Categoría: La cocina
4 Marzo 2008
Vivo en una especie de aniversario japonés.
Hay días en los que tengo sensibilidad nipona. Es algo muy extraño viniendo de una madrileña con ascendencia burgalesa de morcillas y Papamoscas. Pero así es.
Hoy es uno de esos días. Hoy soy japonesa.
Me levanto con un día malo; día alérgico de vientos velocistas y regla dolorosa. Día de herpes en la boca y agotamiento total. Mientras me desplazo en autobús, voy viendo como los árboles se van desprendiendo de sus flores rosas.
Estos últimos días sentí que Madrid había sido conquistada por cerezos y prunos. Que Madrid vivía un sakura castellano de árboles en las aceras y flores desperciadas sin ser protagonistas de una sola foto. Y me acordé del peregrinar de Kyoto. De ese discurrir de gentes admiradas por una flor. Peregrinos de la primavera que veían en cada capullo que se abría una estrella del celuloide.
Yo les miraba entre sorprendida y maravillada. Fascinada por una valoración que aquí hubiera parecido muchas veces intranscendente. Y me acostumbré a mirar como ellos. A ver la delicadeza de un cerezo de ramas retorcidas cuajado de flores rosas de alma blanca.
Y sentir la primavera como renacer de la vida, como la cumbre de un ciclo vital que comenzó con una sola semilla, con la cimentación de una raiz, con el crecimiento de un tronco cuya misión era sujetar ramas dispuestas a abrazar al aire y a los pájaros.
Y ahora ya miro así. Mientras me marchito en un estornudo, mientras me ahogo en un polen, mientras me duermo en una almohada de antihistamínicos, siento la vida renacer fuera de mi. Y quiero saltar sobre la hierba, hacer fotos a cada flor que se abre, comerme un pic-nic en el campo metido en una cesta de paja, pero permaneceré a cubierto cambiando filtros protegida por naturalezas muertas.
En este devenir japonés, me ha llamado un amigo que se va pronto para que le recomiende lugares. El martes quedo con él. Hasta entonces le he mandado un correo con hoteles y direcciones. Un correo que he disfrutado yo más que él reviviendo algunos momentos. Otros amigos se van en abril, pero ellos tienen guía de lujo. (Nora, que se van todos para allá...)
Hoy he ido a comprarme el próximo libro para el Club de Lectura. He salido con otros dos; un "Tokio Blues" más para regalar y "Primera nieve en el monte Fuji" de Yasunari Kawabata. No he podido dejar de comprarlo. En mi estado japonés no podía no llevarme un título así, ni una portada como la que tiene.
Busco delicadeza y hondura. Luminosidad.
Ya os diré si lo encuentro.
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8 Septiembre 2007
Pues andaba yo cocteleando por ahí, cuando leí la enésima aventura de nuestra Ymki. Me dio pena el gitano. Me dio pena lo efímero de la pasión. Y no me lo creí. No me creí que de la noche a la mañana desapareciesen esos calores corporales, esas sensaciones eléctricas y ese deseo estival. Y me pregunté sobre su extinción o su no existencia. Sobre nuestras palancas, nuestros mecanismos y nuestras receptividades. Sobre mecanismos artificiales que nos autogeneramos. Engañifas que nos funcionan. Y envidié las álgidas calenturas de un ser vivo. Y me sentí lechuga. Fresca y poco alimenticia. En esas estaba cuando decidí comentar en su blog, le eché una bronca de abuela sensata, un tirón de orejas de mentora a pupila que no da todo lo que vale. Como si yo pudiera ser mentora de nada, mi universo templado una dieta alimenticia, o mi corazón ejemplo de nadie.
Y me respondieron sobre vértigos y miedos. Sobre yo hago lo que quiero y a vosotros os encanta. Pelín prepotente, pero con toda la razón del mundo. Me devolvió el tirón y estuve a punto de alistarme a un barco pirata a recorrer el mundo con la bandera de la calavera y un parche en el ojo. De hecho me lo estoy pensando.
En esas andaba, cuando en otro comentario me da por invitar a Laluz a visitar a la Drooker a Argentina. Craso error. Olvido imperdonable. Invitación informal e incompleta. Manoli me tira de la oreja que me quedaba sana al decirme que a ella no la he dicho nada. Pero si es un pack. Un pack de dos, o de tres. Mil perdones, de cuatro, que el Goran seguro que me muerde y yo quiero conocer a la Drooker con mis dos orejas completas.
Y seguí con el deporte. Con este deporte de riesgo en el que se está convirtiendo el universo coctelero y me encontré con un post gótico de Gonzalo. Y me dio el rollo Judy Garland. Y me dio por espolvorear buen rollito y encender un neón en una cueva donde se ilumina con velas. De esas derretidas con la cera a modo de palmatoria de castillo de Drácula. Y el neón iluminó los cables y el atrezzo de coña. Y rompió la magia. Y me sentí fresita en los mundos de Yupi. Esta vez me dieron patada en el estómago.
Arrastrándome hasta ésta, mi casita, llegué encogida por el patadón, con las orejas alargadas y maltrechas, como si toda la vida hubiera llevado pendientes de plomo.
Y desde aquí, arrastrándome por esta casa de templanza, ensaladas sosas, luces incómodas solo me quedan fuerzas...para ofreceros mi otra mejilla!
ZAS!
Piedad!
ZAS!
Vale, ya me callo...
Os adoro, por más que me déis!
ZAS!
servido por Honey
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1 Septiembre 2007
Vale que ha sido un feng shui obligado. Que el armario se me ha suicidado porque tiene dolores de barra y las paredes que lo sujetan están empezando a tener escoliosis. Pero, la verdad, es que finalmente me he puesto a tirar ropas, ropajes y ropitas acumuladas durante años.
Me disponía a irme a la piscina, cuando la barra que había conseguido volver a colocar yo solita, sin el marido de alquiler, se ha vuelto a precipitar sobre mi cabeza. Con todos los trajes haciendo serpentin sobre los zapatos.
Finalmente no he ido a la piscina. A cambio he decidido dedicarme a una labor muchísimo más divertida; tirar cosas. Sudorosa he peleado contra la barra de nuevo, y la he vuelto a colocar, no sin antes llevarme otros palos más en la cabeza. En esas estaba, cuando no me he dado cuenta de que llevaba luchando contra la barra de metal y una rosca puñetera un rato largo y el agua del cazo en el que iba a poner a cocer pasta, se había consumido. Cazo negro, renegrío y otra nueva actividad lúdico festiva para pasar el día.
Me he probado un sinfín de ropa para decidir cual tirar. He tirado camisas que no me pongo, porque no están mal, pero tampoco están bien y me he probado muchos vaqueros que han acabado en la bolsa de los desperdicios.
La conclusión a todo ésto ha sido la siguiente:
He echado culo. Tengo un hermoso pandero que no me permite abrocharme unos cuantos pantalones. Me gusta mi pandero. Me permite subir montañas a mayor velocidad y levantar la pierna hacia arriba y mantenerla en el aire, gracias al músculo del glúteo desarrollado haciendo "plies" y todas esas cosillas que hago en mi baile.
Y como no pienso adegalzarlo he decidido coger todos los pantalones que no me queden cómodos y ponerlos en la bolsa beige. Queda abierto el mercadillo.
Aun así, ha habido un par de vestidos históricos que no he podido tirar...esperaré a que vuelva la moda de los vestidos largos y sueltos.
Esos que pueden esconder culos, tetas y hasta una mesa camilla debajo...
Mañana intentaré ir a la piscina.
servido por Honey
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7 Agosto 2007

EN METHODE RAPIDE: Mouiller 250g de couscous avec le même poids d'eau bouillande salée. Beurrer, égrener à la fourchette, attendre 6 mn. Réchauffer quelques instants à feu très doux.
CON UN METODO RAPIDO: Mettere a bagno 250g. di couscous nello stesso peso di acqua bollente salata per 1 minuto. Scolare, aggiungere un po'di burro, mescolare con una forchetta e lasciar riposare per 6 minuti.
EN METODO RAPIDO: Mojar 250 g de couscous con el mismo peso de agua hirviendo salada. Echar mantequilla, desgranar con el tenedor, esperar 6 minutos. Calentar un buen rato a fuego muy lento.
QUICK WAY: Pour 1/4 l of salted boiling water over 250 g of couscous. Add butter, stir with a fork and allow 6mn to swell. Warm very gently for a few minutes.
Si hago el couscous a la española se me pasa, si lo hago a la italiana se me queda duro, si lo hago a la inglesa me quedará igual que a la francesa o a la marroquí. Habrá una razón oculta o será simplemente un defecto de traducción?. Habrá llegado a los oídos del fabricante de Marsella nuestra afición por la pasta pasada y por la preparación "al dente" de los italianos o un instante puede simplemente ser "un buen rato" si uno se lo pasa removiendo una cazuela. Relatividad del tiempo o defecto de traducción.
Por mayoría simple elijo la versión francesa. Como siempre manda la V.O.
En otro orden de cosas, contaros que esta noche rondarán por debajo de mi ventana Candela Peña, Mar Flores, Goya Toledo y un sin fin de actores, cámaras, maquilladores, directores, productores y demás parientes, que pasarán rodando toda la noche unas escenas de una película llamada "S" o "Ese" o algo así que no he entendido bien. Me han asegurado que harán poco ruido. "Yo solo preguntaba, por si he de dejar los tapones en la mesilla esta noche" a unos chicos del equipo que hacían guardia en una caravana aposentada enfrente de mi ventana.
Cualquier día salto al estrellato despeinada y con un tapón a medio salir de la orejilla. Visión surrealista que no sé si podrá soportar Mar Flores y su glamour de yates y Merinos, que no sé porqué sospecho pueda ser el productor.
Y este ha sido mi post marujón, marujón de una noche de verano sitiada por caravanas, cámaras, actores, catering cutre de bocatas y bizcocho secos, mientras descifro unas esquirolas instrucciones de couscous.
Esto es todo desde el corazón de la urbe madrileña de vuestra abnegada corresponsal.
servido por Honey
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25 Julio 2007
Aparecimos un octubre de hace años como una invasión urbana y fresca. Las ganas de pasarlo bien y tener nuevas experiencias se juntaban con nuestra juventud y energía. La amistad lo impregnaba todo de un aire mágico creando un mundo en el que todo era posible.
Era la vendimia de un pequeño pueblo de Orense. Nosotras vendimiadoras a tiempo parcial en las viñas de Godello de nuestra Sofia.
Nos repartimos camas y habitaciones en la casa familiar. Nos organizamos la comida y fuimos conociendo nuestras discrepancias, las particularidades que harían posteriormente nuestra amistad más grande y particular.
Nos lo comimos todo. Nos lo bebimos todo. Nos lo bailamos todo. Nos lo ligamos todo. Eramos "las madrileñas" y aparecíamos como una corriente de energía invadiendo el pueblo más cercano, haciendo auto-stop para volver a casa, consiguiendo chóferes que se hacían fijos y se convertían en anexos coyunturales de nuestra alegría.
De mañana, ataviadas con ropa vieja de los hermanos de Sofía, viejos pijamas, viejas botas, viejas camisetas, nos llevaban en un tractor como a las gitanas del desierto del Tar a echar una mano en la vendimia. Los jornaleros nos explicaban como cortar los racimos, mientras escuchábamos atentas y divertidas. Para ellos era trabajo, para nosotras nuestro último juego.
"Ahí vienen las madrileñas" nos decían al aparecer el tractor con nuestros cuerpecillos disfrazados en el campo. "Ay míralas, qué pronto se cansan las madrileñas" nos decían cuando se nos empezaba a convertir el juego en trabajo y nos empezabamos a escaquear.
Y mírabamos un paisaje abierto y limpio. Un paisaje de uvas frescas a punto de estallar, pidiendo a gritos ser cortadas de sus ramas.
Algunos días estuvimos solas, encargamos empanadas deliciosas, bailamos sin parar, nos enamoramos un poco, fuimos al río y cocinamos mientras aprendíamos a pintarnos el ojo. Otros días los compartimos con los padres y los hermanos de Sofía.
Nori, despedía fuerza por los cuatro costados. Mujer de gran carácter, soportaba en sus espaldas de gallega la crianza de cinco hijos seguidos. Acostumbrada a una familia numerosa, la madre de Sofía, cocinaba pucheros increíbles y abundantes. Llenaba nuestros estómagos adolescentes siempre hambrientos con menús muy lejanos de la nouvelle couissine de espumas livianas y platos para colgar en la pared con alimentos de muestra. Lo suyo era comida de verdad. Raciones increíbles pese a la numerosa tribu. Conquistarnos por el estómago fue tarea fácil.
Una noche nos invitaron a cenar a un restaurante. En una mesa larga, como de boda, se situaba esta peculiar familia numerosa. Después de casi reventar a comer, una queimada sin quemar puso el broche de oro a la cena.
Solo Nori hacía los honores. Fuerte, guerrera, anfitriona hasta las últimas consecuencias. Como aquello parecía alcohol de quemar yo me hice la loca y no bebí nada, como la mayoría de mis amigas.
"Tus amigas comen y beben como tíos" fue la frase estrella de uno de los hermanos de Sofía. Pasó a los anales de la historia del grupo y se recuerda en cada atracón colectivo.
Llegada la madrugada, volvimos a la casa. Un ruidito se oía en el jardín. Era Nori tomando el aire debajo de una higuera, librándose del calor de una queimada asesina.
Entre pucheros, debajo de una higuera, muy enérgica, así recordaré siempre a Nori, la madre de Sofía, aunque hoy esté muy malita tendida en la cama de un hospital. Porque lo siento en el alma, porque quiero a Sofía, porque somos una gran familia.
Porque ya no hay vides, porque ya no hay racimos de uvas frescas, porque ya no hay vendimias en octubre.
servido por Honey
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29 Mayo 2007
A mi me encanta. Cada vez que lo describo me miran con cara de terror, como pensando lo feo y extraño que debe de ser. Lo recargado, lo hortera y estrambótico.
Les digo que tiene lazos y tules, que termina en una falda abullonada por la que asoma una especie de can-can de tul negro. Que es de tela escocesa roja que entremezcla un hilo brillante de color plateado. Que la espalda la recorre un lazo cruzado a modo de corpiño que lo ajusta hasta donde quieras y remata el trasero con un lazo a modo de miriñaque. Que es tipo palabra de honor pero con unos tirantes finos queajustan la altura como los sujetadores. Que tiene gomitas en la espalda, como esos vestidos que recuerdan a los nidos de abeja de la infancia más tierna.
Lo remato diciendo que me lo puse en la boda que tuve el sábado con botas y con un torerita de lana para el frío.
Y que es precioso!

servido por Honey
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17 Mayo 2007
LOS COCTELEROS TE ADORAN
(A LEER CON "SE ME ENAMORA EL ALMA" DE ISABEL PANTOJA)
Los cocteleros te adoran,
Calamara molas
Cada vez que te leo
Que has publicado
Despeinada en pijama y en plan vaguilla.
Se me encienden las teclas cuando me gritas.
Se nos ha hecho tarde.
Entre risas y zumbidos hoy tampoco duermo.
Tu soñando con teasers, despachando relojes
Tu viviendo con vecinos que no hacen ruido.
Se me ha hecho tarde
Y con patas de gallo, ojeras y sin brío.
Mi mirada y la tuya se hicieron marmotas
Y volaron a su aire
Y volaron a su aire.
Los cocteleras te adoran,
Calamara molas,
Cada lunes en el barro
Corren apuestas
El mandarinas vigila mañana y tarde.
La Furia está encendida
La luz ya arde,
Se nos ha hecho tarde
Y entre risas y zumbidos hoy tampoco duermo
Tu soñando con teasers, despachando relojes
Tu viviendo con vecinos que no hacen ruido.
Se me ha hecho tarde
Y con patas de gallo, ojeras y sin brío.
Mi mirada y la tuya se hicieron marmotas
Y volaron a su aire
Y volaron a su aire.
Los cocteleros te adoran
Los cocteleros te adoran
Calamara molas
Los cocteleros te adoran
Calamara molas
Cada lunes en el barro
Corren apuestas
El mandarinas vigila mañana y tarde.
La Furia está encendida
La luz ya arde,
Los cocteleras te adoran
Calamara molas.
Josefa del peral.
Dedicado a Calamara en el día de su 25 cumpleaños (ay quien los pillara…suspiros de España)
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10 Abril 2007
Como un afinador de pianos, como un reparador de cuerdas de mi guitarra...voy al fisio para desenredar los músculos de mi cuello largo y recto. Lo peinan con los dedos una y otra vez. Primero un poco, luego llegan hasta el fondo, hasta la última lazada de las formas caprichosas de mis músculos yoguis.
Y quedan las cuerdas paralelas y elásticas, afinadas para una buena canción, para un buen baile. Me dice que se nota el ejercicio, que mis músculos son gomas cuyos nudos se hacen y deshacen con facilidad.
Y preparada para la rentrée, vuelvo estirada y dolorida a mis clases abandonadas hace un mes por mi periplo japonés.
Besos a mis bailongos preferidos. Olor a sudor y polvo. Jaleillo de primer día. Y nuevo calentamiento, y nueva coreografía.
Y mis músculos responden más o menos como si les hubiera estado susurrando al oído durante todo un mes: un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho...para que no se olvidaran de estirarse, de retorcerse, de esforzarse. No hice abdominales en el Ryokan, ni mi abrí de piernas en el tren...pero las cuerdas de mi guitarra cada día tienen más memoria...y me permiten tomarme vacaciones sin olvidar los acordes. Mañana será otro día.
Si no puedo moverme borraré este post.
Viva el baile!
servido por Honey
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