Capotilla en Madrid

Ayer volví a verle; yo iba alienada, enajenada con cara de acelga, gris, insulsa, con el ojo pegado y el cerebro en off, cuando una capotita roja con espejuelos deslumbró al neón y giró con garbo el torno del glamouroso metro de Chueca.
Tengo visiones pensé, el universo "capota" se ha colado en mi mente y ha calado en mi subconsciente haciendo que ahora los vea por todas partes.
Un capota en el metro, no puede ser, es como un pez fuera del mar, un bufandero sin campo de fútbol, un ángel sin alas, un pingüino en el desierto, una isla sin Robinson (parafraseando a Sabina). Pero allí estaba, con sus pantaloncillos de colores, su andar desgarbado y su mirada despistada.
El sábado también lo ví, iba deambulando por el Reina Sofia, cuando una visión familiar se me hizo presente a contraluz, perfil capota, me dije. Y allí estaba con sus cuadros de colores expuestos en una feria de arte en la plaza. Con esos cuadros que estuvieron todo el verano apoyados en un chiringuito playero, dando sombra a cuantos perrillos se acercasen, con tal acogida que los animalillos asimilaban semejante despliegue de color con arbolitos donde dejar su rastro...Y allí estaban los cuadros, expuestos a 100 metros del Guernica, a un piso de todos los Zóbel y Sauras cuyas réplicas adornan oficinas y agencias de viaje.
Con todo su salitre, con todo el lustre que da el tiempo a la intemperie, con todo el sol tomado sin crema a la sombra de un paragüas roto de payaso.
Pero allí llegó nuestro Capota, a las puertas del Reina Sofía, unas puertas que violó una vez Nouvel para quedarse dentro y ampliar su capacidad a bibliotecas y cafeterias fashion. Me imagino a nuestro Capota en la frialdad de un espacio alto y caro dispuesto a tomar un café pagado con las ganancias de las ventas de estos cuadros personales y vigorosos, cuadros que se van de vacaciones 15 días como yo. Y vuelven en la maleta sustituyendo modelitos y bikinis.
Me imagino su maleta: lienzos y una capota.El frío lo quita el sol.

mis gafas no son de mi abuelo dijo
¿Hubo intercambio de palabras con el fantasma de capota espejuelada? Tuvo que ser un momento cuando menos raro...Una aglutinación de imágenes, olores, sabores...En fin, es más que cierto eso de que el mundo es "un pañuelo" (o un cleenex, para los más pragmáticos).
Un beso,
Gafitas
7 Octubre 2006 | 03:51 PM