Categoría: El jardín
27 Diciembre 2011
Llevo todo el día haciendo nada. Pululando por redes y blogs, que son voraces en su apetito temporal. Cuando no tienes claro lo que quieres o te apetece te absorben con ahínco. Y las horas pasan.
Tengo un buen catarro y en mi garganta habita un gato asesino que ha decidido arañar hasta que grite. Parece que en cuanto paro de trabajar, mi cuerpo se relaja y las defensas se cogen vacaciones.
Estoy en un momento en el que no sé ni lo que quiero ni lo que me viene bien. Esta sensación es muy extraña para mí. Siempre orientada y caminando en línea recta.
Llevo un año viviendo en lateralidades que no me permiten avanzar. Sin caminos, sin líneas, con objetivos que fallan. Tratando de visualizarme a mí misma en esta vida que he ido creando casi sin querer. Aunque teniéndolo todo bastante claro. Ahora me veo horas muertas hablando con casi desconocidos o conociendo a amigos de otras maneras. Supongo que estoy en modo "prueba y error" y así me hallo errando más que nunca.
Tengo un hastío profundo, como de fin de temporada, pero la nueva no acaba de empezar. Algo de indolencia acompaña a esta congestión nasal que está sucediendo al dolor de garganta. Algo de ira sorda que no parece tener justificación.
Una habitación llena de papeles espera a ser ordenada un día en el que tenga tiempo y ganas. Siempre dije que lo haría un día con tiempo, pero hoy son las ganas lo que me faltan. Y la coincidencia de ambos factores es de por sí extraña.
De pronto me meto a una web de viajes y decido irme a alguna parte. Hacer el petate y poner en marcha mi espíritu viajero que tanto me ha acompañado estos años. Y que tanto me ha ayudado. Pero ahora me parece una huida hacia ninguna parte. Hacia ningún lugar del que luego vuelva más tranquila y centrada. Y esto para "Doña Centrada" no es ninguna ayuda. Pensar que ahora el descentrarse que siempre tuvo como recomendación no sea una prescripción médica. Que ese tiempo pasó y es hora de usar cualidades gastadas.
Pero quizá las gastase a destiempo. Quizá estuviera demasiado centrada cuando tuve que pulular y ahora que he de estar orientadísima no sea el momento para divagaciones. Pero las válvulas de escape no las encuentro. He usado tantas que no doy con las que ahora me funcionan. Y todo me carga y agota.
Pero algún día todo volverá a llenarme. Dejaré está congestión nasal y vital para recargarme de aire y agua salada. Y navegaré libre en un barco velero. Quizá con alguien, probablemente sola. Porque así ha de ser y así me perciben los extraños. Una marinera en su barco al viento.
Y llegaré a una isla donde encuentre al naúfrago más bello del mundo. Y nos bañaremos desnudos en aguas cristalinas llenas de peces de colores.
Pero qué día más tonto.
servido por Honey
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27 Noviembre 2011
Eterno dilema que últimamente me persigue. Para una campeona de remo resulta un poco complicado sentarse en una balsa, agarrarse a unos tablones y dejarse fluir por la corriente.
Supongo que llevo demasiado tiempo remando y remando y me encuentro en alta mar. Aquí lejos de la orilla, donde las corrientes pueden ser peligrosas y el oleaje es azaroso, es imposible dejar de remar a buen ritmo a riesgo de hundirse sin remedio. Por eso por mucho que ahora intente fluir, dejarme llevar por un vaivén de mecedora, de aguas cálidas cercanas a la orilla, protegidas por un arrecife de coral, fuerte y compacto, ahora no puedo hacerlo. No en alta mar, una vez saltado el arrecife en busca de nuevas islas, de nuevos parajes, de nuevos aromas. Lugares que ví, aromas que pude experimentar, sabores que me transportaron a lugares lejanos mucho más allá de mi balsa. Agradecida por tantas experiencias, ahora me veo un poco a la deriva, echando de menos mis palmeras, mis arenas blancas y mis aguas transparentes y cálidas donde construir esa casita blanca donde acurrucarme bajo el sol y esa hamaca entre dos árboles donde contar estrellas fugaces.
Para ello tendré que volver remando. Una y otra vez, derecha e izquierda, uno dos, con sudor, con callos, con lágrimas. Ubicarme en una pelea sin fin, donde cada logro implique una gota de sudor y unos metros de distancia ganados hacia mi isla bonita y luminosa.
Y cuando llegue, igual puedo fluir, dejarme mecer por ese viento que aquí es brisa cálida, y dorar mi cuerpo largo al sol, cambiar de raza mientras se me riza el pelo secado al aire cubierto de sal. Nadar con los peces y buscar caracolas en la arena, hacer el muerto sintiéndome más viva que nunca. Y por fin amar. Amarlo todo con ganas. Y dar y dar y dar. Porque solo dando uno es feliz de verdad. Entregándose entera a una causa posible: la vida.
Y creando mi mundo, seré más yo que nunca, fluyendo y saltando las olas, hasta que de pronto me de por saltar de nuevo el arrecife y asomarme de nuevo al otro lado. Y entonces espero saber el camino de ida y de vuelta a mi pequeña isla bonita.
La del sol piadoso, el agua clara y la brisa que acaricia mi cuerpo moreno y largo.
servido por Honey
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8 Octubre 2011
Me despierto tranquila, relajada. Por fin he descansado y dormido bien después de una semana agotadora en lo profesional y lo personal. Ayer vi una peli y me acosté pronto para ayudar al biorritmo a ordenarse, a tomarme el pulso y cogerme los tiempos. Vagueo un ratillo, me lo puedo permitir. Ir lenta y pausada.
Abro mis ventanas en todas sus fases; las carpinterias de fuera, la ventana con cristal y las persianas mallorquinas. Me encantan estas ventanas del Madrid antiguo, con sus tres piezas de ventanales grandes. Sobre todo después de cambiar la del medio por aluminio y Climalit para que el jaleo de los fumadores del bar de enfrente especializado en gin-tonics me den absolutamente igual e incluso me acompañen.
El sol entra luminoso. Uno de estos días de Madrid de cielo azul nítido. De esos que se echan de menos cuando estás fuera. Y eso que la contaminación debe de estar alta y estamos pidiendo lluvia a gritos. Aunque no lo dirán los contadores desplazados al Retiro el año pasado para hacernos trampas al solitario.
Preparo el desayuno en pijama. El clásico, el que procuro hacerme todos los días: zumo de naranja natural, pan con tomate y aceite y un café de cafetera italiana para tomarme las tazas que me apetezca. Todo muy despacio.
El día es para mí. Para lo que me pida el cuerpo. Hoy no quería planes. Es maravilloso poder salir de ellos, de los horarios y obligaciones, aunque sean lúdico-festivas. Este estado de relajo me suele acompañar todo el día cuando he descansado bien y puedo tomarme la vida con calma. Un sueñecillo placentero se instala en la paz de mi cuerpo y mi espíritu. El estado perfecto para disfrutar, para estar permeable a la naturaleza, al arte, a las cosas bonitas de la vida. Y hoy estoy contenta. Pensando con tranquilidad en lo que está por llegar en algún momento. En mi gran plan especial. Porque aunque esté en el aquí y el ahora nunca puedo dejar de pensar en el futuro. Soy así, y no lo puedo evitar. Imagino que es necesario para ilusionarme por las cosas.
Pero hoy no tengo ninguna idea maquiavélica, como me dicen en la oficina. Hoy estoy en estado de paz. Igual porque ayer me llamó mi Sofi desde Alemania. Para charlar un rato y hablar de nosotras. De mi vida y de la suya, tan distintas pero tan fáciles de conectar. Porque hay gente con la que hablas el mismo idioma y no importan las distancias espaciales. Ahora estoy deseando hablar con Estados Unidos; con Sky en inglés y con Esti en este español de corazón. Para saber que están bien y que siguen sus avatares. Para saber cuando las volveré a ver. Y es que el corazón cada vez se te dispersa más por el mundo. Y de eso nunca se habla cuando se habla de globalización. Será algo en lo que no han caído los antisistema. Porque digo yo que este efecto es positivo. Nos hace más ricos y tolerantes. Con esa riqueza que no se cuenta ni en dólares ni euros, porque va más allá. Tan más allá que al no tener medición no hay forma de comerciar con ello. Y yo me pregunto si esto no será la semilla de la reconciliación mundial. Reparte amigos por el mundo y verás como todo deja de ser blanco o negro. Te verás con perspectiva y valorarás lo que otros tienen.
Y diciendo ésto, abro la ventana. Entra fresco en este día luminoso.
Se anuncia un cambio de estación.
servido por Honey
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23 Marzo 2008
Juan escribe en el ordenador mientras yo saco mi moleskine todavía en camisón y con un tazón de té rojo a mi vera.
Fuera está todo blanco; ayer cayó la única nevada del invierno, justo al comenzar la primavera.
Mientras aprendemos a estar juntos en silencio, la nieve empieza a derretirse a medida que sube un poco la temperatura.
A un lado de la casa la iglesia del pueblo con la última nieve superviviente aferrándose a las tejas del ábside más cercano. Al otro lado el campo; un campo de encinas y piedras redondas de granito en el que la tierra se ha cubierto de una espuma de afeitar que desaparecerá en breves instantes.
Escucho el tecleo de Juan mientras me estiro en mi camisón y siento el calorcito de unos calcetines gordos de lana. Me pregunto qué estará escribiendo, si ésto será una prueba para averiguar si podemos inspirarnos en compañía, si podemos hacer cada uno nuestras cosas sin molestarnos y sintiéndonos en armonía.
El tecleo reduce su frecuencia, pero él permanece a los mandos, en una especie de torre de control del mundo, sentado en un sillón rojo.
En el sofá, junto a mí, yace "Primera nieve en el monte Fuji", esperando ser leída. Tendrá que esperar a que pase ésta; mi primera nieve en mi pueblito castellano.
servido por Honey
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24 Noviembre 2007
Mi vida es una tómbola, pero de otra naturaleza a la de la canción de Marisol.
El lunes paso el día en Madrid pero postro mi cuerpecillo agotado en un hotelazo en Londres.
Ya me estoy acostumbrando a que me recojan "lores" ingleses en vehículos de lujo. Eso de que me esperen con un cartelito a la salida del avión como si fuera Beyoncé, engancha. Todavía no me ha dado por bailarle una "coreo" funky para darles las gracias, ni tampoco les he dado un beso en los morros por ser tan amables, educados, limpios y British. Tampoco sé si he valorado en su justa medida su capacidad de conducir en esa ciudad llena de calles de un solo sentido ni sus dotes de navegar tras una lluvia que parece requerir una lancha motora.
Mi jefe acabó comprando los calzoncillos y la camisa en el aeropuerto y yo es probable que algún día de éstos acabe comprándome también las bragas, dado el grado de ocupación que sufren nuestras vidas tomboleras. Ni que decir tiene que estas cosas tienen su punto y que, en medio de tanta captación intelectual y física, surgen las risas ante lo surrealista de algunas situaciones, sobre todo cuando en mitad de una reunión busco un documento en su maletín y estoy a punto de sacar el gayumbo.
Pasarse todo el día siguiente en un hotel reunión tras reunión no parece la mejor forma de visitar la ciudad, aunque te halles a escasos metros de Picadilly y Trafalgar Square. Londres solo la ví a través de la ventanilla del mercedes, pero me dio tiempo a montar una vida en Heathrow, el aeropuerto más incómodo y cutre de Europa. Por eso, ahora cuando veo hoteles de lujo y cartelitos en la puerta de las salidas de los vuelos, solo pienso; "ahí va un currante, aunque no lo parezca". Porque los hoteles de lujo, la mayor parte de las veces sirven para compensar el cansancio de un día agotador y, probablemente y a pesar de sus prestaciones, sean los menos disfrutados del mundo. Estoy segura de que cualquier alberguista u ocupante de una pensión se lo pasa mucho mejor.
Tras varias horas en el aeropuerto - huelga de controladores franceses- por fin en el avión, totalmente derrengados nos entra la típica borrachera psicológica. Decidimos que pasamos de períodicos naranjas, él pide un diario deportivo y yo el "Hello". Hacemos un "helloforum" (única forma razonable de ver esas revistas) comentando todas las tías y tíos buenos que salen en la revista. Por si fuera poco, sobrevolamos Madrid 20 minutos y aterrizamos en la terminal satélite de la T-4. Cuando estamos cogiendo el puto trenecito que actúa como puntilla de torero, le digo : "Yo si tuviera que escoger un superpoder escogería el teletransporte, tú?".
Al cabo de dos días, encuentro respuesta a esa pregunta. "Clonación", le digo de repente cuando estamos trabajando. Tú lo que necesitas es el superpoder de la clonación. Su secretaria me mira, él me mira y los tres acabamos riéndonos y estando de acuerdo inmediatamente.
Hoy es sábado, hace sol y entra por mi ventana, no pienso coger metro autobús ni nada que se le parezca, no parece que ningún Lord inglés vaya a pasarse por mi puerta a llevarme de tour por ninguna parte y a Beyoncé la tengo puesta en forma de DVD en mi televisor. Eso sí, en un rato me voy a pasear por el monte. A respirar.
Por fin.
servido por Honey
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3 Noviembre 2007
Iba un ser transparente caminando por un frondoso bosque.
A pesar de encontrar el camino,
se perdió, por no ser capaz de verse.
servido por Honey
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20 Junio 2006

Pues sí, hoy me siento surfera, y es que después de elevarme y dejarme llevar por la última ola sin caer, sigo mirando al mar esperando la siguiente.
Esperemos que tampoco me ahogue, ni me sacuda la tabla en la cabeza, ni me pique un pez, porque cualquier cosa puede pasar...
Y aquí ando con el aire acondicionado cual aire marino, silla giratoria cual tabla de surf y oleadas laborales repentinas que me provocan vaivenes varios hasta la llegada de "la gran ola".
Ayer incluso sufrí una avalancha de hormigas voladoras. Como si estuviese a la intemperie, un ejército de hormigas me atacó por tierra y por aire mientras me peleaba a altas horas con el penúltimo documento. Al menos me dio una cierta sensación campestre, de vida más allá de estas cuatro paredes cuyos contornos trazo con mi cuerpo sin ni siquiera mirar.
Y aquí ando, con traje como neopreno, esperando que llegue esa ola que me permita recordar que estuve aquí, que cogí mi tabla y mi valor y surfee como loca esa avalancha de agua, como una campeona, manteniendo el equilibrio, echando mil sonrisas a mi alrededor saludando a la galería y llegando a la orilla para quitarme el traje picoso y dejar ver mi escultural cuerpo Danone.
En fin, habré de conseguir tener nietos para poder contárselo...
servido por Honey
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1 Marzo 2006
Desde la ventana de mi palacio observo mi jardin, hace un día fabuloso, de esos con cielo azul-madrid, de aire serrano y luz cegadora.
Es un buen día para iniciar esta aventura, o debería decir que es un buen día para dejar el jardin y adentrarme en la casa, usar el observatorio para constatar percepciones del exterior, el confesionario para reflexionar gritando sobre sentimientos, la cocina para aderezar con humor los acontecimientos y el dormitorio para recordar lo que no se olvida facilmente o lo que se quiere olvidar.
Todo ésto si consigo abandonar este jardin en el que vivo, esta especie de jungla donde habitan las especies más hilarantes, las criaturas más despampanantes, con todos sus aderezos. Y es que ya se sabe, soy Lucy Honeychurch y me resulta dificil dejar mi vida burguesa de señorita a un lado y sumergirme en las profundidades del resto de estancias de mi mansión.
Os pido vuestro apoyo para llenarme de valentía para ser yo misma y vivir mi vida con la misma pasión que pongo cuando interpreto a Mozart...aunque no sepa tocar el piano!!!
servido por Honey
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