Al borde de Europa
Y me vine al sur a recomponer mis piezas, corazón oxidado, piernas de porcelana, nervios de acero, todo un cuerpo por reconstruir, toda una esencia por reencontrar.
Y huí de Europa y me vine al borde, como dudosa antes de saltar de esta locura occidental y bajarme de esta rueda sin sentido, de esta actividad frénetica sin rumbo en el que el metal se ha convertido en único dictador. Un dictador que me arrastra y al que no respeto lo más mínimo.
Como revolucionaria, cogí mis bultos y me fui lejos de allí, seguí la estela del alma, el clamor de mi corazón y recaí al borde de Europa, donde todo es simple, donde todo es sol, donde todo es viento.
Y el viento se llevó el nervio y el correr y el insomnio, y el viento se llevó las prisas, los tentempiés y las noches en vela. Y me trajo a mí, y las ganas, y la paz, y el sueño y el hambre y el deseo de sentir, y el deseo de correr, andar, nadar, gritar, amar, y el horizonte azul y la silueta africana y el gazpacho, y el atún y el heladito, el flamenco a la luz de la luna y el sonido del mar.
Y tenía tanto que llevar que el viento se rebeló, se volvió bravo, loco, enfurecido, y se lo llevó todo y levantó la arena y formó un ciclón, y el mar se transformó en ducha, levantada a contrapié, como las piedras planas que se tiran en los rios, pero a lo grande. El levante desató una revuelta, levantó las basuras por los aires, los toldos los desencajó, los barcos llegaron a Africa rápidamente y a las pateras las paró.
Y yo me asomo al borde de Europa y veo el Mar, y la hierbabuena, y el sol. Veo el viento, el sueño, el alma y, sobre todo, me veo yo.
Todo lo que no soy yo, todo eso, el viento se lo llevó.
Escrito una noche de levante desde Zahara de los Atunes, sola cual naúfraga, en búsqueda de mi esencia.

Rosario dijo
Buen lugar para encontrarse una misma. El viento no perdona, se lleva todo y sólo queda lo escencial. En este momento, Zahara es mi lugar. Allà te esperamos cuando quieras...
9 Julio 2006 | 01:19 AM