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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

Categoría: El observatorio

3 Octubre 2009

Madrid, claro que sí!

De nuevo escribiendo desde mi casa con sol entrando por los balcones y la música puesta. Me encanta este momento y no puedo dejar de decirlo.

Ayer retomé mis clases de baile. Encontrarme de nuevo con mis compañeros del año pasado y con mi profesor, me ha gustado tanto como volver a sentir mi musculatura y el sudor de mi cuerpo. Volver a hacer abdominales, estiramientos, plies y, sobre todo, volver a bailar, me ha subido la adrenalina y me ha acelerado el metabolismo adormecido por varios meses de relax. Tanto que, después de la pertinente ducha y cena, fui capaz de irme a tomar un cocktail con mis amigas, al más puro estilo Sex&Ciy. Un mojito de frutas del bosque que sirve de postre y bebida dialogante al mismo tiempo. Charlar de nuestra semana un rato, en un sitio agradable mientras la música acompaña sin ser protagonista y saborear fresas y arándanos que pescas entre el hielo, es una buena táctica para bajar las revoluciones que te da el baile.

Porque el baile cansa el cuerpo y reactiva el corazón. A veces te acelera y te despeja más que una siesta. Mi cadera, que últimamente tengo dolorida, no se ha portado mal. Espero que los dolores tengan más que ver con la inactividad que con la actividad que tantos beneficios me reporta. Hoy he dormido lo justo. Necesito una siesta para estar a tope esta noche en un concierto en la sala Caracol.

Antes tomaré un café con mi amigo Rómulo. Tiene novedades que contarme. Novedades que no sé si me van a gustar egoistamente. Me alegraré por él si le veo contento, es de esas personas que siempre suman, que siempre aportan cosas. Supongo que es por su espíritu e inteligencia y, sobre todo, porque siempre intenta estar creciendo. En eso y, en bastantes cosas, siento que nos parecemos. Por eso no me gustaría que la distancia geográfica nos distanciase. Es de esos tesoros a conservar.  En diciembre se nos casa en Brasil. Ese será el próximo gran viaje.

Mi semana ha sido agotadora. La gestión de una crisis me ha hecho hablar con medio mundo manteniendo un equilibrio inestable. Mientras, luchaba para crear anticuerpos de la gripe estacional cuya vacuna me puse el lunes. Con tanto viaje y tanta actividad, más vale estar protegida en lo que sea posible.

No me han quedado energías para mucho más. Mi vida en esta ciudad es así. Requiere empuje y energías.

Nos quedamos sin los juegos, pero al menos, la panda de políticos cansinos y cutres pudieron sentarse juntos por una vez. En este país que sobrevive a pesar del cutrerío de la clase política y de algunos funcionarios más pendientes de sus propios intereses que los del bien común. Un país lleno de Quijotes y molinos que parecen gigantes, porque nadie es capaz de abrirnos los ojos y tratar las cosas con sentido práctico y sin tanta retórica vacía.

Lo cierto es que Brasil se lo merece. Bastante más que nosotros. Aunque no sé a quien le hace más falta. Con el endeudamiento de Madrid y sus obras faraónicas nos habría venido muy bien otra inyección más del exterior. Porque desde el interior parece que no somos capaces de generar nada. Porque nuestra miopía nos impide defender con uñas y dientes lo que tenemos de bueno para luego mendigar pasta como por caridad. Mientras, Brasil se lo está trabajando. Parece que ha encontrado un político capaz de defender el interés general y que la gente le crea. Atrás van a quedar los intereses españoles en Latinoamérica con un Brasil geográfica y anímicamente mucho más en la zona. Esperemos que los Juegos sirvan para que mejore la seguridad y la igualdad entre los ciudadanos. Elimine parte de la violencia y las favelas se conviertan en pisos de protección oficial. Si es así, estará bien empleado.

Total Madrid no puede con más obras faraónicas. Ni con más porquería por las calles. Ni con menos carriles bicis. Ni con tan pocas actividades deportivas municipales para todo el mundo. Ni con más contaminación atmosférica.

Lo siento porque nos brearán más a impuestos. Y porque amo a esta ciudad. 

Por eso quiero que mejore por sí misma.

Madrid tú puedes, con espíritu e inteligencia. Claro que sí!!!!

 

 

Tags: madrid

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3 Agosto 2009

Celeste in the sky

 

Fue flechazo a primera vista. Desde el momento que la vi entrar, supe que seríamos amigas. Se movía con swing y sus ojos traslucían su espíritu alegre desde el minuto uno.

Nos pusimos a hablar, quería saber mi nivel de inglés y terminé dándole la dirección de mi escuela de danza.

En un entorno de números, stress y obligaciones, irrumpió como una brisa fresca de buen rollo, de un alma limpia e inquieta. Nos vimos sin accesorios inmediatamente. Reconocimos a una igual a pesar de ser de distinta raza y nacionalidad. Porque nos une algo universal. La libertad de la valentía, de hacer las cosas sacándolas jugo pero sin quemar la tierra, ni matar las plantas, ni contaminar las aguas con nuestras miserias.

Y hablamos de música y tradujimos canciones de Amy Winehouse, antes de que yo la conociera, la ayudé en su periplo de compañeros de piso asesinos o ladrones y hablamos de hombres y de paranoias. Nos reímos de nosotras mismas hasta el infinito disimulando cuando alguien se asomaba por la puerta de cristal de mi despacho. Repasamos absolutamente todo; nuestra común afición a la escritura, a la lectura y nuestra visión de la vida. Conoció mis desastres amorosos y los destripamos sin un Cosmopolitan en la mano, por eso de estar en la oficina. Nos reímos de nuestra hipocondría con el sexo, de nuestra necesidad de plastificar a hombres que salen rana como si estuvieran envasados al vacío para no tener paranoias. Y casi me tronzo el día que se cayó al suelo después de darse cuenta de que al intentar ligar con un español le había ofrecido una mamada al intentar traducir "french kiss" con una intención mucho más inocente. Claro, que mi mirada de estupefacción no hizo más que crecer el día que ese mismo sujeto la abandonó después de explicarle que un gurú de la India le había aconsejado la abstinencia.

Porque si no fuera por ella y por esas conversaciones sobre los hombres de allende los mares y los de aquí, que nos hacen quitarle hierro a nuestras desventuras quijotescas, nada sería lo mismo. Ahora andamos intentado encontrar una explicación al grado de desconcierto en el que halla sumido nuestro producto nacional. Intentamos entender el porqué se hallan paralizados a mitad de camino, sin saber a dónde ir, sin saber cómo comportarse y dejándose vagar por un mar cálido de amigos que regalan sus oídos y madres que alimentan sus estómagos. Ayer, mi querida Skyller, entabló una conversación con una francesa de 60 años casada con un español. Fue radical. Le dijo que los españoles no saben cómo ser independientes, que necesitan siempre dirección, que alguien les diga lo que tienen que hacer.

Me niego a pensar que esto es así, aunque sospecho que algo puede haber de cierto. Las madres protectoras que les han hecho el rey de la casa y los grupos de amigotes, han protegido a aquellos sin las suficientes agallas para querer crecer e inventarse como individuos.

Mientras, Skyller y yo bailamos música negra y nos vamos de conciertos. Yo me voy acercando cada fin de semana a su color, con cada rayo de sol del Mediterráneo. Y juntas planeamos un fin de semana en NYC donde seremos las nuevas protagonistas de "Sex & City", con o sin "Cosmopolitans".   

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24 Mayo 2009

Playas, relojes suizos, danzas y citas

Me he levantado con carraspera. Ayer bajó la temperatura de tal manera, que pese a salir con gabardina hoy tengo las vías respiratorias como el esparto. Me estoy enchufando de todo para evitar pasar un catarro en las líneas aéreas malasias.

Pero la gabardina era necesaria. Era parte del atrezzo de una cita a ciegas que debía comenzar con un "santo y seña" muy particular; "es cierto que el perro de San Roque ya no tiene rabo?" y la contestación "sé de buena tinta que Ramón Ramirez se lo ha cortado", debía de dar comienzo a un primer conocimiento que solo por el inicio debía de ser, al menos, divertido. Así fue, estuvo trufado de coincidencias y de gente común, regado por tónicas y cerveza y con una aparición estelar que no tuvo precio: un arco iris completo. Un arco iris fabuloso que se veía de principio a fin por encima de los tejados de Lavapiés con algunas casas iluminadas y un cielo de cuadro de Turner o de cualquier otro pintor romántico inglés. Daban ganas de pasar por debajo en plan Judy Garland en el Mago de Oz. Lo pasé bien. Sé que podríamos ser amigos. Ahora bien, de ahí a algo más no lo sé. Ahora estoy en Indonesia y desde allí es dificil valorar. En cualquier caso, está bien conocer gente nueva, aunque en mi vida creo que es dificil meter ya a más gente.

Estaba ayer descansadita después de la paliza del viernes en baile. Estoy en un momento dulce con el profesor. Me lo estoy pasando bien bailando. En este contexto me da pena terminar esta semana las clases. En Junio empiezan los ensayos para el show de fin de curso. Eso y el calor me hacen desistir. Bailar en una auténtica sauna, salir como recién duchado y no poder verte ni en los espejos de la sala que están totalmente empañados, me resulta una auténtica tortura. Eso y los ensayos de los sábados por los que no paso. El fin de semana hay que ser libre, hacer lo que te pida el cuerpecillo. Y a mi me pide viajes y playa, fiestas y nocturnidad. Cosas incompatibles con los ensayos sudorosos y exigentes. El lunes no tengo clase, mi profe va a impartir una master class en Fama. Si queréis ver una de las coreografías que hacemos en clase, no tenéis más que ver esta semana martes o miércoles dicho programa. Mi profe es Carlos. Ya le he dicho que les meta caña, que no disimule su mala leche.

Esta semana lo he pasado bien. Contra todo pronóstico, después de un San Isidro relajado y playero, lleno de paseos, cenas y familia, el madrugón del lunes para irme a Suiza no lo llevé mal. Dos cantones, dos idiomas, aviones y muchos inversores, fueron acompañados por un viaje en tren lleno de paisajes verdes y lagos, casitas rollo Heidi y mucha pulcritud. La gente no se mira.  Yo me fijo en estas cosas, mientras mi compañeros caen derrotados en un sueño que se pierde paisajes y personas. La asepsia lo inunda todo, con una educación de barrera infranqueable. La comida pasa de francesa a alemana, el idioma pasa de francés a alemán, incluso algunas pautas de comportamiento pasan de francesas a alemanas, pero en todo momento un factor común de impersonalidad lo domina todo. Nos dio tiempo a darnos un paseo por Zurich y decidí comprarme un swatch para el viaje. Ya que estaba allí, me resultaba gracioso llevármelo de recuerdo y aprovechar esos escasos momentos de compras. Me duró funcionando lo que tardamos en aterrizar en Madrid. Probablemente para llamarme boba y hacerme ir a la tienda de Preciados para cambiarlo y ver que me había salido más caro en Suiza.

Cuando llegué a casa, miré mis correos y entre ellos el mejor mensaje de venta que había escuchado en todo el día; una amiga vendía el disco de hip-hop de su novio con un entusiasmo mucho mayor que el que yo podía mostrar en mi venta suiza. Ante dicha oferta, exótica en mi contexto mental, no podía más que gritar "lo compro", cual "frase-objeto de deseo" que había estado intentado escuchar durante todo el día.

Soy facilona, después de estos viajes compro todo lo que suene a volver a mi ser, a recolocarme en mi centro madrileño, diverso, variopinto e intenso. Como los post-batiburrillo que me salen después de llevar tanto tiempo sin escribir.

 

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10 Mayo 2009

Ya no escribo solo busco villas balinesas

Eso es lo que me pasa. Ultimamente me dedico solo a vivir. Intento estar más despreocupada y  hacer únicamente lo que me apetece sin mucho pensar. Y lo que me apetece es buscar villas balinesas rodeadas de vegetación, camas blancas con mosquiteras y piscinas transparentes mantenidas por un jardinero. Me imagino embadurnada de "eau de rélec extrafuerte" tumbada en una hamaca con vistas a un arrozal y me veo duchándome en pelotillas en una ducha al aire libre.

Así estoy yo ante mi próximo viaje: Indonesia, ya más allí que aquí, visualizando todo tipo de escenas imaginarias mientras me preocupo por la malaria y me hago análisis para ver si tengo anticuerpos de la hepatitis. Los preparativos siempre comprenden cosas agradables y otras que lo son menos, como ponerte en situaciones desagradables y leer las condiciones de tu seguro. También conllevan aprenderte nombres de ciudades extrañísimos y buscar horarios de aviones allá donde las condiciones aparecen escritas en Indonesio. Es lo que tiene ir por tu cuenta.

Iremos a tres islas, o al menos eso parece hasta ahora. Creemos tener reservas de vuelos para entrar y salir, aunque no sabemos como se han de pagar los billetes. Lo más que nos puede ocurrir es que nos quedemos dos semanas en Bali. Y yo creo que por ésto pasaría sin gran tristeza aun estando en "primero de conformismo".

Hasta que llegue el día y sepamos qué vamos a hacer, me dedicaré a recibir correos de gente que alquila su casa y a ver fotos de parajes maravillosos. También cruzaré los dedos para que me contesten de aquel hotel que es casi la única opción en la isla de Sumba y miraré fotos del lago dentro del volcán de la isla de Flores esperando poder estar allí una vez toda la logística se haya puesto en funcionamiento. También espero no ser atacada por ningún dragón de Komodo, que es uno de los bichos que más miedo me dan junto con el hombre.

Mientras trabajaré un poquillo y me pasaré por el Mediterráneo para comparar mares y vistas. Me pasaré por Suiza para intentar conseguir una de las tres cosas que se pueden conseguir allí, y no hablo ni de relojes, ni de chocolate.

Por Madrid todo bastante animado, desde que disponemos de punto de encuentro convertido en el bar con más glamour de la ciudad. Ahora los miércoles son de "Afterwork", los viernes de "Afterdance" y mi  cuerpecillo, ya tocado por los pólenes malditos, lucha por respirar la menor cantidad de humo posible en una ciudad protegida por la Espe y su deseo de llevar la contraria esta vez protegiendo a los cada vez más perseguidos fumadores, especie en extinción en el mundo que en Madrid va a encontrar su parque temático.

De amores paralizada. Después de un último intento que corroboró mi impresión de que los hombres evolucionados están viviendo un auténtico calvario para adaptarse a un nuevo mundo más femenino, estoy terriblemente vaga. Creo que disfrutando de mi eterna soltería que me permite hacer absolutamente lo que me de la gana. Y ahora hay muchas cosas que me dan la gana y me resultan interesantes. De hecho no doy de sí para tanta actividad deseada.

Hay que hacer lo posible para ser feliz. Y echarle energía.

Los deseos mueven en el mundo, pero si alguno no lo puedes obtener, búscate otro.

 

 

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5 Abril 2009

Mujer agotada escondida de los antisistema en suite de Park Lane

Así estaba yo el miércoles mientras los G-20 se hacían fotos y exponían discursos grandilocuentes a unos cuantos kilómetros.

Todo el sector financiero cuyas fechorías intentaban solucionar políticos con poca idea de economía se reunía en un hotelazo londinense protegido por Scotland Yard. Mientras tanto Obama nos protegía poniéndose la diana en el pecho una vez más. Porque es Dios y nos protege a todos. Los antiglobalización hacían protestas, mientras dentro surgían rumores de que había más periodista por metro cuadrado que individuo con ansias de violencia.

Supongo que el hecho de que sea gente tan ajena al sector, tan diametralmente opuesta y con tanta distancia en los planteamientos y conocimiento del medio, hizo que errasen en el objetivo.

Al principio no caí en la fecha. Pensé que sería otra conferencia más entre muchas que se organizan. Con muchos peces gordos, pero nada más. Pero más adelante, sentí que nos habían concentrado a todos para cortar el problema de raíz. Me entró pánico y pensé en un plus de peligrosidad para mi trabajo. También pensé en firmar el hipotético manifiesto que surgiera de los protestantes. Porque casi seguro que estoy de acuerdo en muchos puntos.

Así estaba yo a mitad de semana. Una semana que había empezado un poco menos extenuante que la anterior, pero que el martes me había llevado a Londres y me había depositado a altas horas en una suite como las de las películas. Está claro, que los que disponen de estos lujos no tienen tiempo de disfrutarlos. Porque, qué demonios iba a hacer yo con un salón estilo imperio, con sofá, pantalla plana, chaise longe beige, y figuritas egipcias. Vale que probé la ducha independiente y luego la de la bañera. Qué usé el albornoz y las zapatillas, y que después de embadurnarme entera el cuerpo con suavizante de pelo, por error (por la mala jugada de llegar a altas horas y la miopía), tuve que volver a aclararme para embadurnarme con crema hidratante. Vale que Londres yacía a mis pies iluminado detrás de un enorme ventanal de un piso 27 con la noria del Milenium llena de lucecitas y una sensación de amplitud y dominio. Todo eso estuvo bien, pero como mucho estuve 7 horas en semejante lujo inglés, para tirarme de la cama a sufrir una reunión tras otra hasta coger el avión el día siguiente.

Terminado el evento, decidimos ir en tren a Heathrow para eludir todo el trajín de los conferenciantes y satélites de alrededor. El Heathrow Express decidió relajarse y casi perdemos el avión. El aeropuerto de Heathrow parece el ministerio de asuntos internos egipcio. Un edificio viejo lleno de parches, lleno de gente variopinta - en este caso muchísimo musulmán e indio, no alcanzo a entender por qué razón- y pasillos laberínticos con techos bajos y aspecto de suciedad. El paso de seguridad, raya siempre el maltrato y el caos hace posible que pases de quitarte los zapatos eludiendo otro nuevo punto de retención asqueroso donde huele a pies y curry mientras miras al infinito como haciendo que eso no va contigo.

Llegar otra vez a medianoche a Madrid, extenuada por un día de madrugón y alimento a base de sándwich de pepinillo (como les gustan a los británicos) y pollo al curry en el avión operado por British con azafatas maduritas y cachondas que te imaginas tomando un gin-tonic en alguna playa de Torremolinos, es una vuelta al punto de partida.

Llegar al fin de semana se ha convertido en una hazaña complicada, llena de imprevistos y obstáculos intermedios. Solo tengo ganas de respirar aire de montaña, comer bien y descansar. Ayer me rajé de una cena, hoy acudiré a un Brunch de cumpleaños. Todavía no llego a los planes de noche, me quedo en el sol de la mañana.

En unos días descanso y paz al borde del mar. Para volver con fuerzas, energía y calma.

También para recuperarme de la enésima decepción amorosa. Para aceptarla sin necrosar mi corazón, que es lo que me pide el cuerpo. Para intentar entender algo sin que me expliquen nada. Para aceptar la desilusión como parte de la vida, como contrapartida de la existencia de su antítesis alguna vez. Esa ilusión tan débil y quebradiza, que se derrumba en cuanto le soplan hielo.

Necesito descongelarme al sol.

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21 Febrero 2009

Semanas que son meses

Hay semanas que se vuelven densas como un pastel de chocolate americano, que se estiran como un chicle acoplado a todo el paquete y extenúan como si has corrido el Iron Man.

Esta semana ha sido una de ellas. Semana de hitos laborales que han requerido de noches y madrugadas. Semana en la que la película "La Comunidad" se parecía más a Heidi que mi propia realidad. Semana en la que llegar de noche al portal de mi casa, abría otra reunión de horas cuando era interceptada por los vecinos. Semana regada por reglazo inesperado producido por ciertas emociones, que me ha dejado completamente exprimida.

Tener una orden de demolición del ayuntamiento, cuando miras por la ventana de tu casa y todo lo que ves son palomares transformados en terrazas, pisos que crecen de forma desordenada y rehabilitaciones en las que cruzas los dedos para que haya intervenido un arquitecto, te hace sentir la injusticia. Mi casa es preciosa. Bien hecha, acabada, sin riesgos de caídas de tejas o cristales. La casa más bonita de la calle. Es cierto que soy un poco subjetiva, pero os aseguro que vuestra valoración no sería muy diferente.

Mi calle es una calle comercial. Llena de tiendas exclusivas y restaurantes de moda. Las señoras vuelven llenas de bolsas de carton con objetos preciosos y las parejas arregladas salen a cenar los fines de semana.

Pues bien, no es que os quiera alarmar, pero la aquí presente, a la que quieren demoler parte de su casa, ha tenido que llamar dos veces a los bomberos para salvar la vida de los viandantes. Unas tejas sueltas una vez dieron lugar a un post muy divertido, en el que aparecía en casa rodeada de bomberos y yo tenía una pequeña fantasía. En otra ocasión, una guillotina potencial amenazaba con cortar la cabeza de alguna reina del consumo. Actualmente obras y obras un poquito extrañas hacen aparecer individuos que bailan sobre los tejados a la vez que crecen de forma abstracta todo tipo de formas extrañas cuya homogeneidad responde al "sin ton ni son".

 Pues bien, mientras mi casa, casi podría venir en las guías de la ciudad. Mientras me encuentro turistas mirando por el portalón. Mientras en ella todo está fijado, homogéneo y perfectamente acomodado a las necesidades de hoy. Resulta que entre todas las chapuzas de la zona, el Ayuntamiento ha elegido mi casa para dirigir una orden de demolición de parte de ella. Cierto es que la inmobiliaria incumplió con el proyecto, que es unos centímetros más alta de lo que debiera, que determinadas cosas se hicieron de forma distinta a la aprobada. Pero lo que es más cierto, es que para alguien con un mínimo de sentido común, esta orden es injusta. La justicia es injusta. Es la sensación que tengo desde que me ha tocado lidiar con ella personalmente. Por no hablar del sentido común que prima en el Ayuntamiento. Qué tipo de protección tienen los ciudadanos. Parece que los piratas y desaprensivos se ven protegidos, mientras los costos de sus chapuzas los pagamos la gente honrada.  En fin, no os quiero torturar con mis problemas, no quiero haceros mirar para arriba cuando caminéis por el centro de esta ciudad. No quiero que huyáis de la policia en lugar de pedirla ayuda, ni quiero que os convirtáis en delincuentes porque sale barato. Ya sabéis que yo soy crédula por naturaleza y decisión. Prefiero creer y dármela que vivir en un estado permanente de escepticismo dañino.

Pero hay semanas que son meses, semanas en que el sangrado es físico y legal, semanas en las que no sabes que creer, semanas en las que de pronto te has vuelto un homeless.

Estoy por irme de cacería.

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9 Noviembre 2008

Verdín

Después de descontracturar mi cuellecillo de jirafa, nos dirigimos a la sierra con el resto de la ciudad. Todo el mundo ha decidido coger el coche.

Comemos en un restaurante serrano una buena carne, deseando que Herodes se hubiera convertido en camarero o que en los restaurantes haya una especie de guardarropa de niños que los haga desaparecer. Uno es una monada, cuando son veinticinco en una mesa, se convierten en peligro público y en una banda sonora de decibelios imposibles.

El paseo posterior por el monte, nos quita un poco el mono de aire puro y fresco. Un poco al azar nos adentramos por un camino en un pinar. El primer intento se acaba pronto, nos encontramos al borde de un precipicio que nos lleva de nuevo a la carretera. Otro intento nos adentra un poco más. Pronto perdemos el camino, pero una verja muy cutre continúa demarcando no sé que territorio. Alambres, maderas, palos y hasta restos de colchones se convierten en una limitación que pone puertas al monte. Al otro lado un valle inmenso y precioso. Los pinares se relajan y van disminuyendo a cuentagotas hasta convertirse en piedras de granito y en cesped natural de un verde pálido. Estamos en las cumbres y debajo se adivina un valle que queremos ver. Se adivina la inmensidad de la libertad y del viento. Del aire puro con oxigeno fértil y virgen. Y rodean más montañas.

Camino con mi padre. Las liebres hemos dejado atrás al resto del grupo, porque queremos más. Queremos correr al infinito y subirnos a las rocas para respirar y sentir la inmensidad. La puñetera verja sigue separándonos del infinito. Bordeamos y bordeamos buscando una de esas puertas que dejan paso al hombre y se lo impiden al ganado. No entendemos quien puede querer delimitar las montañas. Nos llama el monte y el precipicio del valle soñado, nos hace querer acudir al vértice del viento.

La verja no da tregua, continúa irregular hacia no se sabe dónde, hacia el infinito de la inmensidad. Cutre como ella sola sigue avanzando integrando cuanto obstáculo posible resulte útil.

Los Honeychurch siempre hemos tenido problemas con las normas. No el que se considera problema habitual, cuando se habla de este tema, que consiste en no respetarlas. Simplemente el contrario. Nuestro exceso de respeto por la ley y lo que suponemos ha de estar basado en la lógica y el respeto, nos hace seres a veces intolerantes con el que no lo hace. También nos constriñe en determinados momentos. Mi padre lo lleva mejor. A él le gusta ser así. A mi me supone muchos más problemas y, a veces, tengo admiración por conductas más laxas.

La verja era la norma, la montaña la libertad. Mi padre y yo caminábamos juntos por el pinar y queríamos acercarnos al precipicio, al valle deseado, al aire fresco, al oxígeno puro que impregna las cumbres y llena el vacío de las inmensidades.

De pronto mi padre empuja la verja hacia arriba. Se mueve y deja un espacio debajo por el que vemos posible reptar. No entendemos el porqué de la verja, nuestro alma de cabra nos pide pasar al otro lado. Un "pero no vamos a hacer ésto" surje de su boca. Un "por qué no" surje de la mía. De pronto nos vemos reptando por debajo de la verja en busca del precipicio. Un camino serpentea las cumbres y nos pide más. El valle es nítido y nos hace estar en silencio unos minutos, simplemente respirando.

No entendemos la delimitación. Si hay camino, ha de poder cogerse en alguna parte. Reptamos de nuevo y volvemos con el resto del grupo.

Tras pillar con las manos en la masa el sitio secreto de un conocido buscador de setas, al que nos encontramos por casualidad y descubrir que mi madre las encuentra mejor que él, desandamos el camino.

Cuando salimos de él, descubrimos el misterio de la verja. Nuestra osadía no fue la de entrar en un lugar prohibido, sino que se limitó a salir de el mismo camino por el que habíamos entrado. Simplemente para evitar que vacas en "modo aventura" se asomaran al precipicio como nosotros. Nos miramos y nos reímos de la "gran aventura de los Honeychurch".

Esta mañana, se me ha escapado una sonrisa cómplice con mi padre, una sonrisa malévola de chaval travieso de doce años. Una sonrisa de aceptación y de rebeldía. Un sonrisa provocada por el verdín de los vaqueros.

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17 Mayo 2008

La Pandilla Maravilla

Hay gente que es capaz de convertir puticlubs en tiendas de moda, pisos antiguos en remansos de cosas bellas, horas muertas en ideas vivas, extranjeros en "gatos" de Chamberí.

Hay gente que es capaz de transformar lo vulgar en glamouroso, lo aburrido en original y una posible debilidad en la mejor de sus virtudes.

Hay gente que es capaz de llevar un regimiento al otro lado del mundo, hornear panecillos alemanes en un horno de Chueca y dar clases de punto convirtiéndolo en la disciplina más artística.

Hay gente que por su interés resulta interesante, por sus ojos siempre abiertos da pinceladas de color, por su apertura abre mentes pronunciando un sencillo "ábrete sésamo".

Hay gente que ayuda a su crecimiento, que hace de ellos lo mejor y complementa huecos con dinámicas de grupo.

Hay gente que simplemente se quiere y ayuda a hacerse feliz. Feliz en verano porque es verano y hay verbenas de La Paloma, porque en invierno aparecen tardes de lectura junto a cafés, porque en otoño Madrid luce como nadie y la primavera está llena de cervezas en azoteas, macetas floridas y un sol que normalmente resplandece.

Hay gente que invita a fiestas a Blancanieves, que viaja al país de las Maravillas con Alicia tomándose un vino español. Gente que celebra desayunos que nunca son de trabajo, que canta canciones invitándote al estreno de un video musical.

Gente que tiene a Goethe junto a comics en la mesilla, wasabi y gazpacho en la nevera, kimonos junto a una gorra de chulapo.

Gente que bulle, que se mueve, que piensa, que siente, que opina, que crea, que disfruta con los cinco sentidos su realidad.

Después de veros simplemente deciros: gracias.

Tags: amigos

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Sobre mí

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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