Categoría: El jardín
23 Marzo 2008
Juan escribe en el ordenador mientras yo saco mi moleskine todavía en camisón y con un tazón de té rojo a mi vera.
Fuera está todo blanco; ayer cayó la única nevada del invierno, justo al comenzar la primavera.
Mientras aprendemos a estar juntos en silencio, la nieve empieza a derretirse a medida que sube un poco la temperatura.
A un lado de la casa la iglesia del pueblo con la última nieve superviviente aferrándose a las tejas del ábside más cercano. Al otro lado el campo; un campo de encinas y piedras redondas de granito en el que la tierra se ha cubierto de una espuma de afeitar que desaparecerá en breves instantes.
Escucho el tecleo de Juan mientras me estiro en mi camisón y siento el calorcito de unos calcetines gordos de lana. Me pregunto qué estará escribiendo, si ésto será una prueba para averiguar si podemos inspirarnos en compañía, si podemos hacer cada uno nuestras cosas sin molestarnos y sintiéndonos en armonía.
El tecleo reduce su frecuencia, pero él permanece a los mandos, en una especie de torre de control del mundo, sentado en un sillón rojo.
En el sofá, junto a mí, yace "Primera nieve en el monte Fuji", esperando ser leída. Tendrá que esperar a que pase ésta; mi primera nieve en mi pueblito castellano.
servido por Honey
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24 Noviembre 2007
Mi vida es una tómbola, pero de otra naturaleza a la de la canción de Marisol.
El lunes paso el día en Madrid pero postro mi cuerpecillo agotado en un hotelazo en Londres.
Ya me estoy acostumbrando a que me recojan "lores" ingleses en vehículos de lujo. Eso de que me esperen con un cartelito a la salida del avión como si fuera Beyoncé, engancha. Todavía no me ha dado por bailarle una "coreo" funky para darles las gracias, ni tampoco les he dado un beso en los morros por ser tan amables, educados, limpios y British. Tampoco sé si he valorado en su justa medida su capacidad de conducir en esa ciudad llena de calles de un solo sentido ni sus dotes de navegar tras una lluvia que parece requerir una lancha motora.
Mi jefe acabó comprando los calzoncillos y la camisa en el aeropuerto y yo es probable que algún día de éstos acabe comprándome también las bragas, dado el grado de ocupación que sufren nuestras vidas tomboleras. Ni que decir tiene que estas cosas tienen su punto y que, en medio de tanta captación intelectual y física, surgen las risas ante lo surrealista de algunas situaciones, sobre todo cuando en mitad de una reunión busco un documento en su maletín y estoy a punto de sacar el gayumbo.
Pasarse todo el día siguiente en un hotel reunión tras reunión no parece la mejor forma de visitar la ciudad, aunque te halles a escasos metros de Picadilly y Trafalgar Square. Londres solo la ví a través de la ventanilla del mercedes, pero me dio tiempo a montar una vida en Heathrow, el aeropuerto más incómodo y cutre de Europa. Por eso, ahora cuando veo hoteles de lujo y cartelitos en la puerta de las salidas de los vuelos, solo pienso; "ahí va un currante, aunque no lo parezca". Porque los hoteles de lujo, la mayor parte de las veces sirven para compensar el cansancio de un día agotador y, probablemente y a pesar de sus prestaciones, sean los menos disfrutados del mundo. Estoy segura de que cualquier alberguista u ocupante de una pensión se lo pasa mucho mejor.
Tras varias horas en el aeropuerto - huelga de controladores franceses- por fin en el avión, totalmente derrengados nos entra la típica borrachera psicológica. Decidimos que pasamos de períodicos naranjas, él pide un diario deportivo y yo el "Hello". Hacemos un "helloforum" (única forma razonable de ver esas revistas) comentando todas las tías y tíos buenos que salen en la revista. Por si fuera poco, sobrevolamos Madrid 20 minutos y aterrizamos en la terminal satélite de la T-4. Cuando estamos cogiendo el puto trenecito que actúa como puntilla de torero, le digo : "Yo si tuviera que escoger un superpoder escogería el teletransporte, tú?".
Al cabo de dos días, encuentro respuesta a esa pregunta. "Clonación", le digo de repente cuando estamos trabajando. Tú lo que necesitas es el superpoder de la clonación. Su secretaria me mira, él me mira y los tres acabamos riéndonos y estando de acuerdo inmediatamente.
Hoy es sábado, hace sol y entra por mi ventana, no pienso coger metro autobús ni nada que se le parezca, no parece que ningún Lord inglés vaya a pasarse por mi puerta a llevarme de tour por ninguna parte y a Beyoncé la tengo puesta en forma de DVD en mi televisor. Eso sí, en un rato me voy a pasear por el monte. A respirar.
Por fin.
servido por Honey
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3 Noviembre 2007
Iba un ser transparente caminando por un frondoso bosque.
A pesar de encontrar el camino,
se perdió, por no ser capaz de verse.
servido por Honey
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20 Junio 2006

Pues sí, hoy me siento surfera, y es que después de elevarme y dejarme llevar por la última ola sin caer, sigo mirando al mar esperando la siguiente.
Esperemos que tampoco me ahogue, ni me sacuda la tabla en la cabeza, ni me pique un pez, porque cualquier cosa puede pasar...
Y aquí ando con el aire acondicionado cual aire marino, silla giratoria cual tabla de surf y oleadas laborales repentinas que me provocan vaivenes varios hasta la llegada de "la gran ola".
Ayer incluso sufrí una avalancha de hormigas voladoras. Como si estuviese a la intemperie, un ejército de hormigas me atacó por tierra y por aire mientras me peleaba a altas horas con el penúltimo documento. Al menos me dio una cierta sensación campestre, de vida más allá de estas cuatro paredes cuyos contornos trazo con mi cuerpo sin ni siquiera mirar.
Y aquí ando, con traje como neopreno, esperando que llegue esa ola que me permita recordar que estuve aquí, que cogí mi tabla y mi valor y surfee como loca esa avalancha de agua, como una campeona, manteniendo el equilibrio, echando mil sonrisas a mi alrededor saludando a la galería y llegando a la orilla para quitarme el traje picoso y dejar ver mi escultural cuerpo Danone.
En fin, habré de conseguir tener nietos para poder contárselo...
servido por Honey
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1 Marzo 2006
Desde la ventana de mi palacio observo mi jardin, hace un día fabuloso, de esos con cielo azul-madrid, de aire serrano y luz cegadora.
Es un buen día para iniciar esta aventura, o debería decir que es un buen día para dejar el jardin y adentrarme en la casa, usar el observatorio para constatar percepciones del exterior, el confesionario para reflexionar gritando sobre sentimientos, la cocina para aderezar con humor los acontecimientos y el dormitorio para recordar lo que no se olvida facilmente o lo que se quiere olvidar.
Todo ésto si consigo abandonar este jardin en el que vivo, esta especie de jungla donde habitan las especies más hilarantes, las criaturas más despampanantes, con todos sus aderezos. Y es que ya se sabe, soy Lucy Honeychurch y me resulta dificil dejar mi vida burguesa de señorita a un lado y sumergirme en las profundidades del resto de estancias de mi mansión.
Os pido vuestro apoyo para llenarme de valentía para ser yo misma y vivir mi vida con la misma pasión que pongo cuando interpreto a Mozart...aunque no sepa tocar el piano!!!
servido por Honey
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