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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

Categoría: La biblioteca

15 Febrero 2009

Razón, pasión, existencia y ruidos

Ayer fui al teatro. En el Español ponían "El encuentro" , el nuevo montaje de Flotats que siempre es una garantía de calidad y contenido interesante. En la obra, se representaba un diálogo entre Descartes y Pascal en su época de juventud. El dramaturgo, Jean-Claude Brisville, ya me había convencido en "La cena", la mejor obra de teatro que había visto en mucho tiempo.

No sé si las altas expectativas despertadas por "La cena", el sueño, o mi pensamiento saltarín, hicieron que pese a que me gustó mucho, se me quedara un poco corta. Corta en tiempo fue, pero aquí hablo de corta en contenido. Un Pascal convertido en un talibán de la religión católica, no consiguió adentrarme en su pensamiento, en su ciencia, en su naturaleza superdotada que hubiera captado mi interés al instante. Un Descartes práctico y con la lucidez de la ancianidad prematura de esas épocas, resultaba bastante más creíble y agradecido. Imagino que Pascal pasó por esos momentos; de naturaleza enfermiza, su mente le hizo una pirula para buscar en la Fe, una creencia indemostrable que trascendía cualquier tipo de logro de su portentoso cerebro. En el fondo, una forma de abandonarlo, de dejar esa trabajo incesante que persigue a las mentes privilegiadas por el hecho de serlo. Un despilfarro. Eso es lo que sientes en toda el texto. Pascal va a despilfarrar su talento a merced de ideas que provocan otros tantos despilfarros menores en otras mentes. Pero estas no importan tanto. 

Me faltó más rango de contenidos. Un paseo por otros aspectos de sus vidas y pensamientos. El encuentro fue histórico y según la cronología pudo ser así. Pascal tenía 24 años y ya había hecho grandes descubrimientos matemáticos, pero ahí se encontraba en su época jansenista atormentado y radical. Quizá fuera así, el texto dentro de este contenido no podía ser mejor, pero mi entelequia esperaba un encuentro distinto. Un encuentro en el que Pascal no fuera un talibán, y Descartes ahondara más en sus teorías y descubrimientos. Se me quedó todo muy centrado en un solo tema, discutido además por un ser absolutamente enajenado y tembloroso. Actorazos, en cualquier caso. 

Es posible que en ese dilema, entre razón, pasión y existencia, yo me hallara un poco cegada por un reencuentro reciente. Un reencuentro de hace quince años que se me cruzaba entre estrofa y estrofa y me hacía perder por unos segundos el hilo de un texto que no permite pestañear mucho. Porque entre razón, pasión y existencia, ayer estaba yo en la segunda, un poco desconcentrada para lo que mi mente cartesiana evanescente suele ser. Porque yo soy cartesiana. O más bien, yo he sido cartesiana mucho tiempo. Después de la obra de ayer, me veo acercándome al Descartes viejo. Mucho más sentimental y cercano de lo que pudiera parecer. Me veo dispuesta a adentrarme en el mundo de las emociones. A crecer dentro de un área abandonada por un cartesianismo mal entendido, que no me ha permitido madurar en un terreno de arenas movedizas, en las que solo uno puede salvarse por la experiencia.

Y en esas estaba, cuando después de tomar algo, me fui a dormir. Agotada caí en un sueño profundo relajante que fui interrumpido de nuevo por unos tacones. De los tacones, pasamos al movimiento de sillas, del movimiento de sillas pasamos al de muebles más pesados, de eso a conversaciones en tono alto, de ahí a la música. Cinco de la mañana, seis de la mañana, siete de la mañana. Con el pelo revuelto, en pijama y con las babuchas cuya existencia ignoran mis vecinos de arriba, he subido un piso por las escaleras. Después de llamar al timbre, casi poniéndome de rodillas les he dicho "me estáis matando". Con un ya acabamos, se han recogido. No sé si han hecho más ruido, pues he recurrido a los tapones. Aunque los odio.

¿Por qué cuesta tanto el silencio?.    

 

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19 Julio 2008

El miedo

Quisiera decir algunas palabras acerca del miedo. Es el único y auténtico adversario de la vida. Sólo el miedo puede vencer a la vida. Es un contendiente traicionero y perspicaz, y bien que lo sé. Carece de decoro, no respeta ninguna ley, ningún principio. Te ataca el punto más débil, que siempre reconoce con una facilidad infalible. Empieza con la mente, siempre. Estás tranquilo, sereno y feliz y al poco rato el miedo, ataviado con la vestimenta de duda afable, se te cuela en la mente como un espía. La duda se encara con la incredulidad y la incredulidad trata de expulsarla. Sin embargo, la incredulidad es un mero soldado de infantería desprovisto de armas. La duda la elimina en un santiamén. Te inquietas. La razón viene a luchar por ti. Te tranquilizas. La razón está bien equipada con armas de última tecnología. No obstante, de forma asombrosa, a pesar de contar con unas tácticas superiores y un número de victorias aplastantes, la razón se queda fuera de combate. Te sientes debilitar, flaquear. La inquietud se torna terror.

El miedo entonces acomete contra el cuerpo, que ya se ha dado cuenta de que algo va horriblemente mal. Los pulmones ya han salido volando como un pájaro y las tripas se te han escurrido como una serpiente. Ahora la lengua se te cae muerta como una zarigüeya y la mandíbula empieza a galopar sin poder avanzar. Ensordeces. Los músculos te tiritan como si padecieras de malaria y las rodillas te tiemblan como si estuvieran bailando. El corazón se pone demasiado tenso y el esfínter se pone demasiado relajado. Y lo mismo ocurre con el resto del cuerpo. Cada parte de ti, de la forma que más le convenga a ella, se te desmonta. Lo único que sigue funcionando bien son los ojos. Ellos sí que le prestan la atención debida al miedo.

Te ves tomando decisiones precipitadas de forma atropellada. Despides a tus últimos aliados: la esperanza y la fe. Y ya está, tú mismo te has derrotado. El miedo, que no es más que una impresión, ha triunfado sobre tí.

"Vida de Pi". Yann Martel

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10 Febrero 2008

De improvisación y otras virtudes

Hubo un tiempo en que fui socia del Alfil. Durante esa época se sucedieron pequeños estrenos, correos masivos a los amigos y reclamos-zanahoria de consumición incluida en la entrada del teatro (ya se sabe que a algunos hay que entrarles por lo más básico).

El plan estaba bien; nos reuníamos todos, y nos sentábamos con una cervecita en el patio de butacas a ver con que nos sorprendían grupos de teatro reducidos con escenografía minimal.
Lo cierto es que después de varias obras en las que lo escatológico, las pollas gigantes y las mismas bromas zafias y recurrentes por doquier, se empeñaron en aparecer una y otra vez, me aburrí. Con cierta decepción, me pareció ver vulgaridad en un medio para mi todavía ubicado en una especie de altarcillo.

Porque yo amo el teatro. Me enamoré de él en la adolescencia más temprana. Todavía recuerdo el momento exacto. Fue en un "Yerma" interpretado por Núria Espert, ahí es nada. Todavía, me veo a mi misma pequeña y remetida en una butaca del Español o el María Guerrero (ahora no recuerdo cual de los dos templos). Pequeña de edad y con los ojos cada vez más grandes. Los ojos se me iban abriendo a medida que un escenario lleno de telas y lonas mutaba de una forma abstracta y eficaz. A medida que Nuria interpretaba la desesperación de una mujer yerma, de una mujer que no podía concebir. No sé si fue la fuerza del teatro, la fuerza de Lorca, la fuerza de la Espert, la fuerza de la temática, pero recuerdo que no podía parar de llorar y que cuando llegué a casa me puse a escribir como poseída, como invadida por una corriente de sentimientos que iban a explotar si no los canalizaba por alguna parte. Fue un papel. Fue uno de los primeros papeles que plasmaron la explosión de una sensibilidad exacerbada. Garabatos de adolescente recorridos por un carroussel de emociones.

Desde ese día le di mi amor. Me enamoré del teatro para siempre. Por muchas obras malas que vea, intentos fracasados de innovar, bodrios-promesa, tendrá para siempre mi amor. Porque cuando cuaja compensa todas las demás veces. Es arte en estado puro. Es auténtico, una verdad incontestable que tienes a pocos metros de tu alma.

Pero es un medio que hay que mimar. En un panorama lleno de vulgaridad, en el que lo mediocre y chusco parece lo normal, deberíamos conservar este teatro del alma. Existe. Doy fé que existe. La cena, Plataforma, Tío Vania, otras made in Shakespeare y un montón de otras obras estupendas hacen justo honor a esa herencia. En todas ellas existe un factor común; un buen texto.

Por eso cada vez que voy a un espectáculo de improvisación como el que fui ayer "Musicall" siempre me quedo medio vacía. La improvisación será un recurso necesario del actor, una herramienta equivalente a la red del trapecista, la elasticidad del bailarín, pero por si sola no es nada. Igual que no tendría ninguna gracia ver a un trapecista saltando en la red como si fuera una cama elástica o al bailarín haciendo apología una y otra vez de su flexibilidad, la improvisación per-se se queda muy corta. Porque para eso están los buenos textos, los ensayos y la profundización en los personajes. Para crear teatro de verdad, en mayúsculas. Y si el contenido se improvisa a través de vulgares mensajes al móvil, lo que veremos no será nada más que contorsionismo. Mucho mérito, no se lo quito, pero exento de emoción y profundidad, llegando justito al entretenimiento. Y eso es un despilfarro de talento.

Y es que en este país, la improvisación está sobrevalorada.

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13 Noviembre 2007

Haruki

Tiene Haruki algo que me hace sentir en casa estando a miles de kilómetros.

Algo que me provoca déjà vúes que nunca he visto y músicas que me convierten en shamisen y guitarra flamenca.

Saboreo cocidos madrileños de tempura y sushi cogiendo los garbanzos con palillos.

Bailo fandangos con kimonos de volantes, mientras florecen cerezos y azahares.

Y espero puestas de sol sentada en el sol naciente.

Mientras oigo clamar al silencio.

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6 Octubre 2007

La voz dormida

Tristeza y ternura. Fuerza y dignidad. Familias postizas en circunstancias extremas. Universo femenino que trasciende a la dureza y la agonía. Un grupo de mujeres encarceladas en la prisión de Ventas. Hechos históricos de esos tiempos que no hay que olvidar para no volver a caer en la más absurda de las atrocidades; el fratricidio.

Dignidad humana dentro de la indignidad más absoluta. Los sentimientos más puros y preciosos rodean los más lamentables y rastreros. Falta de libertad, falta de justicia, falta de igualdad. Las mujeres luchan por lo que creen, sobreviviendo, amando, apoyando a sus iguales. Una piña que se ayuda a alimentarse, a parir y a no dejar la vida perra que las acompaña. La vida que sueñan con cambiar y que tardará años en dar su fruto, demasiados años.

Por encima de todo, los sentimientos universales, sentimientos que acompañan a las personas cuando pueden ser consideradas como tales. Barbarie que acompaña a la barbarie, en todos los bandos, en todas las naturalezas desnaturalizadas por el odio y el horror.

Femenino es este libro de Dulce Chacón, en el que las mujeres se juegan la vida las unas por las otras, las mujeres aman y se embarazan. Esperan a sus hombres mientras se secan sus entrañas y su pelo se vuelve gris y marchito. Con la misma ilusión, con la misma esperanza de una vida que ha de empezar en algún momento. Mucha ternura. La de las miserias humanas cuando son comprendidas y acogidas con la naturalidad de quien las padece o ha pasado a entender ya cualquier cosa.

Ternura que se mezcla con dureza, la de los hombres que hacen cualquier cosa por ver a sus mujeres mientras pierden la piedad arrasando pueblos y personas. La dualidad humana, capaz de lo mejor y lo peor. Capaz de inspirar ternura en un momento y el más terrible de los miedos al siguiente segundo.

La resistencia física y mental. La capacidad del ser humano para acostumbrarse a cualquier cosa y sobrevivir. La no tregua, el sin perdón.

Y cuando veo las noticias, pienso que no hemos aprendido nada. Que esos años de sangre y horror al menos deberían habernos valido para cultivar el respeto. El respeto por la variedad, por las divergencias. El sano temor a herir, física y moralmente al prójimo. La ambición de prudencia y mesura, de tolerancia y aceptación por visiones diferentes.

Y me indigna lo que veo en las noticias y períodicos. La falta de respeto y calidad personal de nuestros representantes, que a mí no me representan. Pero que para poder representar a alguien intentan que sus electores sean cada vez más patéticos y manipulables. Intentan hacer personas maniqueas y mezquinas a su semejanza, para poder tener autoridad moral sobre seres similares. Y sentirse bien. Pero han perdido el respeto por la inteligencia, la mesura y la prudencia. Y por eso a mi no me representan. Porque la historia está para aprender de ella, no para revivirla.

Y cuando veo ultraderechistas madrileñosy ultranacionalistas catalanesjuntos a las puertas de la Audiencia Nacional, saco factor común; la estupidez. Una estupidez también universal que puede llevar a un judio a declararse neonazi. Sublimación del sinsentido y de la universalidad de los sentimientos. De los buenos y de los malos.

Del libro me quedo precisamente con uno de esos sentimientos universales. El del amor en mayúsculas. El amor eterno y para siempre. El que puede hacer a una persona esperar eternamente a otra mientras se marchita.Tras solo un beso.

Donde quedarán esos amores...

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10 Junio 2007

Amrita : abandonarse al fluir de una búsqueda tibia

Un grupo de gente estupenda inician su enésima actividad. En su ritmo imparable de fiestas, actividades varias y creatividad en sus más amplias facetas, crean un club de lectura. El libro del mes es Amrita, de Banana Yoshimoto.

A mi me gusta. Me abandono al fluir del libro. A su ritmo interno. A surodar anárquico y desacompasado como la vida. Y somnolienta escribo lo siguiente en mi libreta que me aguarda en la mesilla de noche, junto al despertador, los kleenex y el cacao para labios:

(No sé si destripo el libro al escribir lo que sigue, creo que no. Pero para aquellos a los que no les guste saber casi nada de lo que van a leer. Los que quieran verse sorprendidos por las páginas, este es el momento para dejar de leer el post)

Tristeza templada, congelación, opresión, apatía. Colores grises, beige, rosa palo. Labor de un difuminador sobre los sentimientos febriles.Serenidad contenida, estallido sordo.

Cotidianeidad y falta de sorpresa con lo menos habitual, con los sobrenatural, con lo mágico.

A treinta grados el agua, la sopa fría, el café descafeinado y sin alcohol la cerveza.

Aturdimiento y aceptación. Resignación, conformismo y a la vez búsqueda ante una realidad ambigua.

Convivencia con las nubes, con los fantasmas, con la confusión, con el dolor.

Perfecta expresión de un estado de letargo. Del mecanismo de autodefensa de la mente humana ante el shock, ante un golpe mortal.

Renacer de una persona nueva, reencuentro con una persona vieja. Combinación de ambas.

Buscar dónde queda la decisión. Determinismo inexacto, misterio, alucinación.

Conexión con otras mentes, con otros cuerpos, con la naturaleza, lo paranormal.

Me molesta lo extrasensorial, me trae a mi cama, a mi habitación, me saca de allí y me trae aquí, me hace perder credibilidad. Pero también me hace temblar. Introduce la propia confusión de la mente de Sakumi en mi. Estalla su cabeza. Va a estallar la mía.

Aceptación de lo raro como natural.

Me abandono al fluir, al aturdimiento que da una bajada de tensión, esperando encontrar la claridad del azúcar en la sangre.

Sigo leyendo buscando una explicación que ponga todo en su sitio. Pero acaso sucede eso alguna vez.

Confusión mental en estado puro.

(Prefiero dejarlas anotaciones de mi libreta para poner aquí, me da vergüenza leerme en alto.)

El debate ha sido variado. Ha gustado. Ha horrorizado. Mucho mejor. Universo multicolor. Coctail de sentimientos. De acuerdo en ciertos defectos de traducción, en falta de riqueza de vocabulario. A algunos les resulta determinante. Otros arrastrados por el fluir interno no reparan apenas.

Si os animáis a leerla. Contadnos qué pensáis de ella aquí o allí.

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27 Mayo 2007

Dios es mujer y se llama...Beyoncé

"Diego Armando Beyoncé?" me responde mi hermano a la afirmación tan categórica que le mando en un mensaje.

Ayer fui al concierto de Beyoncé con mis compañeros de baile.
Lo cierto es que pensé que no iba a conocer ni una canción. Me apunté por curiosidad, por bailar, por salir con mis compis de baile.
Pero conocía bastantes. De hecho, de pronto me entraban unas imperiosas ganas de hacer abdominales o estirarmecomo poseída. Y claro, es que mi profesor de baile es super-fan y nos pone muchas de sus canciones durante la clase. Allí estaría en primera fila, bailando como sus bailarines, soñando con ese escenario y un mayor espacio para levantar su pierna o dar un giro con salto al lado de la diva. Porque es una diva.

Vestidos espectaculares, luces simulando un Nueva York nocturno, barras luminosas, vestidos de danza oriental, músicas que no sólo tocan divinamente sino que acompañan un montaje estético a la perfección, como fabricadas por encargo. Casi todo mujeres. Casi todo negros.

Ella es perfecta; piernas kilométricas y fuertes, gran bailarina, piel de melocotón, voz diseccionada del resto de los movimientos. Ni un jadeo, ni una respiración. Sobrehumana. Cada imagen una foto potencial, ni un gesto raro al tomar aire, ni una letra del abecedario que le haga torcer la boca, hinchar mofletes, fruncir el ceño, arrugar la nariz. Yo busqué caries en sus dientes perfectos, que se notase el comienzo de sus extensiones. No sé, aaalgo, que me permitiese decir que ella es humana. Pero no, aparecía como una auténtica diosa en cada canción.

Sí, el viento soplaba para que su pelo siempre permaneciese tipo representación de "Alegoría de la Primavera", retirado de la cara, poblado, rizado, rubio.
Umm... rubio?. Beyoncé por ahí no paso. Tú te tiñes, no me mientas!.

En fin, que no sé si odiarla o formar una secta con ella como Dios.
Porque, francamente, a ésta sí que hay que querer parecerse y no a esas modeluquis anoréxicas y sin ritmo que habitan en las revistas de moda y las zonas vip. A ésta sí me la imagino tomando unas lentejas o una hamburguesa tamaño maxi después de los conciertos. De alguna parte tendrá que sacar la energía, digo yo.

Y transcribo aquí la conversación vía sms con mi hermano:

"Quieres escuchar a Beyoncé" le pregunto
"Pues preferiría bailar lambada con ella, la verdad. Estás en un concierto, no?. Creo que no merece la pena en este caso. Gracias por acordarte de mí. Está molando?" me pregunta él.
"Dios es mujer y se llama...Beyoncé" le contesto de forma categórica.
"Diego Armando Beyoncé?" me pregunta él.
"Diego Armando Beyoncé Jordan" le contesto yo.

Podéis seguir si queréis...

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17 Abril 2007

Revelaciones y danzas

El sábado tuve una de esas revelaciones que vienen directas de la memoria más lejana. Recuerdos que no se sabe que existen, imágenes diluidas por el paso del tiempo y por la saturación de brillos más recientes.

Siempre me producen sorpresa y me hacen sonreir.

Estábamos en la cola de un bar de copas. Una cola pesada y corta, pero interminable. Un chico alto, bastante guapo estaba delante de nosotras. De pronto la cola empezó a espesarse, a hacerse grumosa y solida. El alto empezó a meter a docenas de amigos que se multiplicaban como los gremlins en su versión pérfida. Tuvimos un segundo de empatía en las alturas, mientras mis amigas despotricaban y querían abofetearlo. Me miró un segundo e hizo un gesto lastimoso, como diciendo "qué le voy a hacer".

En ese momento sentí algo familiar en él.

Avanzada la noche, de pronto se me vino un nombre a la cabeza; Nicolás, el alto se llama Nicolás. Se lo pregunté a un amigo suyo que pasaba en ese momento por mi lado. Pensé que era imposible. Contestó afirmativamente. Y de pronto vi a un niño pequeño hecho mayor. Un niño de colegio adorable y larguirucho.
Nicolás era más pequeño que yo, y nunca hablé casi con él. Pero no sé como recordé su nombre y le reconocí en su cara de hombre.

No es la primera vez que me sucede. Reconocer hombres de niños vistos una vez o dos.Ya no digo nada. A mí nunca me reconocen. O he cambiado mucho o mi esencia no se transparenta. Porque yo creo que reconozco la esencia. Se me revela como un carnet de identidad.

Noche extraña. Poco antes recibo este mensaje al móvil:

Hola Marta
No me he vuelto loca!
Te escribo a estas horas para recomendarte Galili Dance en el Albeniz. Ultimo día mañana. Merece mucho la pena!. Besitos

Una compi de baile, consigue hacerme vencer la resaca y tirarme en una butaca de un teatro a punto de ser demolido.

Una música hipnotizante, tocada en directo, guía mi mente abandonada a las sensaciones y a la estética. Cuerpos atléticos y envolventes se mueven con fuerza y armonía. Armonía, mi palabra preferida últimamente. Marionetas y cuerdas. Luces que se mueven con autonomía. Fotos del público, tomadas a la entrada, que aparecen dialogando con los bailarines. Cuerpos increibles, diálogos entrecortados que son bailados al son de las palabras. Aparecen. Desaparecen. Y yo abandonada a sentir, dejada a la música y al movimiento.

No me gustó el vestuario de ellos. Un poco rollo sado-maso de cabalgata del día del Orgullo Gay. No sé que pensará Almodóvar que estaba entre el público de lo más discreto.

Quiero abandonarme más veces en el Albéniz. Que permanezca en armonía con la Puerta del Sol y Pontejos.

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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