Categoría: La cocina
29 Enero 2012
Esta semana he retomado la actividad deportiva. No es que la hubiera dejado por completo, los que desde pequeños estamos acostumbrados al deporte, no podemos prescindir de hacer algún tipo de actividad en nuestra vida, aunque sea correr a por el autobús. Pero después de un año en el que por diversas circunstancias, no conseguía continuidad deportiva, parece que esta vez vengo decidida a continuar con fuerza.
Mi baile, esta actividad que tantos buenos momentos me ha reportado, tendrá que esperar de momento. Mis horarios erráticos, una tendinitis en un pie después de un Camino de Santiago, y el empezar a destiempo, van a motivar que haga actividades que requieran menos compromiso. Por tanto actividades, que reportarán menos placer. Al final el placer y el compromiso siempre van bastante unidos. Pero en este momento de mi vida, me conformo con esto.
Finalmente, he empezado a ir al gimnasio al lado de la oficina. Para escaparme cuando pueda a nadar, a pedalear, a lo que sea, con tal de moverme. También seguiré con mis actividades zen por la tarde: yoga, meditación y los pinchazos de un guapo acupuntor que me llevaría a casa de buen grado.
Ya estoy notando los efectos. Es cierto que mi cuerpo es agradecido, que la memoria muscular de muchos años de baile intenso hace que enseguida me ponga en forma sin grandes agujetas. Pero lo mejor efecto que en mi causa el deporte, es la vitalidad. El martes estaba medio dormida, como drogada, no sé si la combinación de las agujas sabias de mi acupuntor con una pastilla de melatonina - que he dejado de tomar, claro- hicieron estragos o fue la presión atmosférica, pero lo cierto es que estaba abotargada. Un empujoncito de alguien, hizo que fuera al gimnasio y así empezar la carga de las baterías anímicas que tanta falta me hacía.
Lo que es realmente gracioso, es la diferencia de ambientes entre los lugares que frecuento. Al ambiente variopinto, joven, más bien gay y modesto de la escuela de danza se sucede el ambiente "no sin mis siliconas" del vestuario femenino del gimnasio. Una sucesión variada de peinados y estilismos de partes íntimas de la más diversa condición y un lucir de tatuajes y musculitos masculinos bastante graciosa. Y eso que este gimnasio es de lo mejorcito que he visto. Gente bastante normal, para la fauna y flora que suele haber en estos lugares.
Mientras, descubro la meditación sin objeto espiritual ni religioso, la meditación de la consciencia y la lucidez, intentando tomar perspectiva y verme como un objeto sujeto a mi observación. Tomando distancia de mí misma y viéndome ahí, nadando tranquila en piscina como un camaleón ciego, uno, dos, uno, dos. Corriendo a la misma cadencia en una cinta o estirando mi cuerpo largo y sin límites en un saludo al sol eterno. Mirando mis anhelos e incertidumbres con calma y una cierta lejanía. La lejanía del que por fin se quita importancia, porque percibe que el mundo sería igual sin su presencia. Así que no merece la pena tanta energía invertida.
Calma, lejanía, lucidez, palabras que llevan a un cierto desapego. Y le pregunto a mi profesor, si esta calma puede producir desapasionamiento, falta de interés en determinadas cosas que te dejen gélido, sin calor, sin hedonismo. Y entiende la pregunta. Pero parece que hasta ahí es tan difícil llegar que nadie ha solventado esta pregunta. Porque desaprenderse como sujeto no es nada fácil. Desapasionarse por lo de uno no parece tarea baladí. Pero yo conozco al Obelix de la meditación. A una persona muy especial que se cayó en la marmita del estado zen, cuando era pequeño. Y le llevaría a clases de pasión. Para que metiera su carne donde se quema, donde duele y donde se disfruta. Porque el estado zen está bien para compensar, pero vivirlo 24 horas es como pasar de puntillas por la vida. O eso me parece a mí, a esta emoción andante tan racional.
Porque es curioso, pero estas meditaciones y estas sesiones de acupuntura tan orientales, me están despertando de nuevo al hedonismo mejor entendido, a la sensualidad y a las ganas de nuevos amores. Será porque mi acupuntor es tremendamente guapo?. Nunca se sabe. Yo creo que es cuestión de naturaleza, de equilibrio. Y cuando uno se balancea y se relaja, todo vuelve.
Y es que parece que para estar bien, solo necesito que me pinchen un poco.
servido por Honey
sin comentarios
compártelo
14 Enero 2012
Acto o acción de levitar, elevarse en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos.
Para que tenga lugar la levitación en presencia de un campo gravitatorio, es preciso:
- Una fuerza que contrarreste el peso del cuerpo (la fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto que levita).
- para que se halle en suspensión estable, es necesaria una fuerza adicional que contrarreste cada pequeño desplazamiento del objeto en levitación.
Creo que he encontrado la respuesta a algunas de las cuestiones sobre mi naturaleza, sobre mis necesidades de equilibrio. Y es que solo sé desplazarme levitando, sintiéndome liviana al ser suspendida por las diferentes fuerzas que componen mi ser. Soy un cuerpo flotante, que se suspende en un sin fin de intereses variados cuya intensidad en fuerza debe equidistar de los demás para que yo me mantenga suspendida y sin caer.
En cuanto una de las fuerzas tira más de la cuenta, o bien compenso con una fuerza contraria de similar intensidad o caigo al suelo, teniendo posteriormente que proceder a la cicatrización de heridas y al insuflado paralelo de actividades más sutiles que puedan hacer poco a poco hincharse al globo de colores que soy yo.
Saber de vientos y de física parece vital para mí. Saber de los hilos que tengo que tirar cuando uno se pone tenso, o las nuevas fuerzas que añadir para que tiren del ángulo adecuado para compensar alguna fuerza de pronto descontrolada.
Y es que no ir desplazándose por el suelo simplemente, tiene su coste. Es un trabajo inmenso, pero es si uno es aéreo o incluso acuático, no tiene nada que hacer. Simplemente tiene que lidiar de la forma más sabia con su naturaleza.
Otra dificultad añadida, proviene de la porosidad del cuerpo, cuando una es de una materia porosa pero resistente hay que tener cuidado con el flujo que atraviesa su sustancia, y decidir aquello con lo que quedarse y aquello con lo que hacer de colador, de mero conector inmune a aquello que no desea capturar.
Ultimamente intento verme desde fuera, ser el sujeto de mis observaciones para saber quien soy, en realidad. Creo que lo sé. Veo mi casa con las puertas abiertas, con esa necesidad de circulación del aire que oxigene y recicle. Manteniéndose acogedora y estable. Tener todas las puertas abiertas siempre fue importante para mí. Importante para tener más posibles fuerzas que pueda usar en mi levitación. Importante para permanecer porosa y libre.
Consciente de mi naturaleza, me encuentro en un momento de mi vida, en que dos fuerzas enormes están llamando a mi puerta. Más bien están pasando sin llamar a mi casa. Desde una levitación débil, conseguida con un artilugio un poco antiguo, me planteo si mudar. Si subirme a lo que parece un globo que vuela solo o seguir tirando de aquí y de allá construyéndome en mi telar.
Si me subo al globo tengo claro que no podré renunciar a mi naturaleza. Estoy segura de que tendré que hacerlo volar más alto, pintarlo de colores o llegar a la luna. Soy así.
servido por Honey
3 comentarios
compártelo
14 Enero 2012
Acto o acción de levitar, elevarse en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos.
Para que tenga lugar la levitación en presencia de un campo gravitatorio, es preciso:
- Una fuerza que contrarreste el peso del cuerpo (la fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto que levita).
- para que se halle en suspensión estable, es necesaria una fuerza adicional que contrarreste cada pequeño desplazamiento del objeto en levitación.
Creo que he encontrado la respuesta a algunas de las cuestiones sobre mi naturaleza, sobre mis necesidades de equilibrio. Y es que solo sé desplazarme levitando, sintiéndome liviana al ser suspendida por las diferentes fuerzas que componen mi ser. Soy un cuerpo flotante, que se suspende en un sin fin de intereses variados cuya intensidad en fuerza debe equidistar de los demás para que yo me mantenga suspendida y sin caer.
En cuanto una de las fuerzas tira más de la cuenta, o bien compenso con una fuerza contraria de similar intensidad o caigo al suelo, teniendo posteriormente que proceder a la cicatrización de heridas y al insuflado paralelo de actividades más sutiles que puedan hacer poco a poco hincharse al globo de colores que soy yo.
Saber de vientos y de física parece vital para mí. Saber de los hilos que tengo que tirar cuando uno se pone tenso, o las nuevas fuerzas que añadir para que tiren del ángulo adecuado para compensar alguna fuerza de pronto descontrolada.
Y es que no ir desplazándose por el suelo simplemente, tiene su coste. Es un trabajo inmenso, pero es si uno es aéreo o incluso acuático, no tiene nada que hacer. Simplemente tiene que lidiar de la forma más sabia con su naturaleza.
Otra dificultad añadida, proviene de la porosidad del cuerpo, cuando una es de una materia porosa pero resistente hay que tener cuidado con el flujo que atraviesa su sustancia, y decidir aquello con lo que quedarse y aquello con lo que hacer de colador, de mero conector inmune a aquello que no desea capturar.
Ultimamente intento verme desde fuera, ser el sujeto de mis observaciones para saber quien soy, en realidad. Creo que lo sé. Veo mi casa con las puertas abiertas, con esa necesidad de circulación del aire que oxigene y recicle. Manteniéndose acogedora y estable. Tener todas las puertas abiertas siempre fue importante para mí. Importante para tener más posibles fuerzas que pueda usar en mi levitación. Importante para permanecer porosa y libre.
Consciente de mi naturaleza, me encuentro en un momento de mi vida, en que dos fuerzas enormes están llamando a mi puerta. Más bien están pasando sin llamar a mi casa. Desde una levitación débil, conseguida con un artilugio un poco antiguo, me planteo si mudar. Si subirme a lo que parece un globo que vuela solo o seguir tirando de aquí y de allá construyéndome en mi telar.
Si me subo al globo tengo claro que no podré renunciar a mi naturaleza. Estoy segura de que tendré que hacerlo volar más alto, pintarlo de colores o llegar a la luna. Soy así.
servido por Honey
sin comentarios
compártelo
27 Diciembre 2011
Llevo todo el día haciendo nada. Pululando por redes y blogs, que son voraces en su apetito temporal. Cuando no tienes claro lo que quieres o te apetece te absorben con ahínco. Y las horas pasan.
Tengo un buen catarro y en mi garganta habita un gato asesino que ha decidido arañar hasta que grite. Parece que en cuanto paro de trabajar, mi cuerpo se relaja y las defensas se cogen vacaciones.
Estoy en un momento en el que no sé ni lo que quiero ni lo que me viene bien. Esta sensación es muy extraña para mí. Siempre orientada y caminando en línea recta.
Llevo un año viviendo en lateralidades que no me permiten avanzar. Sin caminos, sin líneas, con objetivos que fallan. Tratando de visualizarme a mí misma en esta vida que he ido creando casi sin querer. Aunque teniéndolo todo bastante claro. Ahora me veo horas muertas hablando con casi desconocidos o conociendo a amigos de otras maneras. Supongo que estoy en modo "prueba y error" y así me hallo errando más que nunca.
Tengo un hastío profundo, como de fin de temporada, pero la nueva no acaba de empezar. Algo de indolencia acompaña a esta congestión nasal que está sucediendo al dolor de garganta. Algo de ira sorda que no parece tener justificación.
Una habitación llena de papeles espera a ser ordenada un día en el que tenga tiempo y ganas. Siempre dije que lo haría un día con tiempo, pero hoy son las ganas lo que me faltan. Y la coincidencia de ambos factores es de por sí extraña.
De pronto me meto a una web de viajes y decido irme a alguna parte. Hacer el petate y poner en marcha mi espíritu viajero que tanto me ha acompañado estos años. Y que tanto me ha ayudado. Pero ahora me parece una huida hacia ninguna parte. Hacia ningún lugar del que luego vuelva más tranquila y centrada. Y esto para "Doña Centrada" no es ninguna ayuda. Pensar que ahora el descentrarse que siempre tuvo como recomendación no sea una prescripción médica. Que ese tiempo pasó y es hora de usar cualidades gastadas.
Pero quizá las gastase a destiempo. Quizá estuviera demasiado centrada cuando tuve que pulular y ahora que he de estar orientadísima no sea el momento para divagaciones. Pero las válvulas de escape no las encuentro. He usado tantas que no doy con las que ahora me funcionan. Y todo me carga y agota.
Pero algún día todo volverá a llenarme. Dejaré está congestión nasal y vital para recargarme de aire y agua salada. Y navegaré libre en un barco velero. Quizá con alguien, probablemente sola. Porque así ha de ser y así me perciben los extraños. Una marinera en su barco al viento.
Y llegaré a una isla donde encuentre al naúfrago más bello del mundo. Y nos bañaremos desnudos en aguas cristalinas llenas de peces de colores.
Pero qué día más tonto.
servido por Honey
3 comentarios
compártelo
15 Octubre 2011
Ando revuelta estos días. Física y mentalmente. Momentos de incertidumbre que no ayudan a dormir y mucho trabajo que ayuda a hacer nudos en las cervicales.
Me siento en "stand by", a punto de comenzar una nueva etapa de mi vida que nunca empieza. Hoy he recibido una gran noticia que me ha hecho llorar de alegría. De alegría porque es algo precioso, porque les pasa a personas que adoro, a la piel de mi piel, a la sangre de mi sangre. Ultimamente, estoy viviendo momentos muy felices de muchas parejas. Estoy encantada y siento una especie de ganas de abrazarlos todo el rato y saltar con ellos mientras se ríen.
Luego cuando se me pasa, me doy penita. Es un sentimiento que sé que tengo que evitar porque es negativo. Sé que no tengo motivos para ello, que soy afortunada. Luego me miro al espejo y entonces me doy más pena todavía. Es un poco cómica esta especie de autocomplacencia en mi pura lástima. Y lo que pasa es que me siento sola, muy sola últimamente y, la verdad, es que me veo guapa, leche!. Por lo que algo mucho peor que el físico tiene que ser para que nadie me soporte. Y entonces es cuando pienso: o será que la que no soporto a nadie soy yo. Y empieza un debate al más puro estilo Woody Allen con el que lo mejor que puedo hacer es un monólogo de risa. Y en este momento, me acabo de dar una idea a mi misma para poner en mi "to do list" : escribir monólogo de risa sobre la autocompasión (fundamental: hablar con un espejo).
Aparte de estas revueltas internas, que son las más importantes, ando de revueltas externas. Hoy es el 15O y no puedo evitar sentirme también entre dos aguas; la eterna historia de mi vida. Por qué no habré elegido pertenecer a algún grupo que me diga lo que tengo que pensar, la vida sería mucho más sencilla. Con la ventana abierta y este calor que entra en un Madrid anclado en el verano, me pregunto cómo podríamos hacer para que este movimiento ciudadano fuera útil. Para empezar, me refiero solo a los bienintencionados indignados con la corrupción fundamentalmente. Los interesados con fines partidistas no me interesan nada. Es más de lo mismo con otra vestimenta.
Tengo un problema ético cuando se habla de los mercados. Trabajo en ellos. Desde dentro, no puedo evitar ver las cosas de otra manera. Porque, a qué llama la gente mercados?. A Goldman Sachs?. Yo siempre hago un símil sobre este tema. Lo que llamamos "mercados" sería como hablar del "tráfico". Todos estamos de acuerdos que cuando hay mucho tráfico es una auténtico tostón y que hay un montón de bárbaros saltándose las normas por ahí y haciendo brutalidades. Pero nunca se nos ocurriría decir, que para acabar con la desgracia mundial habría que evitar desplazarse y cerrar las carreteras. Entendemos que son necesarias para desplazarse de un lugar a otro en un mundo cada vez más dinámico y sin fronteras. Por lo que en conclusión diríamos que, de forma general, que haya tráfico es un síntoma de salud de un país, que de otra forma sería un erial, un desierto o tierra glaciar. Lo mismo sucede con los mercados. De su existencia, depende que las empresas puedan crecer, desarrollar sus proyectos, contratar a gente que a su vez vaya al cine y al teatro y de trabajo a los actores y autores, hace que se desarrollen países canalizando el ahorro y los dineros de los que tienen a los que necesitan, etc... Y sí, hay una buena panda de bárbaros. Como al volante. Pero a diferencia de aquí en donde existen unas reglas, una policía y una cárcel independientemente de dónde seas, en los mercados la policía parece que ha hecho la vista gorda al albur de presiones de nuestros queridos políticos, más interesados en cubrirse el riñón que en la verdadera función social que se asimila conlleva dicha dedicación.
Los mercados están también llenos de gente honrada que trabaja día a día en que los negocios de los demás salgan adelante, que el sistema circulatorio de la economía goce de buena salud y no haya que sacarle la sangre por exceso de colesterol o un ataque al corazón. Sin esta sangre nada funcionaría. Y eso es lo que parece que desconocen estos movimientos y resultan tan utópicos y tan poco prácticos en su concepto.
El sistema es totalmente imperfecto, está lleno de avaricia, corrupción y, fundamentalmente, de seres humanos. Pero protestando sin foco no vamos a lograr nada. Cada vez hace más falta propuestas concretas y una nueva clase política dispuesta a no tolerar andanzas de individuos sin ética y sin razón. Porque si hicieran un "inside job" en nuestro país, sería interesante.
El sistema financiero es muy mejorable, pero necesario. Y sino quien no tenga hipoteca, que tire la primera piedra.
Así que ando revuelta, intentando entender los más allás de las cosas mientras oigo a jóvenes utilizando un lenguaje digno de la Pasionaria. Y pienso que ya ha llovido desde entonces, que hacen falta nuevos registros. Que hay que ser efectivo de otro modo. Y dicho ésto no sé a quien demonios votar; desde luego a ninguno de los partidos que han gobernado los últimos diez años. Porque es una pena que hayan echado a perder a un país lleno de ilusión y crecimiento.
Aunque padre de la novela picaresca.
PD: puede que en mi "grisura" me lluevan críticas por todos los lados. Pero qué le voy a hacer, así veo yo las cosas.
servido por Honey
6 comentarios
compártelo
19 Junio 2010
Cocteleros, os necesito. Necesito crear una de esas asociaciones de ideas como las que creábamos antes. Una corriente de energía positiva que recorra la blogsfera, ocasionando risas y recuerdos entrañables. Una corriente de cariño, que demuestre que este espacio no es frío, sino tan caliente como nosotros queramos. Como las casas, como los bares, como los pueblos.
Inicio esta corriente con algunos de mis recuerdos entrañables y situaciones marcianas, que me ha dado este blog en la comunicación con otros, vosotros, mis extraños tan familiares que os habéis vuelto amigos en su mayoría. Y me voy a poner nostálgica y divertida. Para que vosotros hagáis lo propio y nos riamos, y vuestra risa me llegue desde Murcia, Galicia o Cataluña. Desde la vuelta de la esquina o desde Japón. Desde la zona euro o desde las locas fluctuaciones monetarias de Argentina o el comparable americano. Y con esta risa, hago yo energía; energía para bailar, para correr, para amar, para vivir con una sonrisa en los labios. Y mi sonrisa, espero provoque la vuestra, en esta cadena de energía positiva que necesito me inunde a mí y a vosotros.
Sin pretender ser exquisitamente cronológica, mis recuerdos me llevan a Cadiz, y a una puesta de sol tomando una cerveza con Zarzu, el gaditano-alemán más querido de Rosario, una venezolana exquisita que dejó su país por amor. Vía coctelera, dejó su continente para terminar en Zahara de los Atunes encontrando el amor, que es muy caprichoso. Ella me llevó a él, y yo le busqué en un período de escapada de un trabajo inhumano, que pedía viento y mar. Límites geográficos y reubicación de mi materia en el espacio. Yo, sola en Zahara de los Atunes, busqué a Zarzu, me presenté y tuvimos una de estas conversaciones desde el corazón, que es desde donde hablan mis amigos cocteleros. A Rosario la conocí -físicamente- más tarde, paseando por esta playa inmensa y cenando una noche de verano en su restaurante. Tomándonos una copa en un chiringuito después. Con la magia de Cádiz, su mar, su luna y su viento. No pude ir a su boda en Venezuela, pero estoy feliz porque están juntos y por haberlos conocido.
Comer hormigas no suele ser mi plato preferido. De hecho, no recuerdo haberlo hecho finalmente. Hubo un día, sin embargo, que hizo que valiera la pena comerse todas las hormigas del mundo. Un día en que cuatro extraños muy familiares se encontraron para comer setas y berujas. Distintas edades, distintos atuendos, distintas vidas. Nick, con su camiseta de Capitán América, Calamarita con sus ojazos azules y su acento de aquí y de allá y Laluz mirándolo todo desde dentro mientras hacía alguna incursión en las hormigas. Encuentro fundamental en la historia de mi blog y que relató de una forma tan suya Nick. Solo puedo tener cariño por todos. Pienso en ese encuentro y sonrío. Me llena.
Luego hubo que ir a Barcelona, porque Maitexu e Ymiki estaban allí y había que conocerlas. Desplazamiento que también hizo Laluz con su preciosa mujer con los que di un bonito paseo por la Barceloneta. Y puse cara de angel a esos retazos que había compuesto sin piel y con mucho sentimiento. Y allí sigue ella, con su vida y yo con la mía, con su ciudad y yo con la mía, pero sabiendo que siempre haremos hueco para vernos cuando podamos. Con Alicia, hicimos algunas promesas. Ymiki resultó ser más escurridiza, pero era lógico, de donde sino iba a sacar sus experiencias para escribir. Intenté verla una vez en Cadiz, cuando ella estaba conociendo a su gitano, pero no pudo ser.
Después vino un viaje a Japón donde conocí a Nora, una japonesa muy especial. Una japonesa en Japón que me llenó de regalos para sus ciberamigos y me invitó a cenar tempura. El mundo entonces, se volvió pequeño mucho más pequeño. Por eso intenté quedar con mi mitómana preferida con la que incluso escribí un Blog Polifónico, en Córdoba, Argentina, pero solo oí su voz. Cosas de la logística. En uno de mis viajes a Londres, acabé con la Laluz, como caídos del cielo, en una fiesta de jóvenes arquitectos de los mejores estudios del mundo que viven en infraviviendas de suburbio. Allí como aterrizados directamente de la blogsfera, ese lugar en ninguna parte.
Y luego vinieron los chateos intempestivos, a tres bandas con mi Calamara y Laluz, en las que peleábamos en el barro todos los lunes. Chateos a dos con muchos más. Recomendaciones de conciertos de jazz por un músico , por entonces, berlinés al que no entiendo la mitad de los mensajes, por originales. Las conversaciones de amor y desamor con Mario, el diablo menos diablo que nunca he conocido. Y baños de burbujas de cariño y cumpleaños, estrenos de pelis, conciertos modernos y hasta de La Pantoja. Y proyectos de Gonci y Lucía poniendo palabras al agua. Fracasos y triunfos. Exposiciones de fotos, dibujos y guiones.
Y es que el ser humano, es el más interesante de los animales. Y lo digo recién llegada de Africa, intentando entender por qué es así para mí.
Y todo empezó aquí, a través de este pequeño espacio en el que intento ser yo o en el que intento entenderme. En este espacio, mi casa cálida que ha encontrado humanidad y cariño en sus invitados, y que quiere ahora, dar un grito de alegría: SOMOS COJONUDOS!.
PD: Qué extraño final para un post de "la Honey" no?. Toma nota, Desco.
servido por Honey
23 comentarios
compártelo
4 Marzo 2008
Vivo en una especie de aniversario japonés.
Hay días en los que tengo sensibilidad nipona. Es algo muy extraño viniendo de una madrileña con ascendencia burgalesa de morcillas y Papamoscas. Pero así es.
Hoy es uno de esos días. Hoy soy japonesa.
Me levanto con un día malo; día alérgico de vientos velocistas y regla dolorosa. Día de herpes en la boca y agotamiento total. Mientras me desplazo en autobús, voy viendo como los árboles se van desprendiendo de sus flores rosas.
Estos últimos días sentí que Madrid había sido conquistada por cerezos y prunos. Que Madrid vivía un sakura castellano de árboles en las aceras y flores desperciadas sin ser protagonistas de una sola foto. Y me acordé del peregrinar de Kyoto. De ese discurrir de gentes admiradas por una flor. Peregrinos de la primavera que veían en cada capullo que se abría una estrella del celuloide.
Yo les miraba entre sorprendida y maravillada. Fascinada por una valoración que aquí hubiera parecido muchas veces intranscendente. Y me acostumbré a mirar como ellos. A ver la delicadeza de un cerezo de ramas retorcidas cuajado de flores rosas de alma blanca.
Y sentir la primavera como renacer de la vida, como la cumbre de un ciclo vital que comenzó con una sola semilla, con la cimentación de una raiz, con el crecimiento de un tronco cuya misión era sujetar ramas dispuestas a abrazar al aire y a los pájaros.
Y ahora ya miro así. Mientras me marchito en un estornudo, mientras me ahogo en un polen, mientras me duermo en una almohada de antihistamínicos, siento la vida renacer fuera de mi. Y quiero saltar sobre la hierba, hacer fotos a cada flor que se abre, comerme un pic-nic en el campo metido en una cesta de paja, pero permaneceré a cubierto cambiando filtros protegida por naturalezas muertas.
En este devenir japonés, me ha llamado un amigo que se va pronto para que le recomiende lugares. El martes quedo con él. Hasta entonces le he mandado un correo con hoteles y direcciones. Un correo que he disfrutado yo más que él reviviendo algunos momentos. Otros amigos se van en abril, pero ellos tienen guía de lujo. (Nora, que se van todos para allá...)
Hoy he ido a comprarme el próximo libro para el Club de Lectura. He salido con otros dos; un "Tokio Blues" más para regalar y "Primera nieve en el monte Fuji" de Yasunari Kawabata. No he podido dejar de comprarlo. En mi estado japonés no podía no llevarme un título así, ni una portada como la que tiene.
Busco delicadeza y hondura. Luminosidad.
Ya os diré si lo encuentro.
servido por Honey
14 comentarios
compártelo
8 Septiembre 2007
Pues andaba yo cocteleando por ahí, cuando leí la enésima aventura de nuestra Ymki. Me dio pena el gitano. Me dio pena lo efímero de la pasión. Y no me lo creí. No me creí que de la noche a la mañana desapareciesen esos calores corporales, esas sensaciones eléctricas y ese deseo estival. Y me pregunté sobre su extinción o su no existencia. Sobre nuestras palancas, nuestros mecanismos y nuestras receptividades. Sobre mecanismos artificiales que nos autogeneramos. Engañifas que nos funcionan. Y envidié las álgidas calenturas de un ser vivo. Y me sentí lechuga. Fresca y poco alimenticia. En esas estaba cuando decidí comentar en su blog, le eché una bronca de abuela sensata, un tirón de orejas de mentora a pupila que no da todo lo que vale. Como si yo pudiera ser mentora de nada, mi universo templado una dieta alimenticia, o mi corazón ejemplo de nadie.
Y me respondieron sobre vértigos y miedos. Sobre yo hago lo que quiero y a vosotros os encanta. Pelín prepotente, pero con toda la razón del mundo. Me devolvió el tirón y estuve a punto de alistarme a un barco pirata a recorrer el mundo con la bandera de la calavera y un parche en el ojo. De hecho me lo estoy pensando.
En esas andaba, cuando en otro comentario me da por invitar a Laluz a visitar a la Drooker a Argentina. Craso error. Olvido imperdonable. Invitación informal e incompleta. Manoli me tira de la oreja que me quedaba sana al decirme que a ella no la he dicho nada. Pero si es un pack. Un pack de dos, o de tres. Mil perdones, de cuatro, que el Goran seguro que me muerde y yo quiero conocer a la Drooker con mis dos orejas completas.
Y seguí con el deporte. Con este deporte de riesgo en el que se está convirtiendo el universo coctelero y me encontré con un post gótico de Gonzalo. Y me dio el rollo Judy Garland. Y me dio por espolvorear buen rollito y encender un neón en una cueva donde se ilumina con velas. De esas derretidas con la cera a modo de palmatoria de castillo de Drácula. Y el neón iluminó los cables y el atrezzo de coña. Y rompió la magia. Y me sentí fresita en los mundos de Yupi. Esta vez me dieron patada en el estómago.
Arrastrándome hasta ésta, mi casita, llegué encogida por el patadón, con las orejas alargadas y maltrechas, como si toda la vida hubiera llevado pendientes de plomo.
Y desde aquí, arrastrándome por esta casa de templanza, ensaladas sosas, luces incómodas solo me quedan fuerzas...para ofreceros mi otra mejilla!
ZAS!
Piedad!
ZAS!
Vale, ya me callo...
Os adoro, por más que me déis!
ZAS!
servido por Honey
18 comentarios
compártelo