Me encantaría visitar un lugar asi...
13 Octubre 2006 | 02:48 AM