Señorita Honeychurch http://srtahoneychurch.lacoctelera.net 2012-05-25T23:47:39Z Honey Homenajes http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/05/25/homenajes 2012-05-25T23:47:39Z Señorita Honeychurch Interrumpo este silencio, porque hoy necesito escribir. Me dicen que tengo que dejar este blog, la casa de Honey, este person... <p>Interrumpo este silencio, porque hoy necesito escribir. Me dicen que tengo que dejar este blog, la casa de Honey, este personaje peculiar, un alterego neurótico y sensiblón que parece debo ir abandonando. Mi hermano, dice que no me viene bien, que me recreo en mis pensamientos demasiado y los analizo hasta la extenuación, en una especie de actividad egocéntrica introspectiva que no me viene bien. Que lo que me viene bien está en el exterior.</p> <p>Le escucho y pienso que tiene razón. Pero cuando la necesidad de escribir aparece, no puedo evitar volver. Volcar emociones en esta casa de vivencias. Igual es una mala costumbre. De esas que se pueden dejar poco a poco o de sopetón con una de esas terapias de choque que no tenga marcha atrás. Un post que diga "Adiós" y fin de la historia.</p> <p>Hoy es un día de recaída. Vengo de mi colegio, y al decirlo así me siento volviendo a la más tierna infancia. A esa adolescencia en flor en la que habitaba en un sin fin de inseguridades y esperanzas. En la que descubría de forma clara amores que me iban a acompañar. Amores al arte, a la literatura a esta pseudo-afición a escribir. Ha sido un día de homenaje. Homenaje al maestro, a mi eterno profesor de lengua y literatura. A la persona que siempre transmitió pasión, ilusión y esperanza en cada letra, en cada contenido de los libros que nos hizo leer, incluido el Quijote. Un Quijote, que es para siempre también mío, porque lo disfruté maravillada.</p> <p>De modales castellanos viejos, y una sencillez austera, las clases se evaporaban en un aire de sueños interrumpido por una sirena. Eran años de descubrimiento; de primeros poemas, de cartas de amor cursis, de comentarios de texto en las que conseguía sacar relaciones de lo más peregrinas. Eran tiempos de exámenes largos que se volvían catárticos, en los que entraba en una especie de trance inspiratorio sin poder parar de escribir. Mientras los folios se agolpaban en una letra de poseída, el comedor convertido en sala de exámenes rezumaba olor a lejía y tortilla de patata. Tintineaban los vasos y los cubiertos, mientras pedía otro folio, enardecida por las mil ideas que se me agolpaban en la cabeza y a mi bolígrafo no le daba tiempo a escribir. Allí empezó mi verborrea. Siempre me he preguntado si, de verdad, era capaz de leer esos rollo gigantescos. Me encantaría leer alguno. No recuerdo lo que ponía, si la sensación de entrar en una especie de espiral solo parecida a lo que me sucede cuando vomito en este blog; llena de emociones e ideas que surten como si de una erupción volcánica se tratara.</p> <p>D. Ignacio siempre me animó a escribir, siempre nos enseñó a mirar más allá de lo evidente. A analizar y buscar relaciones universales, que son las que de verdad valen en la vida. Y esa enseñanza me acompañará siempre. Ese placer que siento con cada libro, con cada sesión del Club de Lectura al que asisto, con cada poemilla intranscendente que brota solo de mí, con cada obra de teatro acompañada de un buen texto. Porque eso sí, me ha hecho ser un poco sibarita con los textos.</p> <p>Y cuando vuelvo a atrás, siempre recuerdo la parábola de los talentos, siempre creí que tuve un don natural para expresarme por escrito, una sensibilidad más profunda de lo habitual, pero siempre siento que no he dado frutos, que lo tuve todo para darlos; predisposición, el mejor maestro imaginable pero algo me faltó. O me sobró.</p> <p>Después de su homenaje, vuelvo a saber que no le tenía idealizado. Después de escuchar su texto, lleno de sensibilidad, conocimiento y sabiduría, vuelvo a entender el cariño y el agradecimiento que siento hacia este maestro. Porque fue maestro de lengua, de literatura, y del saber universal. De ese que Cervantes conocía como nadie y el consiguió transmitir hasta convertir los insultos de  "malandrín" y "bellaco" en todo un clásico de mi época adolescente. Algo que ahora daría mucha risa.</p> <p>Llevo una semana de homenajes y reencuentros. Ayer con Nuria Espert, la dama del teatro, aquella que me enamoró para siempre en su Yerma de los años ochenta, la misma época que D. Ignacio abría mentes y almas a las palabras.</p> <p>Y ya en casa, sola, rodeada de libros y recuerdos de viajes, no hago más que pensar: Qué suerte!.</p> Meditando sin pensar http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/04/30/meditando-sin-pensar 2012-04-30T14:11:29Z Señorita Honeychurch Hoy me siento en la obligación de que desaparezca de la primera página de este blog el "En Londres con palillos" que lleva ... <p>Hoy me siento en la obligación de que desaparezca de la primera página de este blog el "En Londres con palillos" que lleva ya demasiado tiempo. Nor me dijo esta semana que se lo debía a mi público. Que o bien anticipaba mi ausencia como en otra ocasión o que sino debía ir proporcionando pequeños bocados, lo suficientemente sustanciosos para ir alimentando a quienes me siguen. Pocos pero fieles. La mayoría desconocidos para mí. Me encantaría saber quienes son en alguna ocasión, aunque me basta con su generosa presencia.</p> <p>Necesitaba descansar. Física y mentalmente. Algunas reticencias a la soledad, me hacían dudar de si venirme sola a la playa podía ser contraproducente, desembocar en un deterioro mayor de un estado de ánimo bamboleante. Lo cierto es que me está sentando genial. Aquí estoy sentada con el ordenador sobre mis piernas, con un pijama a medio poner, sobre una hamaca. El Montgó frente a mí, naranjos en flor con un olor a azahar que quizá sea el mejor del mundo y un cielo cambiante de nubes algodonosas que hacen suceder una cálida temperatura o un sol radiante. Ayer me quemé con esta sucesión de soles y nubes tan errática.</p> <p>Me encanta esta atalaya, de hecho se me puede pasar el día sin bajar. De pronto darme cuenta de que debería darme un paseo por la playa o entre naranjos o saludar al sol sobre esta esterilla naranja que me acompaña en los estiramientos de mi cuerpo pringoso de crema solar.</p> <p>Mi puente solitario se ha convertido en algo de lo más social. Un viernes de despedida madrileña fabuloso, presagiaba una tranquilidad extrema. Recién llegada, una comida y una cena el mismo día ya hacen trasnochar a este cuerpo de resaca. Mi tranquilidad solitaria de ayer, la cambié por un chateo de unas...cinco horas.  Todavía no puedo entender como se puede estar chateando tanto tiempo con alguien que no has visto jamás. Pero así fue. Otro trasnoche para este cuerpecillo que necesitaba regular horarios y funcionamientos orgánicos. Pero me ha sentado bien. Atrás ha quedado el pensamiento obsesivo, se lo llevó el mar, el cansancio numérico y laboral, hubo un viento que lo arrastró hacia la lejanía, las decisiones pendientes, ahí siguen pero de una manera más cálida, más comprensiva. Como si al no escandalizar a desconocidos humanizase mi propia esencia.</p> <p>Y es que he llegado a la conclusión de que lo que me pasa es de lo más humano. De hecho, seguramente sea un síntoma de salud física y emocional. De pureza anímica no cuajada de odios y desconfianzas permanentes. Porque querer ser madre, ha de denotar ante todo un cierto optimismo. Yo que siempre me quejo de mi deterioro anímico que me hace ver negatividades varias. En el fondo, he de ser una optimista vital, para querer cuidar a alguien de forma generosa, enseñarle lo bueno de la vida, las cosas interesantes o que a mi me apasionan. Conseguir que comparta ese interés que siempre he tenido yo por las cosas; por cada cultura, por cada país que he visitado, por cada gente, por cada tendencia artística, por cada libro, por cada sabor. Y eso me hace reconectarme con mi esencia. Con mi yo que ha estado escondido bajo un manto de hojarasca quemada, de troncos secos por el miedo y por la duda.</p> <p>Empiezo a sacudirme la ceniza para resurgir, como siempre he sido yo; vital, activa y llena de intereses.</p> <p>Al final va a resultar que la palabra meditación tiene una connotación mucho más polisémica de la que sugiere: Al meditar occidental que consiste en pensar las cosas sucede uno mucho más sabio, la meditación del no-pensar, de visualizarse sin implicación, de guiarse por la intuición y el olfato. Buscando ese relajo del que no se tortura con el pensamiento, del que se acepta con condescendencia, del que se deja de obligar.</p> <p>Aqui me hallo; desnuda, serena e intentando no torturarme mimándome con cada rayo de sol, cada brisa y con cada naranja fuera de temporada.</p> En Londres con palillos http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/03/31/en-londres-con-palillos 2012-03-31T11:50:06Z Señorita Honeychurch Por fin en mi hogar. Dispuesta a entregarme a un día de relax. En un rato una clase de yoga, que por fin haga estirar y pone... <p>Por fin en mi hogar. Dispuesta a entregarme a un día de relax. En un rato una clase de yoga, que por fin haga estirar y poner a prueba mi cuerpo encogido a base de aviones, horas de reuniones y tensión. Después iré a uno de esos lugares en los que te miman a base de afeites, masajes y aromas maravillosos. Es posible que si fuera hombre me fuera de putas, puesto que pago por estos mimos que nadie me otorga de gratis.</p> <p>Tras café con amiga y unas pequeñas compras tengo un cumpleaños que me apetece mucho. Mi amigo Lars al que tengo un cariño especial; por majo, por cariñoso y por interesante. Y por acogerme en esta pandilla de gente estupenda e inquieta. Activa y optimista. Justo lo que necesito yo, que cada día me veo más extraña y poco al uso, alejándome de mi grupo tradicional, en el que encuentro poca química y comprensión.</p> <p>Londres transcurrió como es esta ciudad. Excitante, llena de anécdotas y poniéndote siempre al filo de la navaja. Interesante ejercicio para promover reflexiones laborales. Como me hubiera gustado trabajar unos años aquí de jovenzuela. Porque para esta ciudad hay que ser joven y lleno de energías. Asumir que eres uno entre unos cuantos millones y que todo el mundo va a ignorar tu presencia con exquisita educación británica exasperante.</p> <p>En el vuelo de ida tuve una anécdota graciosa. Nos encontramos con un viejo conocido de estos mundos financieros. Alguien con el que trabajamos de vez en cuando. Un aristócrata de muy alta cuna, cuyo nombre no quiero desvelar, porque ni soy imprudente ni quiero fomentar el cotilleo. El caso es que estaba agotado. Ultimo vuelo a Londres. Llegar tarde y listo para madrugar al día siguiente. Siempre es una paliza. El bromeaba diciendo que le habían mandado a un hotel deprimente en Canary Wharf, zona donde reside mucha de la banca de inversión que tan buena prensa tiene -ganada a pulso- . Qué menos mal que no se abrían las ventanas porque era para tirarse. Bromeaba diciendo que no sabía si dormir mejor en Buckingham, donde seguro le hacían hueco, riéndose de su propia condición de pura sangre, mencionando también a otra parentela de la alta alcurnia. Simpática anécdota de un tipo educadísimo que solo por su presencia dirías que se transparenta el color azul de la sangre de sus venas. Hablaba de los años que llevaba con su mujer, del agotamiento, del room-service, de la incapacidad de cenar en solitario, y del inicio de su calvicie. Todo con gran humor mientras yo le miraba divertida, antes de despedirnos con dos besos mientras se quejaba de que no le hubieran invitado a la conferencia a la que nosotros íbamos. Y es que el ir y venir a Londres crea una especie de club de los extenuados, que ni la sangre azul puede separar.</p> <p>El día siguiente transcurrió como era de esperar; reunión tras reunión, bocatas variados en esa comida rápida inglesa en la que son maestros y que te llena el buche de un sin fin de porquerías cuyo contenido desconoces con exactitud. Un par de fallos hicieron el día más liviano. Pararon la sucesión de inversores en esa especie de speed dating de preguntas comprometidas.</p> <p>Cuando terminó el evento, zapatillas de deporte y un gran paseo por Hyde Park, en un día maravilloso. Abandonando esa cárcel de oro en la que estábamos metidos. Sintiéndonos un poco más libres caminando por el cesped y no por los caminos estipulados, como si nos faltara oxígeno y nos dieran ganas de correr descalzos y medio desnudos. Partidos de fútbol, entrenamientos variados, adolescentes y universitarios pelando la pava recostados en ese césped frondoso a base de lluvias inglesas. Qué maravilla de parque. La puesta de sol sobre un estanque rodeado de árboles era preciosa. Justo un chiringuito hacía buscar una cerveza para disfrutarla como merecido descanso del guerrero. Pero cerraba a las siete de la tarde, extraños horarios éstos siempre incomprensibles.</p> <p>Después de dejar a mi jefe en el hotel, separamos nuestros caminos. El tenía cena y yo libertad para recorrer Londres durante un rato. Un recepcionista del hotel me había dado la dirección de un restaurante japonés. Le pregunté por uno sencillo, sin glamour pero comida rica. No me mandes a Nobu que quiero algo sencillo, le dije. Y caminé por Piccadilly Street hasta su plaza y seguí por el Soho dándome un paseo hasta llegar al restaurante. Y Londres estaba "on fire"; todo el mundo fuera, con su cerveza, son sus mangas cortas y con esos tacones imposibles de zapato malo que roza el talón desprotegido por la ausencia de medias, esa prenda incomprensiblemente en desuso por las inglesas. Y allí acabé, en un restaurante japonés super-sencillo, tomándome una Asahi (mi cerveza japonesa preferida), una sopa miso y una caja bento a base de anguila y sushis variados. En solitario, en una ciudad en la que sientes que eres un solitario más y nadie te percibe.</p> <p>Camino de vuelta prolongué el paseo. Intentando perderme un poco. Algo que me encanta cuando estoy fuera. Orientarme en la dirección y luego ir sin mapa hasta perderme un poco otra vez mientras curioseo, cada tienda curiosa - aunque todas cerradas- de sombreros, de trajes y zapatos a medida, esas tiendas inglesas tan bonitas. Reparo en una de puros, toda de madera, preciosa, y me acuerdo de alguien dándome mucha pena. Hago una foto del escaparate para mandársela. Pero decido que no merece la pena.</p> <p>Tras una largo paseo caigo en mi cama gigante. Otro lugar, otra cama, otro espacio maravilloso disfrutado en solitario.</p> <p>Ayer más reuniones y vuelta a Madrid. Un despiste casi nos hace perder el avión. Pero todo salió bien, finalmente.</p> <p>Y aquí estoy hoy. Bien dormida, bien desayunada e iniciando un proceso de recuperación de estreses varios. Espero que la Semana Santa me recupere del todo.</p> <p>Sol y buenos planes. Modo recovery "ON".</p> Marrakech http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/03/27/marrakech 2012-03-27T22:56:07Z Señorita Honeychurch Llegué mustia y preocupada. Con alarmas disparadas, desazón y pocas ganas. Siguiendo aquí más que allí, desconexiones d... <p>Llegué mustia y preocupada. Con alarmas disparadas, desazón y pocas ganas.</p> <p>Siguiendo aquí más que allí, desconexiones de vieja que cada día cuestan más.</p> <p>Otro mundo tan cerca. Tan familiar y a la vez extraño. Llegamos a esa plaza que no es plaza.</p> <p>A esa explanada gigantesca donde todo sucede cada día.</p> <p>Y nos pasaron motos, carricoches y borricos. Y nos llevaron la maleta en carretilla, por esas calles estrechas dedicadas a la venta. Dulces, carne, baratijas, babuchas y sujetadores. El puesto de sujetadores era todo un éxito. Como primer día de rebajas, las mujeres con sus cabezas cubiertas se agolpaban mirando tallas de sujetadores push-up de mil colores. Apunto estuve yo, de unirme al club, rescatando colores y tallajes que se esconden tras un Caftán, una chilaba o unos vaqueros ajustados. Variedad de vestuario y convivencia en grados de tolerancia y práctica.</p> <p>Y tras superar una calle bulliciosa, loca, como prueba de videojuego, obtuvimos nuestro premio. Girar a la derecha por esa calle estrecha y pacífica. Portezuela que se abre y deja ver una mezquita para nosotros prohibida en cuya puerta cada noche duerme un hombre. Acurrucado, poseedor de nada.</p> <p>Una bonita puerta señala nuestro riad, un remanso de paz y de calma. Un sitio precioso de agua, plantas y tranquilidad tras la guerra callejera. Una representación de las diferencias de esta ciudad de extremos, en las que las sultanas occidentales se dan masajes de lujo mientras otros sobreviven con lo básico. Si llega.</p> <p>La primera impresión muy buena. La gente nos pareció educada y respetuosa con la negación. Nada que ver con la fama que llevábamos en nuestros prejuicios. Paseos, visitas y comidas exóticas. Enganche para nuestra occidentalidad con ganas de ser abandonada.</p> <p>En mi cansancio disfruto el riad, su calma, su belleza y los cuidados y atenciones de los empleados. Paseos, olor a azahar, cantos del muecín que impregnan el aire de una magia de antaño. Hasta el gallo que me despierta cada mañana. Ese gallo que siempre canta cerca de mi oreja, como recordatorio al descanso. A obviar su cántico y el trabajo que si levantará con su cantar.</p> <p>Y paseamos palacios y jardines. Visitamos la interesante madrasa, regateamos en el zoco, solo un poco, lo justo para hacer deporte y llevarse algo. Y me exfoliaron el cuerpo en un hammam de lujo, me masajearon de arriba abajo para salir ligera y liviana, como una sultana con zapatillas de deporte. Y comimos couscous y tajin, pastelas de pollo y de paloma, e hice la turistada de bailar con la danzarina del vientre. Buscando mi vientre que creía hinchado por una regla cabrona. Pero que resultó ser demasiado plano para mover grasas que se cultivan sin deporte y mucha sémola.</p> <p>Y vimos puestas de sol que abrazaban la gran plaza de nombre impronunciable (Jemma el Fna) al abrigo de la llamada de un almuédano enlatado en altavoces que llenan la ciudad. Sentados en una terraza, disfrutamos del olor a azahar, del color rojo tras la torre de la mezquita que tanto recuerda a la Giralda y tomamos distancia de la vida que transcurre abajo, con los encantadores de serpientes, los monos saltarines y las pintoras de henna. Para no pringarnos, para no ser asaltados como único objeto de deseo; como a un auténtico turista.</p> <p>Y retirándome al jardín Majorelle, entiendo a cada artista, a cada escritor, que se perdió por estas calles aún en el medievo, que se sintió sultán o Alí babá o que se escondió de si mismo o del resto de occidente, rememorando aquel pasado glorioso de fuentes y jardines. De mezquitas y arcos ojivales.</p> <p>Sintiéndonos tan morunos.</p> <p>PD: Mañana a Londres, cambio de chip!.</p> De mayor quiero ser hippy http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/03/25/de-mayor-quiero-ser-hippy 2012-03-25T13:36:26Z Señorita Honeychurch Me levanto pensando así. De mayor que es ya, quiero ser una hippy despreocupada, que se levante en un día de sol y mire por... <p>Me levanto pensando así. De mayor que es ya, quiero ser una hippy despreocupada, que se levante en un día de sol y mire por la ventana pensando que nada puede ir mejor, porque hay luz, viento y en alguna parte estará el mar.</p> <p>Y todo irá bien, porque sí, por creencia y convicción intrínseca. Sin más argumento, sin más raciocinio ni más lógica socrática.</p> <p>Porque en mis días de sol hoy encuentro muchas sombras, preocupaciones que me invaden y no me dejan vivir. El cansancio físico y mental se junta al emocional que hace mucho daño y me asusta. Me dan mareos extraños que me tengo que mirar y que me tienen preocupada y haciendo probatinas sobre mi capacidad anterior y la presente en todas mis facetas. Un sin vivir, una pesadilla que espero se pase pronto y no sea más que uno de esos "primaverazos" que a mí me dan. Porque para mí la primavera es una estación fatídica en la que me encuentro mal, aturdida y extenuada. Con pocas fuerzas y poco ánimo. Me gustaría ser capaz de asumir que esta es la razón, olvidarme y seguir hacia delante tranquila y relajada, confiada en que mañana todo será mejor y punto.</p> <p>Pero aquí me encuentro, dando vueltas y vueltas, sin disfrutar momentos estupendos, regalos estupendos, viajes maravillosos. Porque mi cabeza sigue su ritmo independiente. Siempre dando vueltas, siempre pensando en que algo no va bien.</p> <p>Y de pronto pienso en las sales y el rapé de los antiguos para evitar los mareos. Y entonces asumo que debe de ser más normal de lo que me parece. Y en este tipo de razonamientos estúpidos estoy dando vueltas como una peonza. Creo que al final el mareo va a estar inducido por mí.</p> <p>Y es que si fuera una hippy despreocupada, relajada, tengo la impresión que mi cabeza fluiría mejor, sin tanta presión en sus contenidos y no me pasarían estas cosas. Al final, ser exigente, hacer lo que debes y ser una persona completa y formada, va a resultar peligroso. Todo parece un fiasco, el fiasco de la segunda derivada. La que surge y nadie te había contado. Siempre primando el esfuerzo, lo que has de hacer, lo que se debe y no se debe. Como una losa que además, siempre tendrás ya grabada a fuego para recordarte una y otra vez. Sin una puñetera tregua para el relajo para la condescendencia con tu propio yo, que al final maltratas como a tu peor enemigo.</p> <p>Demasiada exigencia. Una exigencia que te puede llevar a la muerte y la infelicidad.</p> <p>Y me encantaría que alguien concreto me dijera que no pasa nada, que puedo pasar sin dejar de ser excelente, o que qué carajo importa si lo soy o no. Para rebajar esa presión a la que siempre estoy sometida y que ya han programado en mi cerebro.</p> <p>Si yo había nacido para ser bohemia y escribir. Para vivir medio desnuda en una playa. Y disfrutar de la belleza y del arte. Para ser amada y amar. Para ver el mundo navegando en un velero.</p> <p>¿Qué demonios ha pasado?.</p> Mustia http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/03/16/mustia 2012-03-16T23:17:26Z Señorita Honeychurch Llevo varias semanas mustia, tristona. Sintiendo el paso del tiempo y la soledad como si fueran algo muy pesado. Como atada... <p>Llevo varias semanas mustia, tristona.</p> <p>Sintiendo el paso del tiempo y la soledad como si fueran algo muy pesado.</p> <p>Como atada a una situación estática que intenta ser luminosa, y que se agota una y otra vez.</p> <p>Necesito que me quieran y me abracen, siento celos de los que viven acompañados, de los que infunden amor, de los que crean vida.</p> <p>No me gusto y mi autoestima se va por las cañerías. Lo tengo todo aparentemente y no puedo sentirme más pequeña, más niña y más sola.</p> <p>Y en plena hiperactividad necesaria me rompo.</p> <p>Y vuelven los fantasmas del miedo y de la muerte.</p> <p>Y siento inseguridad dentro de mí; de mi cuerpo, de mi alma, de mi esencia.</p> <p>Y me desvanezco en un pixelado evanescente, mientras decido si renunciar al amor en todas sus formas.</p> <p>Porque estoy cansada y, de pronto, tengo miedo a todo.</p> <p>Donde estará mi energía.</p> <p>Mañana me voy a Marrakech, ni especial ganas, ni especial fuerzas. Solo espero que, una vez más, un viaje me llene de energía, de ganas, de pasión por vivir. Y me quite los miedos que me invaden, y las enfermedades reales o imaginarias. Y los celos. Y el mal humor.</p> <p>Y vuelva Honey limpia, energética y reluciente. Como la reina de Africa.</p> Sin título http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/03/07/sin-titulo 2012-03-07T17:33:31Z Señorita Honeychurch No lo puedo evitar y también estoy triste. Supongo que mi empatía siempre ha sido peligrosa, en sentir lo que creo que ot... <p>No lo puedo evitar y también estoy triste.</p> <p>Supongo que mi empatía siempre ha sido peligrosa,</p> <p>en sentir lo que creo que otros sienten,</p> <p>ya sea agradable o no.</p> <p>Y sé que ahora poco puedo hacer</p> <p>más que respetar la tristeza.</p> <p>Esa que ahora está en silencio,</p> <p>compungida detrás de una lágrima.</p> <p>Y yo solo puedo esperar lejos.</p> <p>esperando poder ser útil en alguna ocasión.</p> <p>Y servir de hombro o enjugar tus lágrimas,</p> <p>y acompañarte en tu silencio cuando tú quieras.</p> <p>Aunque no seas tú mejor versión.</p> <p>Aunque odies al mundo o estés extenuado.</p> <p>Cuidarte un poco, a la manera que necesites.</p> <p>Que a lo mejor es simplemente desaparecer.</p> Katmandú http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/02/26/katmandu 2012-02-26T22:59:26Z Señorita Honeychurch Acabo de volver de ver la película de Iciar Bollaín "Katmandú" y vuelvo en ese estado extraño, en el que me siento de rep... <p>Acabo de volver de ver la película de Iciar Bollaín "Katmandú" y vuelvo en ese estado extraño, en el que me siento de repente llena de amor.</p> <p>La película no es buena. Aunque me encanta la directora, a esta película le falta empaste. Es extraño pero sí, creo que le falta un catalizador que dé más unión al guión. Como que lo guíe por una balsa avanzando en una dirección. Que una la sucesión de escenas y acontecimientos dentro de una salsa que le de un sabor y un discurrir más armonioso.</p> <p>Pero la película me ha llevado a allí. A sentirme libre cuando viajo. A la indignación por las injusticias. Y sobre todo me ha llenado de amor. Me he sentido muy identificada con algunas cosas. He revivido la sensación de impotencia de una cultura milenaria pero injusta. Y he vuelto a sentir la solidaridad con esas mujeres de vidas duras y tratamientos injustificados. En esas sociedades cuya idiosincrasia cuesta tanto entender.</p> <p>Y he vuelto a respirar el Himalaya, y la gente sencilla de mejillas curtidas y mirada franca. Ojos que suspiran por sobrevivir y se alegran con cosas que nos parecen nimias. A nosotros, occidentales malcriados, que se olvidan de su propia esencia, de observar sus costumbres y viajan ligeros de equipaje habitando el lado luminoso de la vida sin darse cuenta de su propia luz.</p> <p>Pero sobre todo lo que he sentido es mis ganas de dar. Ese amor inmenso que a veces se me sale por los poros. Esa sensación de proteger y dar a todo el mundo lo que esté en mi mano. Y eso me ha emocionado y hecho feliz por unos instantes. Porque me he vuelto a dar cuenta, de que no me hará falta ser madre o mujer o pareja de nadie para poder dar amor a quien lo necesite. Es algo que se me había olvidado y así he vuelto a recordar.</p> <p>En cada uno de mis viajes siempre he querido ayudar a alguien o llevarme a un niño en la maleta. Me han dado ganas de arar con las mujeres en la India, esas que miraban con ojos tímidos y sumisos, sonrientes con cualquier acto de humanidad. Y cada niño de Katmandú que sonríe y usa su picaresca para sacarte alguna moneda, o a los que te revuelven cuando los ves en Thamel esnifando pegamento. Hay tanto por hacer en tantos lugares. Bután, Indonesia, Birmania, India, lugares en los que siempre vi unos ojos limpios, unos ojos sufridores y una bonita sonrisa. La misma que yo devolví, sintiéndola ahora como si fuera ayer dentro de mi. Una sonrisa interna llena de amor y ganas de abrazarlos a todos.</p> <p>Y creo que me voy a poner a ver un montón de fotos dentro de poco; la de esos rostros del mundo. Esos rostros que me inspiran lo mejor de mí. Eso que siempre podré dar mientras me queden energías. Y ese amor sí depende solo de mi voluntad y de lo que sale de mi alma. Y me hace llorar de alegría.</p> <p>Creo que se está reactivando mi espíritu viajero...</p> <p>PD: Hace ya bastantes años apadriné un niño en la Fundación Vicente Ferrer. Mañana voy a apadrinar a otro y me voy a enterar del proyecto "Mujer a mujer", porque ellas me conmovieron sobremanera cuando estuve en India y siento que debo ayudarlas. Una amiga acaba de estar por allí, en Anantapur, y ha vuelto también conmovida de ver lo que allí se ha hecho. Si podéis, no dejéis de colaborar por favor.</p> Stand by http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/02/25/stand-by 2012-02-25T11:45:13Z Señorita Honeychurch Sábado por la mañana. El mejor día de la semana. Hoy me levanto ya cansada. Ayer me acosté demasiado tarde, una vez más... <p>Sábado por la mañana. El mejor día de la semana.</p> <p>Hoy me levanto ya cansada. Ayer me acosté demasiado tarde, una vez más. Chateos varios me hacen desvelarme y revolverme para dormir más agitada y menos horas.  Supongo que algo necesito que voy buscando por ahí, un poco a la desesperada. Pero son cosas que no se pueden buscar, no funciona.</p> <p>Me pregunto por qué insisto, porque no abandono esta estúpida búsqueda sin sentido. Yo que siempre he sido buscadora de tantas cosas gratificantes, ahora persevero en esta especie de tarea autodestructiva y baldía. Recibiendo leches una y otra vez.</p> <p>Lo cierto es que he tirado muchas veces la toalla. Pero siempre vuelvo. Necesidades emocionales, esas que surgieron al abrir la caja de Pandora que quizá siempre debió permanecer cerrada. Protegida e insensible. Como hacen todos los habitantes de sus propias cuevas con los que me topo. Una y otra vez.</p> <p>Se me producen en este sentido situaciones muy curiosas para alguien como yo. Me cuesta bastante ilusionarme y no digamos ya enamorarme. Siempre me ha costado. Pero de repente, soy como un trasatlántico encendiendo motores. Me cuesta arrancar, pero cuando me encienden y me pongo en movimiento parece que cuando me dan al stop sigo en movimiento por inercia. Y me muevo sabiendo que me paso de puerto. Y paso este puerto y el otro en este movimiento suave e imparable. Lento pero estable. Quien pudiera ser moto de agua, ahí haciendo requiebros y cambiando de direcciones cada medio metro...</p> <p>Y parece que últimamente me conquistan con el intelecto. Me rodeo de gente que me resulta inteligente, y creo que por eso me gusta. Pero del resto de cosas están llenos de taras y barreras. Como yo durante mucho tiempo. Es curioso que ahora que llevo trabajando estas barreras y estas parálisis emocionales mucho tiempo, sea víctima de ellas una y otra vez. Creo que es algo que conlleva el desarrollo intelectual. Una cierta tendencia a obviar el desarrollo emocional. Porque cada acción racional exitosa te lo refrenda.</p> <p>Y por ahí vamos por la vida, con nuestro perfecto raciocinio que nunca falla, exentos de vértigos y mareos. Esos que nos dan la felicidad y nos producen quebraderos de cabeza y corazón. Vivimos en la era del conservadurismo personal. Y así pasa la vida, envuelta en celofán. En un celofan inoloro, incoloro e insípido.</p> <p>A mí siempre me han gustado los colores y las estrellas. También soy un poco lunática. Me afecta la luna llena y esas cosas. Aunque no he podido ser más racional en todos mis comportamientos. Supongo que mi educación, un poco victoriana, aunque contemporánea y libre en la parte intelectual ha hecho el resto. Mi psicóloga siempre me ha dicho que me han educado como a un hombre. Y tiene razón. Lo que no logro ver es la diferencia en la educación que se ha de dar entre hombres y mujeres. Soy tan hombre que ya no lo veo. Pero entonces salen todas mis feromonas. Y mi parte femenina se impone a lo bestia. Con cada regla, cada síndrome premenstrual y cada ovulación. Y me siento muy mujer. Y esa es la parte que falla. Ser hombre lo tengo dominado. Pero ser mujer me cuesta mucho más.</p> <p>Y así me voy bandeando por la vida. Bastante regular en la emoción. Queriendo querer a tanta gente. Atrayéndome el intelecto y la emoción por partes iguales. Y dejando tantas cosas en "stand by". Espero que cuando dé al "play" no sea demasiado tarde...</p> Espejismos http://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2012/02/19/espejismos 2012-02-19T14:02:14Z Señorita Honeychurch Me levanto con dolor de cabeza otra vez. Por segundo día consecutivo. Supongo que necesitaba descansar. Un viernes reparador... <p>Me levanto con dolor de cabeza otra vez. Por segundo día consecutivo. Supongo que necesitaba descansar. Un viernes reparador de esos de meditar e irse a la cama respetando el biorritmo. Pero no fue así. Después de una semana agotadora de actividades, me sacaron a cenar. Merecía la pena. Todo por averiguar qué me sucedía y qué estaba sucediendo una vez más. Tratando de comprender las vicisitudes de la vida propias y las de otros.</p> <p>Hoy hace tres semanas que lo conocí. Una página de esas de contactos. Prometí no volver a meterme nunca más. Mucho tiempo invertido y bastante frustración de hablar con gente a la defensiva o que simplemente no te interesa nada. Espejismos variados sobre personas que luego resultan ser muy diferentes. Mentiras, gente dañada o simplemente vacilones que parece necesitan entretenimiento. De todo hay. Lo cierto es que por escrito resulta, a veces, más fácil conocer determinadas cosas de las personas. Pero falta la piel, asociar las caras y el calor del directo. Eso no se puede suplir con nada. Eso es la gran sorpresa que te espera cuando pasas a conocerte.</p> <p>En tres semanas, hablamos todo el rato. No ponía nada sobre él, pero me lo contó todo en media hora. Siempre he sabido dialogar. A veces pienso que me lo podría tomar como profesión. Porque hoy en día, la gente está tan sola y con tanto miedo, que lo del chateo da calorcito pero sin agobiar. Sin arruinar tu estado independiente, las burbujas varias, pero haciéndonos vivir una especie de ficción de lo más agradable. Porque, de pronto, resultamos interesantes a otros. A esos que, de pronto, nos hacen caso. Pero manteniéndonos en nuestro cómodo sofá y  nuestras pequeñas costumbres, como tener un rooibos calentito sobre la mesa.</p> <p>Cuando el chateo pasa a dispositivo móvil, ya no hay solución. Se deja de acotar temporalmente el tiempo invertido, y pasa a convivir contigo de forma permanente. Veinticuatro horas de conexión con un extraño. Que de pronto parece que no es extraño y lo conoces desde que pusiste los pies en este mundo. Craso error. Falsa entelequia que juega la ilusión al solitario. Pensando que alguna explicación tendrá que haber para que esa extraña situación se haya creado y te invada por tantos días.</p> <p>Pero la realidad se impone como un ladrillo. Como ese jarro de agua fría que te despierta de un letargo veraniego maravilloso. Y te dice que todo es mentira. O que ni es mentira ni verdad. Que simplemente es lo que es. Personas que fluyen o reman en dirección contraria a la de su propia corriente. Invadidos por sus circunstancias y factores personales. Que a saber cuáles son.</p> <p>Prometí no ser nunca más psicóloga de nadie. Yo me cuido de forma permanente. Cultivo cuerpo y alma porque lo necesito y porque una vez estuve al borde del abismo. Precisamente, por dar demasiado de sí. Por aceptar vampiros laborales y emocionales y no ponerles freno. Y después siempre se repite la historia. Todos me adoran. Todos quieren conservarme. Y aparecen y desaparecen del mapa a su antojo. Y yo soy incapaz de no alegrarme cuando veo sus caras otra vez. Aunque debería mandarlos a la mierda.</p> <p>Y una vez más así me encuentro. Frenada antes de arrancar. Intentando entender de nuevo porque se me repite el patrón una y otra vez. Por qué los tiempos nunca me coinciden y si me coincidirán algún día. Preguntando por qué doy tanto respeto. Y por qué conservo tantos nexos y amigos que me han dado la larga cambiada. Supongo que los comprenderé. Y que, en el fondo, me pongo en su lugar. Siempre me he puesto demasiado en el lugar de las personas como para retirarlas de mi vida. Y así voy acumulando historias. Historias diferentes que mi psicóloga dice que debería escribir algún día. Porque a mí se me acaban olvidando por supervivencia, para poder seguir adelante cada día y volver a tropezar lo más limpia posible. Y ella me las recuerda para demostrarme que soy valiente y que lo intento.</p> <p>Pero empiezo a estar cansada de tanto espejismo.</p>