Vistas sobre Birmania: en barco por el Irawady
De madrugada, con ese cansancio aturdido que da la falta de sueño, embarcamos a recorrer el Irawady.
Subiendo la pasarela de madera con esfuerzo me adelantaron multitud de birmanos, fibrosos, flacos y con sacos pesadísimos a sus espaldas.
Una música extraña invade el ambiente, olores difíciles de identificar cuajan la atmósfera, y una actividad frenética invade los minutos anteriores a la partida.
En cubierta mujeres jóvenes, mayores, algunos hombres, niños y muchos monjes están sentados pacíficamente con todo su equipaje: sacos de mangos, telas y el abituallamiento para el viaje.
Todos tienen ojos grandes y expresivos y todos miran en una dirección: la nuestra.
Poco después conseguimos arrancar alguna sonrisa a esas caras agradables y guiños cómplices a esos bonitos ojos.
El trayecto de 14 horas consiguió convertirnos en seres normales, en parte del mobiliario. Sólo encuentros en cada parada amenizaron nuestro viaje por el Irawady, un viaje que permanecerá en mi memoria como un plácido recorrido por otro tiempo.
