Señorita HoneychurchComo alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")2009-11-22T23:38:43+00:00
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Motorthe-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thingSeñorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/11/22/aparicionesApariciones2009-11-22T23:38:43+00:002009-11-22T23:51:59+00:00
<p>Dejé de verlo cuando era una cría, hace igual 25 años. Tenía barba rojiza y una actitud risueña y divertida. Les recuerdo en pareja, saliendo de un dos caballos para ir a comer a un restaurante en Peguerinos. Al más puro estilo "Cuéntame", rollo un poco progre, puesto que los dos pertenecían al partido comunista. Ibamos al restaurante de "las Pilis", no porque la dueña se llamase así y su hija también, sino porque tenían una gata que daba nombre al restaurante que pululaba por todas partes. Ahora sería considerado antihigiénico probablemente.</p>
<p>En uno de mis últimos cumpleaños que compartí con él, me regalaron un coche de cuerda descapotable, como de latón, que andaba solo mientras una pareja giraba la cabeza como saludando en plan realeza de paseo.</p>
<p>Después vino su divorcio y su desaparición sin saber muy bien por qué. Mi tío y su barba roja y su risa, desaparecieron de mi vida para siempre. Mi tía se quedó tocada. Creo que para siempre. Intuyo que fue su gran amor, aunque tampoco parece muy dificil de adivinar. Para mi abuela, de la Andalucía más profunda, lo de comunista y, sobre todo, lo de pelirrojo siempre fue mal fario. Y lo del divorcio le pareció una tragedia anunciada solo por su color capilar.</p>
<p>A mi siempre me gustó. Siempre me transmitió energía y alegría. Ahora, que yo soy mayor que cuando él desapareció, me doy cuenta de lo jóvenes que eran por entonces. Me pregunto si no se divorciaron también por progres, porque eran de los primeros en poder usar esa modernez legal.</p>
<p>Después desapareció de mi vida. Solo supe de él de forma esporádica, por una tía a la que le costaba hablar de él, porque yo creo que le escocía su nombre. También supe de él cuando ella murió, porque quiso venir y no le dejamos ver su agonía. Porque no merecía la pena borrar una imagen lozana y feliz y quedarse con una triste y dolorosa. Y nos dijo que siempre la quiso. Que probablemente se equivocó. Que igual podrían haberlo arreglado de una forma diferente. Nunca sabré si es verdad. Probablemente él tampoco.</p>
<p>Pero no lo había vuelto a ver. Hasta el otro día. Un sábado como otro cualquiera, de esos de paseo por el monte y comilona posterior, me dejó en estado de shock. Mi ex-tío apareció de repente. Con veinticinco años de más y sin barba. Con una hija que no era de mi tía y con su sonrisa perenne.</p>
<p>Y él nos reconoció. Y estuvo tan cariñoso como lo recordaba. Y yo no sabía qué más decir, ni qué sentir. Pero me gustó. Aunque vive en Bruselas apareció como de la nada. Para reencontrarnos.</p>
<p>Y cuando se fue, me entraron unas ganas de llorar incontenibles. Y se me escaparon las lágrimas; por ella, por el pasado, por el amor, por el desamor, y porque el cariño es imborrable con los años. Y todavía lloro cuando me acuerdo. Será que vuelvo a ser niña cuando me acuerdo. Y ya hace mucho tiempo.</p>
Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/11/08/maternidadMaternidad2009-11-08T21:43:43+00:002009-11-21T22:17:32+00:00
<p>Hace tiempo que vengo dándole vueltas. Siento algo interno e íntimo que no es fácil de explicar porque atiende a mi parte más irracional. El lado de las emociones, siempre lo he dejado yo un poco abandonado para atender inquietudes intelectuales o frivolidades varias. Siempre me han enseñado cómo hay que ser, cómo hay que pensar, cómo hay que vivir. Qué es lo correcto atendiendo a una moral muy elevada y exigente que yo me he ido construyendo a mi imagen y semejanza, incorporando las novedades que requieren nuestros días, unos tiempos complejos y cambiantes.</p>
<p>Los sentimientos, mi enorme sensibilidad y las emociones los aparqué porque hacían sufrir. Siempre habría tiempo para atenderlos. Porque equivocadamente pensé que estos asuntos no se trabajaban, simplemente existían, estaban ahí y punto. Sin embargo, tras años haciendo miles de esfuerzos, construyendo una especie de super-yo que nunca era suficiente para tan alta exigencia, miles de actividades, miles de viajes, miles de personas, me encuentro sola y vacía. Inmadura dentro de unas emociones intensas que intento dominar como jinete inexperto subido a caballo salvaje. Muy madura en mi reflexionar, siempre bien construido y racional. En mis análisis valientes en los que me veo desnuda delante de un espejo y me veo como una niña de 15 años. Porque en algunas cosas, parece que ahí me quedé. Tampoco tuve la suerte de otras personas, que encuentran quien les empuje a caminar por amor. A mi más bien siempre me paralizaron cuando iba a dar el siguiente paso.</p>
<p>Y lo curioso es que a veces pudiera parecer un ser viejo y sabio, y al segundo parezco una niña consentida. Me gusta mantener a la niña en las ilusiones, en la capacidad de disfrutar, en la sorpresa que me produce la naturaleza y la belleza del mar. En los milagros cotidianos que cada día me sorprenden, en el ansia de conocer y aprender.</p>
<p>Ahora me encuentro sola y vacía, con necesidad de amar. Ya no pienso que a un hombre, he perdido la esperanza. Hasta me da pereza volver a empezar. Siento que al final todos marchan sin grandes respuestas. Dejando interrogantes e ilusiones rotas en unas sábanas arrugadas. Supongo que el problema es mío. Seguro que sí, porque la cantinela se repite demasiado como para que el azar sea tan cabrón. Pero ya me da lo mismo. Tiro la toalla.</p>
<p>A lo que no quiero renunciar es a amar de forma incondicional, a entregar mi alma y a dar lo mejor de mi misma a un ser que lo merezca. O que no lo merezca, pero no lo pueda elegir. En esto los padres siempre tienen ventaja. Y yo quiero también aprovecharme de ella. Igual suena patético, pero yo quiero dar amor y la forma más incondicional que conozco es teniendo un hijo. Ya he hecho un razonamiento perfectamente construido para una necesidad. Una voluntad de ser madre que siento en mis entrañas y a la que no quiero renunciar porque sí. Porque no me veo peor que otra para serlo. O quizá sí y estoy tentando al destino que por algo me deja sin hombre. </p>
<p>Es mi espíritu inconformista el que se niega a aceptar la realidad que muchas de mis amigas apenas se plantean. O simplemente no cuentan, porque no son tan libro abierto como yo. Y ya estoy con los trámites de adopción y dando vueltas a la posibilidad de inseminarme. Y cuando digo ésto me siento como una vaca en una industria cárnica o lechera. Pero ya me he estado informando. Para empezar es mucho más seguro que hacértelo con tu pareja, que a estas edades puede venir ya con cualquier cosa.</p>
<p>Pero tomar una decisión así equivale a rubricar la falta de esperanza. Hace un año me parecía algo egoista, pero ahora, sobre todo viendo las dificultades para adoptar, no me parece más egoista o generoso que lo que puedan hacer dos en una pareja. Un poco raro, eso sí. Lo de llevar en el vientre al hijo de alguien a quien no conoces. Pero, hay tantas parejas que nunca se conocen. Tantas parejas que luego pelearán por la custodia de los hijos y se tirarán sartenes a la cabeza. Qué quizá mi opción no sea peor que la de otros.</p>
<p>Tengo también el embarazo sola, las tardes sola, el parto sola, las enfermedades sola, las decisiones sola, metidas en la cabeza. Y las renuncias. Renuncias a mis viajes lejanos y mi sensación de libertad, renuncias a mis planes frívolos, mi posible novela que nunca escribiré, las fotos que nunca aprenderé a hacer o el vagueo deambulante por mi casa. El posible adiós a un barrio que a mi me ha transformado en parte pero que seguramente no fuera el más apropiado para un crío. Y la renuncia al amor de un hombre, que si ya sola es complicado, mucho más lo será con una mochila. Y las ayudas necesarias, las zancadillas en el trabajo y el no llegar a nada a tiempo. Todavía menos a tiempo que ahora.</p>
<p>Todo eso rula por mi cabeza estos días, apenas me deja dormir algunas noches. Me tiene revuelta y rumiante. Rumiando lo que será una decisión que marcará mi vida inconformista. </p>
<p>Pero tengo claro una cosa: quiero ser madre.</p>
Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/11/04/de-virus-asesinos-visitas-y-bailesDe virus asesinos, visitas y bailes2009-11-04T19:42:04+00:002009-11-12T22:47:20+00:00
<p>Estoy en casa, con esa especie de abotargamiento que dejan dos días sin salir y un virus que me ha hecho, digamos, renovación de líquidos.</p>
<p>Después de que la semana pasada, fuera de estas de enmarcar, el fin de semana necesitaba descansar, tomar resuello. Y me fui al monte el sábado, a pasear y respirar. A comer patatas revolconas, boletus y un entrecote de enmarcar. A estar con mis padres y una prima que aparte de guapísima es la alegría de la huerta. Una persona siempre contenta, siempre optimista. Eso sí que es que te toque la lotería, mucho más que su tipazo y sus ojos verdes.</p>
<p>El domingo lo pasé con Maite y con Pau. Sintiéndome también en familia. En esa pequeña familia de dos que integra también a los que les quieren. A los que les quieren bien, a partir de ahora, que de todo se aprende. Y charlamos hasta quedarnos sin saliva, y aburrimos al pobre Pau, un niño precioso que se parece todo a ella y con el que compartí chistes verdes de mi infancia - de esos de los de caca, culo,pedo, pis- . Y tomamos una paella junto al mar, mientras diseccionábamos nuestros sentimientos, pasados y errores. Mientras la botella de vino iba bajando y Pau ya no sabía si jugar con la pelota o tirárnosla a la cabeza. Pero creo que le caí bien. Tan mono, tan achuchable, ya casi un caballerito. Y vi su nueva casa, llena de cuevas y recovecos para jugar a la búsqueda de tesoros y conseguí no caerme por las escaleras de mi guarida. Y vi su patio y comimos pipas viendo una película de misterio malísima que nos enganchó. Y vi más de cerca esa maternidad que me llama y me atormenta. Las dificultades y los frutos. La energia que requiere, la atadura que supone y el calor que da.</p>
<p>Siento que tengo una amiga para siempre en Barcelona. Y tengo que darte las gracias, Coctelera, porque todo lo que me has traído ha sido bueno. Gente maravillosa, algunos destinados a permanecer para siempre conmigo. Aunque también has conseguido que remueva aguas, que saque cosas, que reflexione en alto lanzando gritos al sol y a las nubes. Pero esos gritos soy yo y llevaba mucho tiempo sin escucharme. Desde que escribo aquí soy más yo en todas partes. Aunque ser yo a veces sea complicado.</p>
<p>Hoy es que estoy floja, deben de ser los dos kilos que he perdido en un solo día, aunque ya hoy he podido empezar a comer y seguro que mañana vuelvo a trabajar.</p>
<p>El lunes trabajé en Barcelona, viendo a gente que hace tiempo que no visitaba. Muchos me recibieron con cuchillo guardado, porque lo que les gustan son las puñaladas traperas. Pero como yo soy frontal no les queda más remedio que sacarlo y darla más suave. En fin, hay gente que no tiene remedio y Barcelona sigue tan bella como siempre. Tan guapa y menos agujereada que mi Madrid.</p>
<p>Tarminé el día bailando. Volví justo a tiempo para mi clase. Y me sentó genial. Lástima que hoy no tenga fuerzas para ir. Me veo demasiado floja. El próximo día me perderé, pero me reencuentro rápido.</p>
<p>Con ganas de estar entera y guerrera.</p>
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Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/10/24/rewindRewind2009-10-24T17:01:06+00:002009-11-03T20:36:33+00:00
<p>Rescatar el pasado inmediato cuando se está en medio de una ola dándote un revolcón puede resultar una tarea complicada. Así me hallo en este momento; en medio de una vorágine de trabajo, responsabilidades y logísticas tratando de ponerme al día de una forma lenta y pausada, mientras aparece Sandra Bullock en la pantalla de esa televisión que es mi única compañía del día.</p>
<p>Ayer conseguí silencio y decir que no. Decir que no al último acontecimiento social para reconectarme en casa, tranquila y sin planes esperándome a cada hora. Y hoy estoy mejor, más descansada y lista para la fiesta brasileña de esta noche, que será muy brasileña. Antes un café con mi último desamor, porque yo soy así y nunca cierro puertas.</p>
<p>Hablando de puertas y ventanas, quizá esté llegando la hora de cerrar algunas, de ubicarme en la soledad del jefe y distanciarme de la implicación de las personas que trabajan para mí. Porque mi empatía me está matando. Pretendo ayudar a todo el mundo y es siempre a mi costa. Como me dice mi padre, "esas cosas te pasan por buena", y quizá tenga razón, quizá tenga que empezar a ser más egoista y ponerme orejeras cuando no me interese ver, tapones cuando no desee escuchar problemas y desatinos de la gente, sobre todo en esos días en los que parece que tengo una consulta gratuita de psicoterapia y más me valdría tener un divan que una mesa de reuniones.</p>
<p>Tener unos valores muy exigentes conmigo misma y un sentido de la responsabilidad que excede a veces mi propia capacidad, me genera en ocasiones estados de stress. Compatibilizar comprensión con exigencia hace que finalmente yo me cargue con todo, hace que yo sea el engranaje que se estira y estira para dar respuesta a cualquier demanda multilateral. Y en eso estoy trabajando, en dar a cada cual su responsabilidad y su decisión, sin que me carguen a mí con su vida.</p>
<p>En esas cavilaciones estaba yo el otro día, cuando al final de uno de esos días agotadores y resuelta a bajar mi nivel de responsabilidad moral, cogí el último autobús para llevarme a mi casa y relajarme en el sofá. Un trecho de escasos minutos fue suficiente, para que se pusiera a prueba mi teoría. De pronto oigo a un señor gritar. Miro atrás y veo unas piernas tiradas en el suelo entre dos asientos. El señor está tirado en el suelo y lanza gritos de dolor como si le estuvieran matando. El conductor de autobús para. Se forma batiburrillo en el autobús. Todo el mundo mira y el conductor deja parado el autobús en mitad de uno de los carriles de la Castellana. El señor grita. El autobusero se acerca. El señor increpa al conductor diciéndole que conduce fatal. Realmente parece que se ha hecho daño. Mientras, la gente del autobús pregunta al conductor que si va a seguir su ruta, y ante su negativa, deciden largarse a por otro autobús en masa, pasando olímpicamente de la situación del señor postrado dando alaridos. La que está dejando de ser responsable no tiene más remedio que tomar las riendas y llamar al Samur. No me puedo creer, que tan solo cinco minutos de analizar con mi loquera mi tendencia al exceso de responsabilidad, esté tomando las riendas de la salvación de un señor al que no conozco de nada. Me pregunto si yo tendré exceso de responsabilidad o si el resto del mundo tendrá demasiado poca. Alucino con la falta de solidaridad. También alucino con la falta de inteligencia, empatía y sentido común, de un conductor que se ponía a discutir con el herido y al que me tuve que llevar hacia delante diciéndole que no merecía la pena la discusión con alguien que está dolorido, apelando a sus pocas entendederas. Tuve que dar mis datos a la policía y declarar que el conductor conducía normalmente. Así fue mi análisis: herido atendido y ni un nuevo parado más en las listas del Inem. El surrealismo se acrecentó, cuando el señor me preguntó quién demonios era yo, y yo le dije que una pasajera preguntándole si quería que avisase a alguien de su familia. El humor negro se acrecentó al decirme que no tenía a nadie y al darme cuenta de que había otro señor a su lado que pensé que era también pasajero y resulta que era un amigo que parecía o borracho o retrasado mental, porque no solo no se le ocurrió llamar una ambulancia sino que su sentido común le hizo comentar la suerte que había tenido de que una costilla no le hubiese atravesado el pulmón. Qué gente!. </p>
<p> Menos mal que ese fin de semana me fui a Canarias con Blanqui y María. A casa de Juan y Héctor, una pareja que desde que llegas hasta que te vas te dan ganas de achuchar, estrujar y llevártela a casa de regalo. El estrés se me fue en Canarias. Dormí bien desde el primer día, no sé si por el nivel del mar o por la compañía. Ultimamente percibo que cuando duermo con mis amigas o gente que me transmite buen humor duermo mucho mejor. Y en esa casa todo transmite paz y buen humor. Hasta la gata Tina (de Tina Turner, con quien comparte look), que no me dio apenas alergia. Nos cuidaron, nos mimaron y nos hicieron sentirnos en una pequeña familia. Una familia en la que el desayuno es como de brunch de gran hotel y por la noche se hacen barbacoas en la Eva Solo, un artilugio de diseño que parece una maceta plateada gigantesca. Y fuimos ratitos a la playa a ver un poco el mar y las dunas giganes de la playa de Maspalomas. Y fuimos de excursión hacia la montaña y por el centro a tomar tapas. Y bailamos en el "Inolvidable" un garito con música bailonga de grandes éxitos bailongos de hace lustros, aunque al final lo mezclaron un poco con música choni contemporánea. Y para acrecentar la familia, apareció Maite y su Yiyo trajeado. Maitexu guapa y achuchable también. A la que pronto iré a ver a Barcelona, para que me enseñe su casa nueva, su vida nueva y su hijo maravilloso que tanto se parece a ella.</p>
<p>Y es que estoy rodeada de gente maravillosa, pero tanta tanta, que no tengo tiempo para darme de sí. Y cuando el trabajo agota y exige todo el tiempo, me estreso porque no llego, porque no me da mi ser para dar a cada uno lo que se merece y lo que yo les quiero dar.</p>
<p>Quizá tenga superávit de amor. Genero tanto que si no lo doy se me pone agrio dentro. Y genero y genero. Genero tanto que necesito darlo, pero para darlo necesito tiempo. Ese bien del que ahora no dispongo. Y energía, esa que se me acaba por mi estrés y por todo lo que hago. Quizá solo necesite recibir, minutos y amor a partes iguales. Minutos largos y tranquilos, minutos donde sentir el aire, el sol y un sonido relajante como el del mar. Y que me abracen.</p>
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Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/10/03/madrid-claro-siMadrid, claro que sí!2009-10-03T13:08:06+00:002009-11-08T23:54:41+00:00
<p>De nuevo escribiendo desde mi casa con sol entrando por los balcones y la música puesta. Me encanta este momento y no puedo dejar de decirlo.</p>
<p>Ayer retomé mis clases de baile. Encontrarme de nuevo con mis compañeros del año pasado y con mi profesor, me ha gustado tanto como volver a sentir mi musculatura y el sudor de mi cuerpo. Volver a hacer abdominales, estiramientos, plies y, sobre todo, volver a bailar, me ha subido la adrenalina y me ha acelerado el metabolismo adormecido por varios meses de relax. Tanto que, después de la pertinente ducha y cena, fui capaz de irme a tomar un cocktail con mis amigas, al más puro estilo Sex&Ciy. Un mojito de frutas del bosque que sirve de postre y bebida dialogante al mismo tiempo. Charlar de nuestra semana un rato, en un sitio agradable mientras la música acompaña sin ser protagonista y saborear fresas y arándanos que pescas entre el hielo, es una buena táctica para bajar las revoluciones que te da el baile.</p>
<p>Porque el baile cansa el cuerpo y reactiva el corazón. A veces te acelera y te despeja más que una siesta. Mi cadera, que últimamente tengo dolorida, no se ha portado mal. Espero que los dolores tengan más que ver con la inactividad que con la actividad que tantos beneficios me reporta. Hoy he dormido lo justo. Necesito una siesta para estar a tope esta noche en un concierto en la sala Caracol.</p>
<p>Antes tomaré un café con mi amigo Rómulo. Tiene novedades que contarme. Novedades que no sé si me van a gustar egoistamente. Me alegraré por él si le veo contento, es de esas personas que siempre suman, que siempre aportan cosas. Supongo que es por su espíritu e inteligencia y, sobre todo, porque siempre intenta estar creciendo. En eso y, en bastantes cosas, siento que nos parecemos. Por eso no me gustaría que la distancia geográfica nos distanciase. Es de esos tesoros a conservar. En diciembre se nos casa en Brasil. Ese será el próximo gran viaje.</p>
<p>Mi semana ha sido agotadora. La gestión de una crisis me ha hecho hablar con medio mundo manteniendo un equilibrio inestable. Mientras, luchaba para crear anticuerpos de la gripe estacional cuya vacuna me puse el lunes. Con tanto viaje y tanta actividad, más vale estar protegida en lo que sea posible.</p>
<p>No me han quedado energías para mucho más. Mi vida en esta ciudad es así. Requiere empuje y energías.</p>
<p>Nos quedamos sin los juegos, pero al menos, la panda de políticos cansinos y cutres pudieron sentarse juntos por una vez. En este país que sobrevive a pesar del cutrerío de la clase política y de algunos funcionarios más pendientes de sus propios intereses que los del bien común. Un país lleno de Quijotes y molinos que parecen gigantes, porque nadie es capaz de abrirnos los ojos y tratar las cosas con sentido práctico y sin tanta retórica vacía.</p>
<p>Lo cierto es que Brasil se lo merece. Bastante más que nosotros. Aunque no sé a quien le hace más falta. Con el endeudamiento de Madrid y sus obras faraónicas nos habría venido muy bien otra inyección más del exterior. Porque desde el interior parece que no somos capaces de generar nada. Porque nuestra miopía nos impide defender con uñas y dientes lo que tenemos de bueno para luego mendigar pasta como por caridad. Mientras, Brasil se lo está trabajando. Parece que ha encontrado un político capaz de defender el interés general y que la gente le crea. Atrás van a quedar los intereses españoles en Latinoamérica con un Brasil geográfica y anímicamente mucho más en la zona. Esperemos que los Juegos sirvan para que mejore la seguridad y la igualdad entre los ciudadanos. Elimine parte de la violencia y las favelas se conviertan en pisos de protección oficial. Si es así, estará bien empleado.</p>
<p>Total Madrid no puede con más obras faraónicas. Ni con más porquería por las calles. Ni con menos carriles bicis. Ni con tan pocas actividades deportivas municipales para todo el mundo. Ni con más contaminación atmosférica.</p>
<p>Lo siento porque nos brearán más a impuestos. Y porque amo a esta ciudad. </p>
<p>Por eso quiero que mejore por sí misma.</p>
<p>Madrid tú puedes, con espíritu e inteligencia. Claro que sí!!!!</p>
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Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/09/26/besando-suelo-madridBesando el suelo de Madrid2009-09-26T16:08:05+00:002009-10-03T12:33:38+00:00
<p>El sol entra por mis balcones y la calle está tranquila. No tengo prisa y la ciudad se mueve perezosa. Estoy en mi casa, por fin. En mi casa luminosa al borde del corazón de esta ciudad que tanto me da y tanto me agota. Contenta y vaga.</p>
<p>Ayer cuando mi avión procedente de Dublín aterrizó, casi beso el suelo de esta ciudad, que es árida desde el aire y caliente desde la tierra. Después de una semana en la que al levantarme por la mañana ya casi no sabía ni mi ubicación. Acostumbrarme a esta sensación, dormir bien en cualquier lugar y estar contenta en el periplo, me ha llevado a sentirme más nómada que nunca, después de mi reciente paso por Estados Unidos.</p>
<p>El lunes dormí en Madrid y acudí puntual a mi clase de yoga, para estirarme un poco y cargarme de serenidad ante una semana que prometía ser agotadora. El fin de semana en la playa de septiembre, jugando a las palas como en las del norte, bañándome y comiendo paellas, también contribuyó a un inicio de semana lleno de energía aunque trashumante.</p>
<p>El martes ya dormí en Londres, en un hotel fashion, en el que ya había estado cuando era el más clásico de la City. Ahora, convertido en el más moderno, me reciben unos recepcionistas vestidos de traje, pasados por un casting y con portátil en la mano, como si se tratase de una tienda de Apple. No hay recepción como tal. El lobby parece un bar de moda de NYC, lleno de muebles modernos y luces de neon rosa. El check-in se realiza mientras te tomas algo en un sillón con uno de esos personajes de CQC y su portátil sentado enfrente tuyo en un puff. La habitación tiene conexión a internet gratuita a través de la televisión, chaise longe roja y una cama estupenda, además de minibar gratuito. El baño tiene productos de Spa que huelen de maravilla. Pero yo estoy derrengada. Es casi media noche y al dia siguiente tengo ocho reuniones seguidas desde primera hora de la mañana. Tras una ducha relajante me zambullo en la segunda cama de la semana.</p>
<p>Londres ni lo piso. No salgo del hotel en todo el día, donde también transcurren las reuniones. Un London Express, que sigue a un taxi express y a un Heathrow express que ahorra una hora de viaje al aeropuerto de esta complicada ciudad por la superficie. Adoro los taxis londinenses. Eso de poderse meter una casi de pie al coche y con la maleta puesta, me encanta.</p>
<p>Llego a Madrid a las mil. Cenada porque la Iberia, al menos nos trata bien y nos ahorra un trámite innecesario cuando una tiene sueño. Y vuelta a mi hogar, tras ver las mutaciones infernales de la Castellana y la búsqueda del tesoro de la calle Serrano. Tengo que preparar la maleta para marcharme al día siguiente a Dublin.</p>
<p>La preparo por la mañana y llego tarde a la oficina. LLego con los zapatos sucios, porque con la que está cayendo en Madrid, deberíamos hacer como los neoyorkinos y sus zapatillas de deporte si queremos llegar decentes a la oficina.</p>
<p>El aeropuerto está empezando a ser una especie de segunda casa para mí. La T4 es una especie de despacho gigantesco, por donde tengo que pasar de vez en cuando. Ya me siento agusto aquí, a pesar de los paseos largos que exige. Nada como estirar las piernas después de un viaje, debieron de pensar los arquitectos. Pero a Dublin solo nos cuadra Air Lingus, un vuelo que es más de turista y cervecero que de oficinero con pocas ganas de sufrir incomodidades. Y esta vez me tengo que zampar un guarri-wrap para salir del paso y dejar atrás la cena. Porque Dublín nos vuelve a recibir a nuestra media noche. La hora de diferencia horaria, me decide a darme un paseo por una ciudad que estuve ya hace más de 10 años. Para reconocerla en mi memoria.</p>
<p>Dublín está cambiada y llena de adolescentes borrachos que celebran el 250 aniversario de Guiness. Es el Arthurs Day y la ciudad ha estado llena de eventos durante todo el día. Llego unas cuantas copas de menos, a una ciudad en la que las niñas van todas con zapatos de tacón altísimo y vestiditos escotados a pesar del frío. Zapatos de los que se bajan, descalzas cuando la Guiness decide hacer perder el equilibrio y duelen los pies.Vomitonas, gritos y colas en los bares, me hacen sentirme muy fuera de lugar con mi vida de ejecutiva en la mochila y mi espíritu bohemio luchando para no hacer novillos por la mañana. Intento entrar al Trinity, pero hay una fiesta solo para alumnos. La pinta que quiero tomarme se convierte en imposible en una ciudad patas arriba con carteles de Guiness por todas partes y adolescentes cocidas sentadas en las aceras.</p>
<p>Decido irme a dormir. Esta vez el hotel no me gusta. Me colocan en una habitación que debió de ser sala de reuniones en la época del boom irlandés, ahora reconvertida en habitación trotera (vale, me estoy volviendo muy exigente, lo sé...pero todo cambia cuando es un viaje de placer).</p>
<p>Después de un día de reuniones, un chófer me lleva al aeropuerto. Los chófer de las ciudades se están convirtiendo en mis termómetros del lugar. Este es un tipo divertido con un gran sentido del humor. Ha visto que yo le rio las gracias y se pasa todo el camino contando chistes. Fundamentalmente de su mujer y sus compras compulsivas. Los irlandeses tienen un gran sentido del humor y un hedonismo bastante básico. Creo que ésto les une bastante a los españoles. El despiporre dublinés de la noche, me podría recordar a cualquier sábado noche de jovenzuelos en Alonso Martinez.</p>
<p>El avión va lleno de tíos que podrían ser de un equipo de rugby o algo así. Pelaos, coloraos y más bastos que el papel de lija. Hablan alto, eructan y juegan a la PSP a todo volúmen. Me pregunto a qué vendrán a Madrid. A pesar del follón el agotamiento me hace dormirme casi todo el viaje.</p>
<p>Tengo ganas de volver a mi Madrid, a mi rutina de baile, yoga y reencuentro con los amigos.</p>
<p>Hoy es sábado y hago la compra en este día soleado con mi carrito. Bromeo con el frutero y con la de la tienda de congelados, pregunto al hijo del tendero de la tienda de alimentación como se encuentra despues de su operación de neumotorax. Le han dicho que tiene que hacer ejercicio para ensanchar y le animo a que lo haga. Me encanta mi barrio y parece que algunas aceras han cerrado sus excavaciones.</p>
<p>Asentándome en Madrid.</p>
Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/09/14/spoilt-malcriadaSpoilt (Malcriada)2009-09-14T22:38:50+00:002009-09-18T00:00:10+00:00
<p>Dicen que los neoyorkinos son los seres más caprichosos del planeta, porque siempre encuentran lo que desean a la vuelta de la esquina. Cuando pasas por allí y te quedas, aunque sea unos días, empiezas a entender las razones. A golpe de tarjeta de crédito, uno puede conseguir cualquier cosa en Nueva York. Esto convierte a los neoyorkinos en seres que consideran que todo es posible a los que resulta dificil de concebir que algo no se pueda conseguir.</p>
<p>Para vivir Nueva York hay que ser rico. Es cierto que no hace falta ser rico para vivir, pero es que ser pobre debe de ser como poner a un crío en medio de una tienda de golosinas sin darle la paga semanal. Los dientes se ponen largos si uno no puede ir a cenar a un sitio bonito, tomarse una copichuela con glamour, escucharse un concierto de jazz o asistir al Met a una Opera o un ballet.</p>
<p>Y así he estado yo esta semana, completamente malcriada en una ciudad que es atractiva y seguramente agotadora a partes iguales.</p>
<p>La primera parte de mi viaje, un fin de semana largo acompañada de mi querida Skyller, transcurrió entre paseos, conversaciones largas arreglando al mundo y a los hombres, y la superación de un jet-lag agravado por el calor húmedo de Nueva York cuando se pone pesado. Sky, se vino conmigo al hotel. Un hotelito bastante mono muy cerca de la New York Library, una biblioteca maravillosa abierta al público, donde casi se casa Carrie en Sexo en Nueva York y yo casi escribo un post en directo sino llega a ser por un programa malévolo que me rechazó las claves por ser un poco tarde.</p>
<p>El primer día paseamos Nueva York, de Bryant Park -patas arriba por la instalación de las carpas de la Fashion Week- a Times Square, de Union Square y su Farmer´s Market a la librería Strand donde Skyller me recomendó varios libros para llevarme. Adoro las librerías y parar a comer en un tailandés. Adoro que me dejen colarme en los autobuses con esa especie de camaradería entre los negros que me ha parecido percibir y de la cual he sido beneficiada varias veces. Porque mi Sky es negra del sur, y todo lo arregla con un "honey", un "darling" o un "sweety". Así consigue que me dejen colarme en el autobús porque no tengo suelto, me revisen el dinero de la tarjeta del metro y nos hagan un book fotográfico mientras posamos como modelos echándonos unas risas. Claro, que no hay más que ver su sonrisa para que te ponga de buen humor y eso se transmite. Nos reimos de todo, del fotógrafo profesional que nos hace una foto que solo saca el suelo, de la noche en la calle a las puertas del Metropolitan mientras una pantalla gigante retransmitía una opera que no pudimos escuchar porque siempre teníamos algo que decir, de la pareja que quería quitarnos nuestras "cup-cakes" que parecían atraer a cuanto viandante veía la caja.</p>
<p>El domingo nos embarcamos a Liberty Island, a ver a Miss Liberty recién abierta al público de nuevo, y a Ellis Island a ver el lugar de llegada de los inmigrantes donde hay un museo y Sky estuvo buscando a sus antecesores. Un día muy agradable que terminó con un paseo hacia Wall Street, donde me comí mi primer "New York Dirty Hot Dog" y toreé con mi pañuelo multiusos al toro de Wall Street ante el estupor de todos los viandantes. Por la noche cena en West Village y música de R&B en Groove, ya en Greenwich.</p>
<p>El lunes un poco de Metropolitan Museum para ver belleza que siempre reconforta y comida en Amy Ruth's en Harlem para probar la comida "ligera" del sur. Para bajarla, nada como un buen paseo por Central Park.</p>
<p>La segunda parte de mi viaje, siguió malcriándome de forma repetida. Aunque ahora tenía que trabajar, tener mil reuniones en un día y tener que guardar un poco esas formas ya perdidas durante el fin de semana, me trataron como a una princess. Entre ser transportada en coches gigantescos, cenas en sitios fashion, que si en el Meatpacking District, que si una brasserie japonesa en el Village, que si un super-chuletón... Saqué unos cuantos modelitos y me reí como loca ante la reacción de mi jefe al comer tofu y soba fríos ante el maitre más snob del sitio de moda más lleno de fashionistas en que he puesto los pies. Un vasco con hambre indignado con un menú de 85 dólares que terminó con pasta fría y una risa contenida de un camarero mexicano al que por fin alguien decía la verdad.</p>
<p>Reuniones con mil personajes variopintos, desde frikis de los números a ricachones con yate en Porto Cervo que se rien de nuestro nivel de inversión diciendo que es más baja que la de su mujer. De personajes con tics nerviosos a un australiano maorí relegado al mal tiempo de Boston por estar casado con una patinadora sobre hielo. Historias variadas, historias de gente, historias de altos de bajos, de ruinas y de éxitos que se perciben en días eternos de ocho reuniones en un día.</p>
<p>Tras el paso por Connecticut, cogemos el tren a Boston, donde nos espera un día lluvioso y un chuletón gigante. El día siguiente tras el enésimo madrugón y las enésimas reuniones quedo con un amigo.</p>
<p>Un amigo que me sigue malcriando, llevándome a cenar y de copas por la ciudad hasta que ésta se deja, hasta que cierran todos los sitios y nos echan a casa. Lloviendo, vamos andando hasta mi hotel, en un día turbio pero claro, cómodo a la vez que tenso. Finito pero con ganas de que fuera inagotable.</p>
<p>Y mandé un mensaje de órdago que no tuvo respuesta. En esta época en la que me encuentro en la que ya no me asusta exponerme y me lanzo al vacío. Pero respetando los espacios. Esos espacios cortos que a veces parecen tan lejanos y otras parecen desaparecer en un instante.</p>
<p>Y al día siguiente todo fueron paseos bajo la lluvia. Y vi el 80% de Boston, bajo un enorme paraguas de doble capa; negro y plata. Plata como el color del día, como el color de la bahía llena de gaviotas gigantescas.</p>
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Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/08/30/de-briatore-yates-y-gelattosDe Briatore, yates y gelattos2009-08-30T20:21:08+00:002009-09-01T22:28:58+00:00
<p>Después de varios dias en Alguero, dejamos el paraiso del paseillo y el gelatto, para recorrernos la carretera del norte de la isla de camino a Porto Cervo, lugar de atraque de barcos gigantescos cuya groseria estriba no en el dinero que manejan sino en como lo muestran. Porque, por mucho dinero que se tenga, para qué quiere uno un barcazo de tres pisos en el que el mar está tan lejos como un apartamento barato en la playa. Puro exhibicionismo, digo yo.</p>
<p>La costa norte, está mucho más vacía que el resto de la isla. Paramos en una playa paradisiaca con poquísima gente, entre dunas, larga y con el agua clara como es general en toda la isla. Fuimos también a Santa Teresa de Gallura, al cabo más septentrional frente a Córcega. Un parque precioso, acantilados de roca granítica muy blanca, con aspecto de cartón piedra y Córcega al fondo.</p>
<p>Llegamos a Porto Cervo, muy animadas. Dos intrépidas Lulus, que se van al fin del mundo, con un coche, un mapita y mucha curiosidad. Encontramos rápido el hotel. Muy mono, en una de las colinas que forman una costa tortuosa de montañas, pinos y calas de playas de agua esmeralda. Después de arreglarnos, nos vamos a ver los barcos, esperando el típico trajín "banusero" de cotilleo de barcos y restaurantes en cada esquina. Los barcos estaban. Claro que sí. Para dar y tomar. Gigantes. Una auténtica grosería.</p>
<p>Pero ni rastro de animación por ninguna parte. Sacamos el olfato y preguntamos a unos y a otros hasta que conseguimos cenar en un sitio poco animado pero rico y tomarnos una copa en Baia Sardinia, una zona un poco artificial con algunas terrazas, en las que las italianas pueden ponerse el taconazo, el escote y sacar todos los bolsitos de Louis Vouitton que se han comprado en Milan o al negro de la playa.</p>
<p>Porque los italianos, me han resultado de lo más estáticos. Plantan la sombrilla por la mañana y se quedan atocinados durante todo el día. Pocos juegos, pocos buceos para la densidad de población, e incluso pocos bañistas para la cantidad de "cormoranes" encaramados a la arena y subidos a una hamaca de Lido o a una toalla. En la playa, en lugar de vender Coca-colas, venden bolsos, gafas, cinturones, hasta zapatos de tacón, de imitación. No tienen ni que levantarse para irse con las compras hechas. El negrito de turno enseña la mercancía y se van con su bolso fashion para poder luego hacer el paseillo por la tarde mientras se comen un gelatto. Por la noche, también sosos, poco habladores, poco bailones, poco andarines. Estaban como anestesiados por el calor, como si todo el país tuviera la tensión muy baja y estuviera por los suelos hasta tomarse el enésimo café. Porque café rico hay hasta en la playa. En cada chiringuito que no falta, te sirven café en unos vasitos pequeños para llevar. La parte divertida debe consistir en arreglarse. Pintarse como una puerta, ponerse el modelazo y darse un paseo sosón.</p>
<p>Y eso que Briatore te recibe en cuanto llegas desde un cartel anunciando su discoteca "Billionaire", lugar al que no fui, una vez desistí de buscar un poco de animación por toda la isla.</p>
<p>Y es que la actividad se la dejan para el día. Para conducir nerviosos y adelantar en continúa, para no esperar un segundo mientras giras, mientras aparcas. Para colarse por donde pueden. Para plantarte la sombrilla, casi perforando tu toalla. Eso me pasó uno de los días mientras me tomaba algo en un chiringuito. Al volver me había nacido una familia alrededor y mi toalla era cubierta por la sombra de la sombrilla. Ante mi estupor, el mejor de los trucos. "Pensaba que la toalla era de mi sorella Caterina". Asi que si no tenéis sitio, ya sabéis, siempre podéis usar el truco de Caterina.</p>
<p>Cerdeña es un paraiso dentro del agua. Ser un pez, tener un barquito o llegar fuera de temporada, debe resultar encantador. Sus aguas son claras, transparentes y cambian un poco de tono en función de la costa.</p>
<p>Los italianos sorprendentemente sosos aunque amables, salvo al volante.</p>
<p>En Porto Cervo, empezamos a ver españoles pijos, que dan muchísima pereza. Te devuelven a esa parte de la sociedad, que hace tiempo decidí abandonar por aburrimiento.</p>
<p>En Madrid, me recibe calor y un pic-nic en el Retiro. Dentro de un rato una caña. </p>
<p>La energía de Madrid es única. También la que requiere.</p>
<p>Mañana empiezo a trabajar y el viernes a Nueva York. </p>
Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/08/26/con-media-italia-la-orilla-con-peces-el-mar-2Con media Italia en la orilla con los peces en el mar2009-08-26T21:49:19+00:002009-08-27T08:31:50+00:00
<p>Sigo en Cerdenya. Ahora mismo en Alghero. Acabamos de volver de una de esas playas fabulosas de la isla, esta vez cerca de Oristano y todavia estoy llena de sal y sin cenar.</p>
<p>Tengo que escribir este post en los 10 minutos que tengo antes de que me toque el turno de ducha y podamos irnos a rellenar nuestros cuerpecillos de pizzas de lujo, de pastas marineras o de melanzzanes de todo tipo y condicion.</p>
<p>Olbia nos recibio con el paseo calle arriba y calle abajo de toda ciudad de veraneo y con un gran atasco de vuelta de la playa. Los tacones de las italianas no resisten cualquier empedrado, aunque su capacidad para moverse con ellos como si vinieran incorporados con sus piececillos al nacer, me ha dejado pasmada. Tanto como los modelazos de lentejuelas con unico fin de pasearse por la calle principal comiendo un gelatto para irse a la cama y sacar el cincel para despintarse la cara que llevan pintada como una puerta.</p>
<p>Las playas de los alrededores tienen aguas cristalinas, y yo en lugar de lentejuelas me he venido con aletas, gafas y tubo, asi que me estoy convirtiendo en un pececillo buceador a medida que incremento mi color. Es decir, por fin soy una "morena". </p>
<p>Las orillas de las playas, por màs que nos alejamos hacia el infinito por carreteras de montana y curvas, siempre tienen muchos italianos adormecidos debajo de sombrillas de colores y chiringuito. No falta en ninguna playa algo que beber, o algo que comer, aunque es cierto que no estan metidos en la misma arena.</p>
<p>El top less no se estila, pero en cuanto veo una persona con poca tela, me apunto a su pandilla con alegria que para eso este ano casi no tengo marcas.</p>
<p>Hemos cogido ferrys, visitado calas y una cueva impresionante (la grotta di Neptuno), hemos visto acantilados, montanas y cabos.</p>
<p>Nos recorremos la costa de playas infinitas e interminables. Aguas claras, unas veces mas verdes otras mas azules. De tierra adentro no vemos mucho, porque hace mucho calor.</p>
<p>El pececillo, fue perseguido por un tiburon unos cuantos metros. Al grito de "ves algo" tuve que contestar que peces, aunque le hice nadar unos cuantos metros al tiburon por mi sordera acuatica.</p>
<p>La isla està petada. Hay que meterse en el agua y ver la playa desde el horizonte. Justo al reves. Asi se aprecian, pinos, bosques y arenas blancas. Es una isla preciosa.</p>
<p>Pero ahora me tengo que ir a cenar. Es mi turno de ducha.</p>
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Señorita Honeychurchhttp://s3.amazonaws.com/lcp/srtahoneychurch/myfiles/Una hab con vistas65x65.jpghttp://srtahoneychurch.lacoctelera.net/post/2009/08/26/con-media-italia-la-orilla-con-peces-el-marCon media Italia en la orilla con los peces en el mar2009-08-26T21:49:15+00:002009-08-27T08:30:26+00:00
<p>Sigo en Cerdenya. Ahora mismo en Alghero. Acabamos de volver de una de esas playas fabulosas de la isla, esta vez cerca de Oristano y todavia estoy llena de sal y sin cenar.</p>
<p>Tengo que escribir este post en los 10 minutos que tengo antes de que me toque el turno de ducha y podamos irnos a rellenar nuestros cuerpecillos de pizzas de lujo, de pastas marineras o de melanzzanes de todo tipo y condicion.</p>
<p>Olbia nos recibio con el paseo calle arriba y calle abajo de toda ciudad de veraneo y con un gran atasco de vuelta de la playa. Los tacones de las italianas no resisten cualquier empedrado, aunque su capacidad para moverse con ellos como si vinieran incorporados con sus piececillos al nacer, me ha dejado pasmada. Tanto como los modelazos de lentejuelas con unico fin de pasearse por la calle principal comiendo un gelatto para irse a la cama y sacar el cincel para despintarse la cara que llevan pintada como una puerta.</p>
<p>Las playas de los alrededores tienen aguas cristalinas, y yo en lugar de lentejuelas me he venido con aletas, gafas y tubo, asi que me estoy convirtiendo en un pececillo buceador a medida que incremento mi color. Es decir, por fin soy una "morena". </p>
<p>Las orillas de las playas, por màs que nos alejamos hacia el infinito por carreteras de montana y curvas, siempre tienen muchos italianos adormecidos debajo de sombrillas de colores y chiringuito. No falta en ninguna playa algo que beber, o algo que comer, aunque es cierto que no estan metidos en la misma arena.</p>
<p>El top less no se estila, pero en cuanto veo una persona con poca tela, me apunto a su pandilla con alegria que para eso este ano casi no tengo marcas.</p>
<p>Hemos cogido ferrys, visitado calas y una cueva impresionante (la grotta di Neptuno), hemos visto acantilados, montanas y cabos.</p>
<p>Nos recorremos la costa de playas infinitas e interminables. Aguas claras, unas veces mas verdes otras mas azules. De tierra adentro no vemos mucho, porque hace mucho calor.</p>
<p>El pececillo, fue perseguido por un tiburon unos cuantos metros. Al grito de "ves algo" tuve que contestar que peces, aunque le hice nadar unos cuantos metros al tiburon por mi sordera acuatica.</p>
<p>La isla està petada. Hay que meterse en el agua y ver la playa desde el horizonte. Justo al reves. Asi se aprecian, pinos, bosques y arenas blancas. Es una isla preciosa.</p>
<p>Pero ahora me tengo que ir a cenar. Es mi turno de ducha.</p>
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