Publicidad:
Terra
La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

Categoría: El observatorio

13 Noviembre 2011

El arte de vivir

Es complicado a veces, esto de que pase el tiempo y te vayas configurando, creando un pasado tangible y un presente. Esperando un futuro que tratas a veces de atisbar, otras de eludir y la mayoría de las veces de ir capeando de la manera más sabia de la que eres capaz. Con sus incertidumbres y cargas. Con esas sorpresas positivas y esas grandes putadas que la vida a veces te hace pasar.

Y ahí está el individuo, solo o acompañado, pero con la única certeza de estar aquí y ahora y de ser como quiera y pueda mientras tenga su juicio entre las manos. Que desgraciadamente, no siempre sucede.

Toda mi vida he admirado sobremanera a los artistas, a la gente capaz de expresar algo bello, o conmover con algún tipo de emoción. Sea cual sea. Supongo que mi gran sensibilidad para algunas formas de arte - que no todas las formas de expresión me llegan igual- hace que la gran intensidad que soy capaz de sentir, o la sutileza, o la belleza, o la barbarie, o la injusticia o la soledad, hacen que el creador de la obra determinada en cuestión haya sido siempre acreedor de mi más sincera admiración.

Sin embargo, últimamente, voy afinando más mi juicio. Ahora no admiro a la persona de forma integral, sino que voy admirando una u otra capacidad determinada que no necesariamente me hace sentir cariño ni me conmueve. Será porque me encuentro con demasiado artista con mucha menor sensibilidad que la mía propia y con unos caracteres egocéntricos que directamente provocan la total anulación de su admiración como persona.

Por el contrario, cada vez admiro más a las personas con mayúsculas, esas que van capeando el temporal de la vida, conformándose o rebelándose cuando es necesario, adaptándose y respetándose a si mismos. A aquellos que no son artistas de ninguna materia concreta, que no tienen obras que enseñar más que su propia persona, su educación o su respeto. Aquellos que te hacen sentir bien en su casa, que siempre tienen un té, un vino o un vaso de agua. Aquellos que escuchan de verdad, con prudencia, sin impostar la voz ni proyectar su ego de forma permanente en el contrario. De la forma más libre que permite tu historia acumulada. Sin prejuicios ni sorna. Sin juicios que siempre se basan en el desconocimiento.

Hoy he estado rodeada de gente con arte. Una vez más me han hecho sentir bien un montón de personas diversas, de nacionalidades diversas, de profesiones diversas, de géneros diversos, de tendencias sexuales diversas. Y me he dado cuenta de que los admiro a todos, de una forma u otra. La obra de arte de su persona. Desde la educación, serenidad y riqueza cultural del anfitrión, hasta el cariño en cada pastel, en cada guiso preparado por varios de los comensales, el interés por la búsqueda, por superar miedos, por dar alegría y color. Podría dar una razón para cada uno de ellos, o varias. Cada vez necesito más tener una cierta admiración por las personas para que susciten mi interés. Puede ser el esfuerzo por mejorar, mirar hacia delante y tratar a todo el mundo con ese respeto que se merece cada ser humano. Porque todos somos diferentes y tenemos una historia que no siempre es de lectura fácil.

Después otra tarde con Nor, en la que nunca nos falta conversación, en las que el diálogo es verdaderamente diálogo, porque nos escuchamos de verdad, porque nos obligamos a articular un montón de pensamientos.

Y es que tengo suerte y estoy rodeada de gente que tiene mucho arte en la disciplina más complicada, en la de la vida. Gente que tiene arte de vivir.

servido por Honey 4 comentarios compártelo

2 Noviembre 2011

El árbol de la vida

Acabo de llegar del cine. Esta vez el "árbol de la vida", esta película polémica que me ha dejado en estado shock. Con un rooibos delante y unas obleas dulces, tratando de tranquilizarme, me dispongo a intentar comprender qué demonios me ha pasado con esta película. En medio de la oscuridad, cuando empezaban a salir los títulos de crédito, una emoción intensa recorría todo mi cuerpo, toda mi esencia y de pronto no podía parar de llorar.

Qué tiene esta película, para que a mí me provoque esta ola de emoción, mientras al señor de al lado le provoca inquietud y ganas de hablar. La fuerza de los sentimientos y las imágenes era tan enorme que lejos de darme ganas de matarle, conseguía abstraerme ante sus ruidos y movimientos extraños.

Es cierto que tenía el día, que me planté en el cine descansada y dejándome fluir por un discurso onírico, poético y lleno de sentimientos. Supongo que la capacidad para conectar con esencias y sensaciones. La capacidad de hacernos sentir pequeños, ante un universo que nos muestra la micromagnitud de nuestra existencia. Su relatividad espacial y temporal. El convertirnos en unos seres que carecen de importancia con una perspectiva más amplia, todo explicado con unas imagénes oníricas, poéticas y llenas de simbolismo. Para después penetrar en un micromundo de cualquier lugar, en un aparente mundo armonioso en el que no pasan grandes cosas más las que fluyen por nuestras interioridades. En las interioridades de unos seres mínimos que amplifican su importancia a base de amor, represión o frustraciones. Para hacer esos sentimientos universales y sentirnos en comunión con el mundo.

La conexión con el yo niño que todos llevamos dentro, su convivencia permanente con un adulto entregado a tareas más o menos triviales, más o menos gratificantes. Encerrados en edificios de cristal en los que se reflejan los árboles, los árboles de la vida en otro lugar, en otro tiempo, en otra infancia que nos dejó marcados para siempre. Conviviendo eternamente con los que nos marcaron de por vida, para bien o para mal. Porque parece que el niño nunca muere y siempre aflora parte de su esencia.

Pero la frustración, el amor que hace que la vida no pase en una centella, la educación forzada por un futuro que nunca es el esperado dejando a un lado condescendencias más felices y más humanas, no tienen la más mínima importancia a la vista de los árboles, de esos árboles que permanecen erguidos y constantes. Dando sombra al pasado, al presente y al futuro. Cobijando temores, momentos felices y dinosaurios.

Y entre tanta frustración; el amor hace que nos sintamos vivos, los hijos es lo único que tenemos, pero en realidad nada es realmente importante porque somos una pequeña brizna de polvo en el espacio. En ese espacio de hoy que desaparecerá o nunca existió en el mañana o en el ayer.

Y siendo uno tan irrelevante ya puede seguir viviendo, con su niño dentro que le condicionará en función de otras vidas que no son la suya, sino la de otros adultos que fueron también niños. Adultos que se cobijaron en esos árboles que casi ni miramos, pero que permanecerán ahí hasta que las muelas del juicio se hayan extinguido por completo.

Termino de escuchar la música y leo detrás de mis lágrimas los títulos de crédito, intentando entender qué me ha pasado. Por qué no puedo dejar de llorar. Sensaciones y reflexiones que todos hemos tenido alguna vez. La esencia del ser humano reflejada en una pantalla, a la vez que dos dimensiones que se hacen protagonistas de la película: el espacio y el tiempo. Poniéndonos de una vez por todas en nuestro lugar. Cosa extraña en una obra realizada por el ser humano. Abandonar por completo nuestro alimentado egocentrismo con una absoluta sensibilidad.

Ver esta película es como ir a un concierto de música clásica, contemplar una obra de arte abstracta o disfrutar de una poesía.

Bravo.

servido por Honey 2 comentarios compártelo

15 Octubre 2011

Revuelta

Ando revuelta estos días. Física y mentalmente. Momentos de incertidumbre que no ayudan a dormir y mucho trabajo que ayuda a hacer nudos en las cervicales.

Me siento en "stand by", a punto de comenzar una nueva etapa de mi vida que nunca empieza. Hoy he recibido una gran noticia que me ha hecho llorar de alegría. De alegría porque es algo precioso, porque les pasa a personas que adoro, a la piel de mi piel, a la sangre de mi sangre. Ultimamente, estoy viviendo momentos muy felices de muchas parejas. Estoy encantada y siento una especie de ganas de abrazarlos todo el rato y saltar con ellos mientras se ríen.

Luego cuando se me pasa, me doy penita. Es un sentimiento que sé que tengo que evitar porque es negativo. Sé que no tengo motivos para ello, que soy afortunada. Luego me miro al espejo y entonces me doy más pena todavía. Es un poco cómica esta especie de autocomplacencia en mi pura lástima. Y lo que pasa es que me siento sola, muy sola últimamente y, la verdad, es que me veo guapa, leche!. Por lo que algo mucho peor que el físico tiene que ser para que nadie me soporte. Y entonces es cuando pienso: o será que la que no soporto a nadie soy yo. Y empieza un debate al más puro estilo Woody Allen con el que lo mejor que puedo hacer es un monólogo de risa. Y en este momento, me acabo de dar una idea a mi misma para poner en mi "to do list" : escribir monólogo de risa sobre la autocompasión (fundamental: hablar con un espejo).

Aparte de estas revueltas internas, que son las más importantes, ando de revueltas externas. Hoy es el 15O y no puedo evitar sentirme también entre dos aguas; la eterna historia de mi vida. Por qué no habré elegido pertenecer a algún grupo que me diga lo que tengo que pensar, la vida sería mucho más sencilla. Con la ventana abierta y este calor que entra en un Madrid anclado en el verano, me pregunto cómo podríamos hacer para que este movimiento ciudadano fuera útil. Para empezar, me refiero solo a los bienintencionados indignados con la corrupción fundamentalmente. Los interesados con fines partidistas no me interesan nada. Es más de lo mismo con otra vestimenta.

Tengo un problema ético cuando se habla de los mercados. Trabajo en ellos. Desde dentro, no puedo evitar ver las cosas de otra manera. Porque, a qué llama la gente mercados?. A Goldman Sachs?. Yo siempre hago un símil sobre este tema. Lo que llamamos "mercados" sería como hablar del "tráfico". Todos estamos de acuerdos que cuando hay mucho tráfico es una auténtico tostón y que hay un montón de bárbaros saltándose las normas por ahí y haciendo brutalidades. Pero nunca se nos ocurriría decir, que para acabar con la desgracia mundial habría que evitar desplazarse y cerrar las carreteras. Entendemos que son necesarias para desplazarse de un lugar a otro en un mundo cada vez más dinámico y sin fronteras. Por lo que en conclusión diríamos que, de forma general, que haya tráfico es un síntoma de salud de un país, que de otra forma sería un erial, un desierto o tierra glaciar. Lo mismo sucede con los mercados. De su existencia, depende que las empresas puedan crecer, desarrollar sus proyectos, contratar a gente que a su vez vaya al cine y al teatro y de trabajo a los actores y autores, hace que se desarrollen países canalizando el ahorro y los dineros de los que tienen a los que necesitan, etc... Y sí, hay una buena panda de bárbaros. Como al volante. Pero a diferencia de aquí en donde existen unas reglas, una policía y una cárcel independientemente de dónde seas, en los mercados la policía parece que ha hecho la vista gorda al albur de presiones de nuestros queridos políticos, más interesados en cubrirse el riñón que en la verdadera función social que se asimila conlleva dicha dedicación.

Los mercados están también llenos de gente honrada que trabaja día a día en que los negocios de los demás salgan adelante, que el sistema circulatorio de la economía goce de buena salud y no haya que sacarle la sangre por exceso de colesterol o un ataque al corazón. Sin esta sangre nada funcionaría. Y eso es lo que parece que desconocen estos movimientos y resultan tan utópicos y tan poco prácticos en su concepto.

El sistema es totalmente imperfecto, está lleno de avaricia, corrupción y, fundamentalmente, de seres humanos. Pero protestando sin foco no vamos a lograr nada. Cada vez hace más falta propuestas concretas y una nueva clase política dispuesta a no tolerar andanzas de individuos sin ética y sin razón. Porque si hicieran un "inside job" en nuestro país, sería interesante.

El sistema financiero es muy mejorable, pero necesario. Y sino quien no tenga hipoteca, que tire la primera piedra.

Así que ando revuelta, intentando entender los más allás de las cosas mientras oigo a jóvenes utilizando un lenguaje digno de la Pasionaria. Y pienso que ya ha llovido desde entonces, que hacen falta nuevos registros. Que hay que ser efectivo de otro modo. Y dicho ésto no sé a quien demonios votar; desde luego a ninguno de los partidos que han gobernado los últimos diez años. Porque es una pena que hayan echado a perder a un país lleno de ilusión y crecimiento.

Aunque padre de la novela picaresca.

PD: puede que en mi "grisura" me lluevan críticas por todos los lados. Pero qué le voy a hacer, así veo yo las cosas.

servido por Honey 6 comentarios compártelo

6 Octubre 2011

Regalo

Hoy estoy agotada. El insomnio me persigue desde hace días de forma implacable. Mi espalda ha vuelto a hacerse nudos por todas partes, y ni una vida entera saludando al sol en mis clases de yoga sería capaz de deshacerlos.

Mucho trabajo de planificación imposible y bastante desagradecido se junta a otro tipo de preocupaciones personales de las que hablaré solamente en mis pequeños poemas sin rima, en mis naderías. Alguna saldrá. O más bien, algunas van saliendo.

Pero hoy no quiero hablar de mí, de mis quejas que me hacen querer matar a mi jefe que asume que todos tenemos que aparcar nuestras vidas para darle servicio. De la carga que supone gestionar un gran equipo de trabajo con sus circunstancias, con el que me convierto en jefa, terapeuta, animadora y filósofa. Aunque de satisfacciones. Si de algo estoy orgullosa es de haber conseguido que un equipo heterogéneo funcione como tal; como un verdadero equipo. Mi filosofía de trabajo siempre ha sido generosa e inconformista. Comprensiva y un poco emocional. Algunas veces pierdo los nervios, pero creo saber pedir perdón cuando hace falta. Y suelto rollos filosóficos sobre compartir e inconformismo. Sobre mi particular visión de como deben ser las cosas. Mi jefe dice que ahora todo el mundo quiere viajar en el departamento a sitios raros, pero espero que aparte de eso logre transmitir algo más, aparte de la indignación que debería comerme cuando percibo injusticias que no puedo tolerar. Supongo que le pongo pasión al asunto. Aunque muchas veces el tema en cuestión me importe un bledo. Esto desgasta mucho y muchas veces, trastoca mi sueño y me vuelve irritable. Yo lo sé y lucho por evitarlo. No siempre con éxito.

En mitad de una vorágine de trabajo, inducida por la mala organización de la que somos víctimas, tenía una conversación con mi querida Elenilla. Un pedazo de mujer en la treintena que lleva casi diez años luchando con un cáncer muy rebelde. Una guerra durísima que ella llena de pequeñas batallas vencidas. Con el campo más minado. Con la ciudad llena de grietas y cicatrices. Pero viva. Llena de proyectos y amores. Con un marido que la adora y una cría recién adoptada en Vietnam. Ahora solo piensa en ella. En sus dientes saliendo y sus catarros. Olvidándose de su ser para preocuparse de otro. Pero ayer tenía una mala noticia que darnos. La batalla es cada vez más dura y nos derrota a los demás antes que a ella.

El día anterior había estado yo quejándome. Jefa llorona, qué le vamos a hacer. Y hoy teníamos otra clase de terapia, mucho más dificil. Frente a frente, sentadas en mi despacho, hablando de la vida y de la muerte, cada datos se hace banal, cada pataleta se convierte en absurda y cada informe podría ser papel mojado para tirar a la basura. Me dice que la vida es un regalo y que ha que tomársela como tal. Que es bueno quejarse y llorar por pequeñas cosas sin perder la perspectiva, porque eso signifca que estás vivo, que pones pasión en lo que crees. Ella también es así. Pero que cuando lleguemos a casa seamos conscientes y nos tomemos la vida como un regalo. Porque eso es lo que es.

Esta mañana me levantaba con la muerte de Steve Jobs y sus maravillosos discursos inspiradores. En los que hacía hincapié en la importancia de percibir lo efímero de la vida para darnos cuenta de lo poco que tenemos que perder respecto al resto de cosas y así animarnos a vivir con pasión, asumiendo retos y sin miedo. Un tipo creativo e inspirador. Que asumió la vida como un regalo.

Un regalo con el que hacer millones de cosas buenas.

servido por Honey 4 comentarios compártelo

3 Octubre 2011

Espíritu Cívico

Lunes, de buena mañana, con ese medio despertar del que se desplaza aplazando la acción absoluta, como dándose un margen. En el primer semáforo del Paseo de Recoletos que tengo que cruzar veo una valla, de esas de las obras, tirada en el jardín con las patas hacia fuera. Varios coches y autobuses pasan a pocos centímetros del elemento. Visualizo rayón y desplazamiento de la valla por los aires. Dormida y todo, decido quitarla de ahí en medio. Junto a mí hay varias personas esperando a que el semáforo se ponga en verde para cruzar.

La retiro y noto que me miran con cara marciana. Siento que tengo que dar una explicación por no haber seguido mi camino sin mirar alrededor, la ruta señalada debajo de mis orejeras. "Es que me ha parecido que se podía dar alguien. No está así mejor?" pregunto escrutada. Una señora me dice "sí, sí, está mejor" mientras nadie más contesta. Individuos alienados que miran hacia delante, como si los trescientos sesenta grados que les rodean no fueran más que un decorado que no ven, como esas escenas de acción que se construyen tras el montaje. Viviendo en una superficie plana de color gris en la que no pasa nada, en la que solo hay que desplazarse de un punto a otro, sin que nada ni nadie les moleste. Ni que decir tiene, que odio la no empatía. Que la gente sin expresión me pone mala y me dan ganas de agitarla hasta que haga algo, emita algún sonido o eche alguna mirada concreta.

Esta tarde, volviendo de trabajar, he cedido el paso a un coche que llevaba tres horas con el intermitente puesto y estaba condenado a pasarse ahí toda la noche. Pues le ha costado un rato pasar. Como pensando donde está el truco, se ha quedado un rato parado, por si se encontrase con alguna loca malasombra que fuera a atosigarle en el último momento.

Son solo dos ejemplos tontos de algo que vengo notando hace tiempo. A la ya manifiesta falta de civismo y educación. Al "antes yo que nadie". Se viene uniendo una especie de crítica velada al diferente, al tonto que intenta hacer las cosas de otra manera.  Porque el que intenta hacer la vida un poco menos agresiva en esta ciudad, definitivamente es tonto, no cabe otra posibilidad. A veces, me pregunto, si en el fondo no se tratará de otro defecto nacional. Si, estos comportamientos despectivos con el civilizado no contendrán en si mismos un reconocimiento de lo correcto. De que ellos saben que lo que está bien es así. De que muy en el fondo también querrían ser capaces de hacerlo porque alguna vez alguien intentó educarlos en lo correcto. Pero como es más costoso y no se deciden prefieren defenestrar al que sí lo hace porque en el fondo lo que tienen es envidia. Envidia del que controla sus instintos y avaricias en virtud de un bien general, que en el fondo es particular porque redunda en beneficio de todos. La envidia, el gran defecto que Ortega achacaba al pueblo español, es una lacra gigantesca. Que unas veces se manifiesta en falta de educación y otras en corrupción de cualquier tipo o en coches gigantescos. La rebeldía y no aceptación del éxito del otro no redunda en el ejemplo, no convierte al ocioso en trabajador, ni en activo al vago, no convierte a incívico en educado sino más bien a éste último en bobo.

Y me pregunto como se podrá erradicar. Como podremos mejorar en un defecto tan feo y tan destructivo para ganar en virtudes como la admiración, el trabajo o la paciencia.

Hoy lo comentaba con mi profesora de inglés, en esas clases en las que continúo para seguir mejorando mi acento y vocabulario a pesar de que esos estudios extraños que salen en yahoo digan que el acento español es el más sexy. Y ella, escocesa de nacimiento, me contaba una anécdota simpática de una araña subiendo en la pierna de una señora en un vagón de metro. Ella la avisó y ella muy digna la miró como si fuera una marciana porque se permitió el lujo de traspasar su decorado inmóvil y uniforme, su silencio lleno de figurantes de cera.

Supongo que son percepciones que se tienen cuando viajas, cuando ves otras realidades más allá de tu ombligo. Cuando amas a tu país porque ves claramente sus defectos y esto es lo que es amor de verdad. Todos nos deberíamos dar unos cuantos paseos por el mundo. Con los ojos bien abiertos. Absorbiendo materia y espíritu, virtudes y espíritu cívico.

servido por Honey sin comentarios compártelo

1 Septiembre 2010

Vueltas e idas

Madrid se ha llenado. Ella que estaba relajada, con la casa a medio limpiar, a medio recoger, con las ventanas abiertas y la cama deshecha. Ha tenido que ponerse a tono de repente. Porque todo el mundo ha vuelto. Pletóricos de energía los coches invaden el asfalto. Pasado y repasado una y otra vez. Caliente y malhumorado.

Y volvieron las carreras y los atascos. Los proyectos importantísimos que, de pronto, pasaron a segundo plano porque era agosto. Y este país se medio para. Yo diría que este año se ha parado entero. El agosto más tranquilo vivido jamás. Los ejecutivos yonkies del trabajo, se han dado por vencidos, extenuados ante tanto proyecto marchito, ante tanta crisis de la que no salimos ni yendo al cine. Así que han decidido desaparecer.

Y yo que me quedo al pie del cañón, guardando el chiringuito, este año he vivido con un aburrimiento supino, a veces muy agradable. La mejor parte, el conservar energías para cualquier otra actividad. El conducir tranquila para coger confianza. Los planes de por la tarde, la vida a medio gas. Las escapadas de fin de semana a tomar energías al mar. Para llenarme de brisa y de luna. Para mirar las estrellas y conectar con mi yo sensorial.

Pero ahora estamos aquí todos. Llegan morenos y sonrientes. Un poco descolocados. Preguntándote que qué tal las vacaciones, porque en este país todavía es inconcebible que no te las hayas tomado en el mes de agosto. Y piensas, que nada será tan importante si puede esperar un mes. Pero pasado mañana estarán de nuevo como si la vida les fuera en ello. Y apretarán las tuercas y las energías. Y perderán la paz, el moreno y la sonrisa. Una semana, como máximo les durará una semana su paz interior.

Y ajena vivo las vueltas desde el mismo sitio. Desde donde estaba cuando comenzó la diáspora veraniega. Como espectadora de idas y venidas desde un estado inalterado. Vuelven renovados y se sienten distintos los infelices.

Yo reiré la última. En unas semanas me marcharé a la costa oeste de Estados Unidos. El agosto es el peaje a estos viajes alucinantes que me meto. Mientras pueda seguiré haciéndolo, aunque es cierto que el descanso mental de los viajes, el enriquecimiento personal, muchas veces no viene complementado por el descanso.

Esa desconexión con la que vuelven los que se van mínimo tres semanas. Con esa cara de despiste tan divertida. Una cara más simpática e inocente de la que mañana tendrán, cuando el ritmo vuelva a sus espaldas y ansiedades. Yo hace siglos que cambié esas desconexiones por otras conexiones más exóticas.

Todos de vuelta, yo de ida

Entre medias he vuelto al mercado. A cotizar en una de esas webs de búsqueda de pareja en las que ya estuve antes. Por cotillear un poco. Por ampliar círculos. Por dar una última oportunidad al amor. Pero vuelvo a necesitar una secretaria para gestionar contactos y correos. Un trabajo de directora de casting malvada que puede llegar a resultar agotador. Porque hay que echar mano de la intuición y de la inteligencia. Y de una paciencia infinita. Y no estar de vuelta en esto tampoco.

Modo "de ida" ON.

Tags: sensaciones

servido por Honey 4 comentarios compártelo

13 Agosto 2010

Caprichos

 

Dicen que el amor es caprichoso, que aparece cuando menos te lo esperas y que se muestra escurridizo cuando parece que lo vas a agarrar. Como untado en jabón el amor que a mí me tocaría, se escapa de mis manos, por miles de razones.

Parece mentira la dificultad en la coincidencia de la bilateralidad del sentimiento, del momento de cada uno y de las barreras personales que nosotros mismos nos instalamos.

Imagino, que yo estoy en ese punto de "sin barreras" al que me ha costado bastante llegar. Con ese ojo clínico que me caracteriza para enamorarme del más inconveniente, porque imagino que tiendo a ver lo que pueden ser las personas una vez se liberan de ciertos miedos. Veo buenas bases, buenos corazones, sentimientos puros e inteligencia. También veo el miedo, la indecisión, la incapacidad emocional, o la falta de perspectiva vital determinada. Pero por alguna razón, siempre pienso que esto segundo es superable. Se me olvida que tiene que haber una voluntad valiente y entregada para vencer esos miedos y limitaciones. Y que, simplemente, no todo el mundo la tiene o la quiere tener.

Porque la voluntad es libre y caprichosa. Como el amor, que se fija en quien no puede dar y hace la cobra con quien parece dispuesto a darlo todo. Esto es un lío de dimensiones espaciales. O la cosa más sencilla del mundo. Todo depende con quien se tope.

Es curioso cómo a personas con gran inteligencia racional, capaces de enfrentarse a todo tipo de retos difíciles, estas pequeñas cosas sencillas de la vida, les resultan tan complicadas. Fluir sería mucho más sencillo. Abandonar un poco la mente y dejarse vagar por el río de lo que uno siente en un instante. Sin pensar en consecuencias y embrollos.

Porque fluyendo resulta todo mucho más fácil y rico. Descubrimos cosas de nosotros mismos y retiramos bloqueos en la parte del pecho, del corazón que está habitualmente acorazado entre las costillas.

Ayer en clase de yoga, desbloqueábamos el corazón, para ir por la vida regidos e iluminados por él. Abandonando un poco el giro rápido de cabeza de la rapaz, del felino en cacería y del antílope en alarma permanente. Porque somos humanos y tenemos la capacidad de elegir como caminar por la vida. Y yo paso de ser ninguno de estos animales. Elijo ser humana y dar preponderancia al corazón, que junto con la razón, nos distingue de ellos. Porque ellos aman por instinto. Y nosotros podemos elegir hacerlo o no.

Y yo elijo que sí, y por eso respiro hondo, ensancho los pulmones y proyecto mi corazón hacia delante, dejando mi mente fluir tranquila y serena. Decidiendo que me rija un poco la voluptuosidad, los sentimientos y el alma.

 Aunque sean caprichosos.

 

Tags: sentimientos

servido por Honey sin comentarios compártelo

11 Agosto 2010

Agosto madrileño

Agosto es la llanura castellana,

amarilla y ocre.

Un ejército de girasoles en el campo,

mirando hacia a algún lugar.

Un cielo homogéneo y plácido,

que da lugar al tranquilo aburrimiento.

La tensión baja y el espíritu inactivo.

Necesidad de abrazos con la brisa

del aire acondicionado o un ventilador.

La sensación de paréntesis y parón.

Una parálisis que se comparte y comprende.

Aire denso del mediodía,

tímido fresco de mañana y noche.

Descanso aunque se trabaje.

Calles desiertas en un abandono temporal.

La ciudad se vuelve vaga y taciturna,

se llena de buscavidas en desproporción.

Y las verbenas hay que sudarlas

por mucha limonada que se tome.

Es el éxodo madrileño,

El que destapa el verdadero alma

de esta ciudad.

Su espíritu alegre y sencillo,

de pueblo superpoblado.

Tags: sensaciones

servido por Honey sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de Honey

Señorita Honeychurch

madrid, España
ver perfil »
contacto »
Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera