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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

Categoría: Veladas

25 Mayo 2012

Homenajes

Interrumpo este silencio, porque hoy necesito escribir. Me dicen que tengo que dejar este blog, la casa de Honey, este personaje peculiar, un alterego neurótico y sensiblón que parece debo ir abandonando. Mi hermano, dice que no me viene bien, que me recreo en mis pensamientos demasiado y los analizo hasta la extenuación, en una especie de actividad egocéntrica introspectiva que no me viene bien. Que lo que me viene bien está en el exterior.

Le escucho y pienso que tiene razón. Pero cuando la necesidad de escribir aparece, no puedo evitar volver. Volcar emociones en esta casa de vivencias. Igual es una mala costumbre. De esas que se pueden dejar poco a poco o de sopetón con una de esas terapias de choque que no tenga marcha atrás. Un post que diga "Adiós" y fin de la historia.

Hoy es un día de recaída. Vengo de mi colegio, y al decirlo así me siento volviendo a la más tierna infancia. A esa adolescencia en flor en la que habitaba en un sin fin de inseguridades y esperanzas. En la que descubría de forma clara amores que me iban a acompañar. Amores al arte, a la literatura a esta pseudo-afición a escribir. Ha sido un día de homenaje. Homenaje al maestro, a mi eterno profesor de lengua y literatura. A la persona que siempre transmitió pasión, ilusión y esperanza en cada letra, en cada contenido de los libros que nos hizo leer, incluido el Quijote. Un Quijote, que es para siempre también mío, porque lo disfruté maravillada.

De modales castellanos viejos, y una sencillez austera, las clases se evaporaban en un aire de sueños interrumpido por una sirena. Eran años de descubrimiento; de primeros poemas, de cartas de amor cursis, de comentarios de texto en las que conseguía sacar relaciones de lo más peregrinas. Eran tiempos de exámenes largos que se volvían catárticos, en los que entraba en una especie de trance inspiratorio sin poder parar de escribir. Mientras los folios se agolpaban en una letra de poseída, el comedor convertido en sala de exámenes rezumaba olor a lejía y tortilla de patata. Tintineaban los vasos y los cubiertos, mientras pedía otro folio, enardecida por las mil ideas que se me agolpaban en la cabeza y a mi bolígrafo no le daba tiempo a escribir. Allí empezó mi verborrea. Siempre me he preguntado si, de verdad, era capaz de leer esos rollo gigantescos. Me encantaría leer alguno. No recuerdo lo que ponía, si la sensación de entrar en una especie de espiral solo parecida a lo que me sucede cuando vomito en este blog; llena de emociones e ideas que surten como si de una erupción volcánica se tratara.

D. Ignacio siempre me animó a escribir, siempre nos enseñó a mirar más allá de lo evidente. A analizar y buscar relaciones universales, que son las que de verdad valen en la vida. Y esa enseñanza me acompañará siempre. Ese placer que siento con cada libro, con cada sesión del Club de Lectura al que asisto, con cada poemilla intranscendente que brota solo de mí, con cada obra de teatro acompañada de un buen texto. Porque eso sí, me ha hecho ser un poco sibarita con los textos.

Y cuando vuelvo a atrás, siempre recuerdo la parábola de los talentos, siempre creí que tuve un don natural para expresarme por escrito, una sensibilidad más profunda de lo habitual, pero siempre siento que no he dado frutos, que lo tuve todo para darlos; predisposición, el mejor maestro imaginable pero algo me faltó. O me sobró.

Después de su homenaje, vuelvo a saber que no le tenía idealizado. Después de escuchar su texto, lleno de sensibilidad, conocimiento y sabiduría, vuelvo a entender el cariño y el agradecimiento que siento hacia este maestro. Porque fue maestro de lengua, de literatura, y del saber universal. De ese que Cervantes conocía como nadie y el consiguió transmitir hasta convertir los insultos de  "malandrín" y "bellaco" en todo un clásico de mi época adolescente. Algo que ahora daría mucha risa.

Llevo una semana de homenajes y reencuentros. Ayer con Nuria Espert, la dama del teatro, aquella que me enamoró para siempre en su Yerma de los años ochenta, la misma época que D. Ignacio abría mentes y almas a las palabras.

Y ya en casa, sola, rodeada de libros y recuerdos de viajes, no hago más que pensar: Qué suerte!.

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18 Diciembre 2011

Todas las Martas

Llevo una temporada con las Martas revueltas. Mis distintas facetas se me revuelven y entremezclan hasta provocar un permanente desacierto. La ejecutiva se muestra sensible y le tiembla la voz cuando regaña, la bailarina tendrá que llevar plantillas y la que escribe crea frases desafortunadas.

Y es que llevo una racha revuelta, en la que no encuentro confort en mi interior, y eso que escribo en un día luminoso, por fin tranquila en casa, después de otra semana programada de principio a fin. El sol entra por la ventana y me he despertado con una sonrisa después de un reencuentro con un amigo del colegio. Pasados casi 25 años. Ayer tenía el día guapo, por fuera y por dentro. Y escuché e intenté atar cabos y tuve la cita más surrealista del planeta, con un hombre y su perro. Al perro le caí bien y el hombre, en mitad de mi confusión, me dio un beso de despedida. Qué edades complicadas habitamos.

Intento recolocarme, no pedir peras al olmo y resituar a cada uno en su sitio. Porque siempre he sido polifacética y he sabido encontrar sustento en cada cual. He sabido valorar lo que cada amigo me aporta, cada situación me enriquece y así me he ido haciendo más sabia y tolerante. Pero, de pronto, solo veo mi ignorancia, lo que la gente no tiene en lugar de lo que da, las carencias en lugar de las aportaciones. Veo agujeros y huecos insalvables. Incomunicación y apatía. Y entiendo que ha de ser el punto de visión, porque la realidad será la misma. Como girando el caleidoscopio me hallo. Intentando ver los colores y las nuevas formas. Lo que llena y no lo que vacía. Lo bueno que se descubrió y no lo malo por descubrir.

Supongo que cuando me ponen contra las cuerdas, reacciono mal. La presión no me ayuda. Meses de altas exigencias profesionales y personales me pasan factura y me dejan lánguida, átona, viendo negro lo que siempre fue azul, rojo o amarillo. Monocroma y sin luz.

Ahora voy a darme un respiro, a sentir el aire y el sol. Ser más condescendiente conmigo misma. Siempre me han dicho que me meto mucha caña. Excesiva para mi sensibilidad. Y es que esta dualidad fuerte y sensible va a acabar conmigo. Aceptaré que yo tampoco puedo con todo. Porque cuando la balanza se inclina, hay que poner contrapesos en el otro lado para que vuelva al paralelo. Y así estoy yo rebalanceando y contrapesando mi propia naturaleza. Soy particular, qué le vamos a hacer. Y si aplazar implica un riesgo, no tendré más remedio que asumirlo, porque no puedo con todo.

Deshaciendo los nudos de mi espalda y mi cuello. Intentando no dar importancia a tratamientos injustos y casi despiadados, y mirando hacia delante. Sabiendo que soy luminosa, inteligente y sensible. Y esperando ser más hábil para sacar algo en claro de la ecuación.

Intentaré disfrutar de todas las Martas, ponerlas en fila india, y hacerlas desfilar vestidas de rojo, bailando al son de un buen jazz.

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13 Noviembre 2011

El arte de vivir

Es complicado a veces, esto de que pase el tiempo y te vayas configurando, creando un pasado tangible y un presente. Esperando un futuro que tratas a veces de atisbar, otras de eludir y la mayoría de las veces de ir capeando de la manera más sabia de la que eres capaz. Con sus incertidumbres y cargas. Con esas sorpresas positivas y esas grandes putadas que la vida a veces te hace pasar.

Y ahí está el individuo, solo o acompañado, pero con la única certeza de estar aquí y ahora y de ser como quiera y pueda mientras tenga su juicio entre las manos. Que desgraciadamente, no siempre sucede.

Toda mi vida he admirado sobremanera a los artistas, a la gente capaz de expresar algo bello, o conmover con algún tipo de emoción. Sea cual sea. Supongo que mi gran sensibilidad para algunas formas de arte - que no todas las formas de expresión me llegan igual- hace que la gran intensidad que soy capaz de sentir, o la sutileza, o la belleza, o la barbarie, o la injusticia o la soledad, hacen que el creador de la obra determinada en cuestión haya sido siempre acreedor de mi más sincera admiración.

Sin embargo, últimamente, voy afinando más mi juicio. Ahora no admiro a la persona de forma integral, sino que voy admirando una u otra capacidad determinada que no necesariamente me hace sentir cariño ni me conmueve. Será porque me encuentro con demasiado artista con mucha menor sensibilidad que la mía propia y con unos caracteres egocéntricos que directamente provocan la total anulación de su admiración como persona.

Por el contrario, cada vez admiro más a las personas con mayúsculas, esas que van capeando el temporal de la vida, conformándose o rebelándose cuando es necesario, adaptándose y respetándose a si mismos. A aquellos que no son artistas de ninguna materia concreta, que no tienen obras que enseñar más que su propia persona, su educación o su respeto. Aquellos que te hacen sentir bien en su casa, que siempre tienen un té, un vino o un vaso de agua. Aquellos que escuchan de verdad, con prudencia, sin impostar la voz ni proyectar su ego de forma permanente en el contrario. De la forma más libre que permite tu historia acumulada. Sin prejuicios ni sorna. Sin juicios que siempre se basan en el desconocimiento.

Hoy he estado rodeada de gente con arte. Una vez más me han hecho sentir bien un montón de personas diversas, de nacionalidades diversas, de profesiones diversas, de géneros diversos, de tendencias sexuales diversas. Y me he dado cuenta de que los admiro a todos, de una forma u otra. La obra de arte de su persona. Desde la educación, serenidad y riqueza cultural del anfitrión, hasta el cariño en cada pastel, en cada guiso preparado por varios de los comensales, el interés por la búsqueda, por superar miedos, por dar alegría y color. Podría dar una razón para cada uno de ellos, o varias. Cada vez necesito más tener una cierta admiración por las personas para que susciten mi interés. Puede ser el esfuerzo por mejorar, mirar hacia delante y tratar a todo el mundo con ese respeto que se merece cada ser humano. Porque todos somos diferentes y tenemos una historia que no siempre es de lectura fácil.

Después otra tarde con Nor, en la que nunca nos falta conversación, en las que el diálogo es verdaderamente diálogo, porque nos escuchamos de verdad, porque nos obligamos a articular un montón de pensamientos.

Y es que tengo suerte y estoy rodeada de gente que tiene mucho arte en la disciplina más complicada, en la de la vida. Gente que tiene arte de vivir.

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26 Octubre 2011

Cosas que hago cuando pienso en otra cosa

Este post lo tendría que haber escrito el domingo y tendría que haber sido uno de esos post en los que mi querido Laluz solía decir que que parezco la reencarnación de Haro Tecglen, pero algo sucedió el domingo que todos mis pensamientos se fueron a acompañar la tristeza de unos buenos amigos. Y es que cuando una quiere a sus amigos, siente sus alegrías y tristezas en su propia piel. Y eso me pasó el domingo.

Por la tarde fui a ver "Fuerza Bruta" en el circo Price. Había visto una serie de imágenes impactantes y tenía ganas de verlas por mí misma, dejándome llevar por esa plástica que envuelve y hace tener sensaciones. Estuvo bien; hubo momentos estelares impactantes desde el punto de vista estético, sobre todo, en los instantes acuáticos que dejaba una especie de sensación sobrenatural de ninfas sumergidas; mezcla de sirenas y "nacimientos de Venus" un poco más pervertidas. Una plataforma subía y bajaba hasta acercarnos esos seres acuáticos y ponernos encima de nuestros ojos, sus ojos, sus bocas, sus nalgas, sus vaginas envueltas en una ropa interior de colores suaves. Y los hombres por debajo, no sabían si tocar el plástico de la plataforma, si hacer una enésima foto con el móvil (hay verdaderos enfermos, que se dedican a verlo todo a través de esa minipantalla, perdiéndose la auténtica inmersión en el todo espacial), si babear o simplemente dar un salto y rozar con sus labios el material en teoría delicado que sujetaba a las sirenas, mientras ellas provocaban con sus labios en el otro lado.  Para nosotras no había nada, más que el contacto humano de una sala de circo redonda, apelotonada y en movimiento para dar cabida a cada nuevo artilugio que aparecía por ahí. Seres voladores que se deslizaban por un mar de plata, angustiosa carrera de un hombre que no llega a ninguna parte mientras choca con muros y se cruza con seres anónimos que se caen. Es curioso, pero me dio más sensación de surrealismo que de fuerza. No sentí yo tanta "fuerza bruta" debe ser que yo o soy más bruta o tengo más fuerza, me voy a empezar a preocupar por el grado de estimulación que necesito. Va a ser que ya he visto demasiadas cosas.

Claro está que esa misma mañana, iba yo al auditorio. Uno de esos conciertos mañaneros a los que tanto me cuesta llegar porque se me pegan las sábanas. Esta vez era Shostakovich, la orquesta nacional, un director polaco con un peinado a lo Pitingo y un violinista chino que compartía su peluquero aunque el corte le quedaba más gracioso.

No entiendo nada de música. Me pasa como el vino, me gusta o no, pero se me olvidan los nombres, aunque suela tener buen gusto. Me pasé el concierto en otro lugar, impactada por la desgracia que le había sucedido a mi amigo de la que me había enterado en el taxi justo antes de llegar al auditorio. Al oirme, el taxista me habla de cultura asiática y de reencarnación.  De su escaso miedo a la muerte que a mí me deja sorprendida. Me ha tocado un taxista filósofo y lo agradezco hoy. Envuelto en sus barbas y pinta de heavy.

Y sentada delante de una gran orquesta pienso en ello, mientras a veces cierro los oídos y no me entero de la música. En mi silencio interior. Un poco ausente. Como quien se baña en el mar sin mojarse la cabeza. Pienso en los instrumentos. En cual sería una buena reencarnación. Y como a nadie le gusta que le soplen o le golpeen, se me ocurre que el chelo, porque tocan sus cuerdas y le abrazan todo el rato.

Y se pasa el concierto sin que haya escuchado nada.

(Y es curioso, pero me siento como frívola y mal al escribir este post con el ánimo revuelto).

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2 Octubre 2011

Gracias Nor

Vengo de tomarme el último gin-tonic contigo y mañana tengo que madrugar. Hacía tiempo que el cuerpo no me pedía escribir recién llegada de copas, con el espíritu caliente y el alma libre.

Hoy lo siento así. Porque me has vuelto a emocionar con esas conversaciones que tenemos de alma a alma, de corazón a corazón, de razón pura a razón pura. Y te lo agradezco infinito. Por ser así. Por buscar de forma honesta y natural el crecer como persona, vencer barreras y ser feliz.

Por no tener miedo. O por tenerlo y saber vencerlo, que es lo que hacen los valientes, que lo primero es de inconscientes. Por saber creer en mí más que yo misma y visualizarme en futuro que yo percibo incierto y lleno de pánico. Porque hoy me he visto a través de tus ojos y he creído en mí y en lo que pronto haré.

Y te agradezco infinito que estés aquí conmigo, haciéndome ver lo que yo no veo y dándome el punto de vista masculino. Eso sí, de hombre generoso y evolucionado. Sincero y real.

Me encanta tu actitud. Nuestra tardía y radical valentía. Aquí estaré para cuando te caigas. Para que me cuentes tus avatares con las mujeres y con la vida. Filosofando sobre todo. De política a religión y hoy por primera vez hasta hablando de la bolsa, yo que nunca hablo de trabajo. Pero sobre todo, hablando del corazón. De nuestras peleas para dejar fluir este torrente, contenido por años de desarrollo personal centrado en la razón y el intelecto, de dejarnos la piel en trabajos que ahora vemos con relatividad satisfecha, pero con el vacío del tiempo que nos quitaron para amar, para ser nosotros mismos y guiarnos por la poesía y la acción, por la música y el teatro.

Quiero dar también gracias a Honey, a mi Honey que soy yo un poco camuflada, que permitió que surgiera este conocimiento más profundo en el que hoy nos encontramos.

Es un privilegio que seas mi amigo con mayúsculas. Esta noche me siento bien, siento el rumbo luminoso y sereno. De pronto me he visto desde fuera, y resulta que soy mejor que vista desde mi propio ombligo, y ha resultado todo un descubrimiento.

Gracias por darme fuerza. Gracias por tu amistad. Te adoro.

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25 Septiembre 2011

De amigos y bebés

Llevo un fin de semana de flor en flor. De boda a cumpleaños, de cumpleaños a otro cumpleaños, de bebé nuevo a bebé nuevo. Entre medias, el creerme una Beyoncé de 15 años me llevó a urgencias a mirarme una muñeca. Un giro y un resbalón me hicieron aterrizar en mitad de la pista de baile en la boda de un compañero de trabajo.

Bueno, todavía es peor. Soy su jefa. La escena "jefa desparramada en pista de baile con las ligas asomando por debajo del vestido" creo que se puede convertir en la comidilla de la crónica social post-partido. Y es que últimamente estoy en plan "pupas", bueno en plan "pupillas" que tampoco es para tanto. Creo que necesito un novio fisio, por si conocéis algún posible candidato por ahí. Que si un pie con tendinitis tras el Camino de Santiago, que si una lesión de muñeca por bailar como poseída en un bodorrio. Ahora mis necesidades deportivas, enfocadas en yoga y natación, para no forzar el pie, se verán reducidas al espacio acuático de momento. Ay, lo que me gusta a mi un baile!. Tendré que ir cambiando el funky por el vals o el chotis como siga así...

Tras la boda mañanera y el paso, elegantemente vestida, por urgencias, mi muñequera y yo nos fuimos al cumpleaños de una amiga. Rememorando bares clásicos de Madrid con nuestros enchufes habituales. Encontrándome con tanta gente maravillosa y variopinta. Como me gusta a mi esta pandilla. Marta recién vuelta de Tailandia, Phillou de ver gorilas en Uganda, hablar de libros y planes, de vacaciones a mogollón y en solitario, de parejas con niños , de parejas con gatos, de terrazas y aniversarios, de negocios propios, de comics, de libertades, vendimias, novios y novias, de cualquier género o condición, de artistas y nacionalidades. Tan buena gente alrededor de alguien tan especial. Una cumpleañera que hace original hasta lavarse los dientes. Mis pies no aguantaron hasta el final. A pesar de que la frase del día " estoy muerta, pero me voy a quedar hasta el final" subyacía en el ambiente.

Hoy ha sido día de conocimientos tiernos. He conocido a Nori, bebé precioso y redondito de mis queridos Sofi y Diego. Como la visita del médico, antes de irme a otro cumpleaños de mi otra pandilla que es la de siempre. Tantas pandillas que ya no me dan los días ni los minutos para tanta gente. Los necesito a todos. Todos me aportan algo, aunque mis afinidades vayan cambiando con el tiempo. Me encanta verlos, pero cada día me siento más bicho raro con ellos. Será porque nunca da tiempo a hablar demasiado. Porque la guardería se impone al petit-comité y no hay ocasión de hablar de intimidades. Porque las intimidades requieren otro estado anímico y otro tiempo. También hoy he conocido a Pablo, dos días mayor que Nori. Dos bebés de una semana, han sido demasiado para mis hormonas.

Ahora me siento sola y extraña. Deseando que me quieran un poco y me den ese achuchón de menos. Que ya son varios miles.

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5 Diciembre 2010

Extremadamente vaga

Aquí estoy, viendo un cielo gris por la ventana. Resistiendo a abandonar el pijama y buscando excusas varias para no salir de casa. Con cosas que hacer que nunca apetece acometer y soñando con próximas energías, encuentros y sol.

Supongo que una semana de mucho trabajo aderezada por una de esas reglas que te dejan como si ha pasado por tu cuerpo el séptimo de caballería tienen mucho que ver, junto a este tiempo de frío glaciar. Tampoco es que empezara muy descansada la semana. Un fin de semana en Londres con la Pandilla Maravilla celebrando el cumpleaños de Hugo, fue otro captador energético.

Ultimamente me da pereza escribir. Ya no siento la necesidad como antes. Pienso que a nadie le importa lo que haya de escribir. Y en ese nadie, me incluyo yo. Que cada día tengo menos ganas de hacer caso a mi pensamiento. Solo quiero vivir tranquila y relajada. O lo relajada y tranquila que mi vida y mi propia personalidad me dejen.

Me encanta la Pandilla Maravilla, no solo es gente activa y con intereses. Con creatividad y energía positiva. Sino que además son gente educada y con buenos sentimientos. Por eso estar atrapados en una cola en Barajas con un vuelo de Easyjet cancelado, fue llevadero. Lo peor: imaginar a Hugo al otro lado del charco con su fiesta programada y los invitados bloqueados. Todos con nuestras maletas reglamentarias llenas de ilusiones con un formulario de reclamación en la mano. Cuando todavía había suficientes en el aeropuerto para reclamar por un vuelo cancelado sin ninguna explicación. Antes de que fueran un bien preciado por la ausencia de controladores.

Finalmente, contra todo pronóstico nos fueron encajando en distintos vuelos. A distintos destinos. Si teníamos comprado el billete del Gatwick Express nos enviaban a Lutton, cuando ya pensábamos que algunos llegarían al día siguiente embarcaban a Gatwick. Una auténtica sensación de control y previsión que me hará evitar, en la medida de lo posible, esta compañía aérea, que a la vuelta también acumuló un retraso considerable. Tras semejante caos, solo nos quedó dar las gracias por poder disfrutar del fin de semana, finalmente. Esto lo pensaba cuando nos tomábamos de madrugada unas cervezas del minibar en el bar del hotel ya cerrado a nuestra llegada, para brindar por la "prueba superada", cuando caminaba cerca del Big Ben y de los edificios del Parlamento, cuando veía a lo lejos el "London Eye" y paseaba por Picadilly. Todo con un frío helador, pero sin lluvia. El sábado teníamos una consigna: a las seis en el Lobby del hotel con un Brit-look.

Y allí fuimos todos, y allí apareció Hugo junto a un autobús de dos pisos londinense en el que recorrer Londres de noche mientras bebíamos cervezas y champagne. Más de cincuenta personas llegadas de distintos puntos del mundo a celebrar el cumpleaños de Hugo. Solo él puede hacer algo así. Después de bebernos casi todo, el autobús nos dejó a las puertas de un club al que iríamos después. Antes acabamos tomando pollo frito en uno de esos lugares cualquiera en los que cumplir este trámite cualquiera de la comida en este país donde este hecho carece de importancia. Un rato en un pub calentito comiendo pollo frito para llevar y unas pintas. Después teníamos entradas para un club en el que las actuaciones entre cómicas y rollo-cabaret divertían a un público mayoritariamente gay. Me empiezo a preguntar si este colectivo es el único capaz de divertirse en las ciudades. Y me lo pregunto seriamente. Mucha fauna variopinta: osos, escoceses sin nada debajo, seres enmascarados, personas sin género definido, transexuales y muchos españoles despistaos.

A Hugo le sacaron al escenario y una supuesta mujer en su Burka (Miss Bagdad) le tiró unos cuantos puñales. Después un duo ingenioso y con muy buena voz, cantaba canciones protesta detrás de gruesas capas de maquillaje y pelucón, al más puro estilo Liza Minelli. El espectáculo posterior de unos escoceses bailando sus danzas regionales con bastante poca gracia y con una especie de feriante con peluca de payaso casi en pelotas, ya bajó mucho el listón.

En cualquier caso, un lugar libre y curioso, donde experimentar y desparramar con unas copas poco cargadas pero bastante baratas para tratarse de Londres y de un lugar con espectáculo (un poco marciano, sí, pero espectáculo al fin y al cabo).

Después de ésto ya me fui a dormir. Hubo gente que se fue antes y otros que mucho después. Para mi fue suficiente.

El día siguiente transcurrió tranquilo después de un desayuno copioso en el que ya estaba todo el mundo. Pandilla incombustible donde las haya. Spitafields y Bricklane eran dos zonas desconocidas para mí. Deambulamos, paramos en tiendas de segunda mano, me probé abrigos antiguos de piel, cotilleamos puestos. Lars se compró unos zapatos, comimos en uno de esos lugares curiosos de mezcla entre modernidad y antro industrial. Un cool-hunter fotografió al guapísimo Lars, con su estilo caiga el frío que caiga. Mientras yo con el moquillo colgando y un abrigo de esos que te hacen parecer el logotipo de Michelín, miraba con orgullo de amiga. Qué guapos, qué modernos y qué animaos son esta pandilla!.

Tras más paseo, un poco de metro y recogida de maletas, nos dirigimos a Victoria a coger el Gatwick Express hacia el aeropuerto. Antes una foto desde lo alto mostraba al grupo venido desde España. Un éxito de fin de semana. Una maravilla de pandilla.

Creo que me puedo permitir un poco de vagancia, verdad?.

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21 Noviembre 2010

De bodas, reencuentros y banquetes

Sigo en la misma tónica. Un no parar divertido y estimulante.

Un fin de semana que contenía cena con antiguos compañeros de estudios, boda de amiga de colegio, comida de cumpleaños y Club de Lectura. Una rueda de actividades ininterrumpidas entre las que introduje, una visita a la peluquería. Lugar de abducción en el que uno entra y nunca sabe cuando va a salir, aunque salga mucho más sabia, después de haber leído todos los "Holas", "Lecturas" y demás publicaciones de pelaje similar.

El viernes comenzaba con una reunión de tíos. Con mi vestido y mis botas mosquetero entraba en un bar un poco rancio, en el que mis compañeros, todos tíos, esperaban para tomar canapés y cervezas. Mas adelante llegó Ana, otra compañera que acompañó mi representación femenina con su no parar de hablar y marcha incombustible a pesar de su maternidad.

La boda del sábado fue de reencuentros. Amigas de la infancia y adolescencia, como quien dice. Años sin verlas. Mucho por hablar. Eso no impidió que días antes simplemente habláramos de qué nos íbamos a poner. Años sabiendo casi nada de nosotras y simplemente hablando de trapos y abalorios. Surrealista. Simbología de estas amistades que se fraguan en la infancia. Que se retoman con años de por medio. Después de bodas, de hijos y de divorcios. Incluso de segundas bodas. Y yo todavía en el camino de ida, cuando otros han ido, vuelto y hecho circunvalaciones. Es curioso como el cariño de los días de cole, se mantiene y permite retomarse con total naturalidad.

Junto a cariños aparecieron odios. La peor persona con la que me he cruzado hasta la fecha. Un cabronazo en toda regla y su mujer japonesa. La pobre, espero que el idioma le de otro color. Ni un saludo. Le negué el saludo, como prácticamente intento negar su memoria indeseable. Me removió un poco. Mañana estará olvidado.

Ahora tengo un holandés errante que me propone fines de semana románticos en Florencia desde Hong-Kong. Me alegra las semanas, aunque resulte tan difícil de ver. Tan claro, tan natural, tan guapérrimo. Finalmente será un fin de semana romántico en Amsterdam, ciudad sustanciosa de relleno del pan de Londres. Entre Londres y Londres, un jamoncito de jabugo holandés. Can´t wait!.

Hoy domingo hemos tenido otra tradicional comida en casa de Blanche. Esta vez ha sido marmitako. Y, como siempre, nos hemos relamido. Le ha gustado mucho su regalo. Me alegro de haber conseguido que lo tenga, que pueda estar online más a menudo. Aunque la organización de estas cosas siempre te deja algún sabor agridulce. Me he dado una sesión de niños, que siempre viene bien para luego retomar la paz con mejor conocimiento y aprovechamiento de la causa.

El finde terminó con Club de Lectura, con comentarios del libro de Patti Smith "Eramos unos niños" que nos ha encantado. Esa amistad pura, de cristal transparente. En la que el cariño supera el entendimiento. El amor en mayúsculas que  no entiende ni de sexo ni de condición. Algo que todos entendemos, aunque pareciera dificil de comprender. Totalmente inspirador. Gente en búsqueda constante. En crecimiento al ritmo de órdago. Capaces de jugarse la vida por su arte, por su esencia, por su convicción. Ávidos de experiencias y vida. Pero ella es así, cuanto más se consume de ella antes se acaba, antes termina su voracidad y agota su permanencia. El amor permanece. Y la elegía a Mapplethorpe, plasmada en este libro interesante e inspirador.

Esta semana comienza con eventos de trabajo y un gran plan para un nuevo capítulo: La Pandilla Maravilla en London.

Seguimos en acción.

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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