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La Coctelera

Señorita Honeychurch

Como alguien que toca el piano con tanta pasión puede llevar una vida tan monótona (reverendo Beebe en "A room with a view")

29 Enero 2012

De deporte y actividades zen

Esta semana he retomado la actividad deportiva. No es que la hubiera dejado por completo, los que desde pequeños estamos acostumbrados al deporte, no podemos prescindir de hacer algún tipo de actividad en nuestra vida, aunque sea correr a por el autobús. Pero después de un año en el que por diversas circunstancias, no conseguía continuidad deportiva, parece que esta vez vengo decidida a continuar con fuerza.

Mi baile, esta actividad que tantos buenos momentos me ha reportado, tendrá que esperar de momento. Mis horarios erráticos, una tendinitis en un pie después de un Camino de Santiago, y el empezar a destiempo, van a motivar que haga actividades que requieran menos compromiso. Por tanto actividades, que reportarán menos placer. Al final el placer y el compromiso siempre van bastante unidos. Pero en este momento de mi vida, me conformo con esto.

Finalmente, he empezado a ir al gimnasio al lado de la oficina. Para escaparme cuando pueda a nadar, a pedalear, a lo que sea, con tal de moverme. También seguiré con mis actividades zen por la tarde: yoga, meditación y los pinchazos de un guapo acupuntor que me llevaría a casa de buen grado.

Ya estoy notando los efectos. Es cierto que mi cuerpo es agradecido, que la memoria muscular de muchos años de baile intenso hace que enseguida me ponga en forma sin grandes agujetas. Pero lo mejor efecto que en mi causa el deporte, es la vitalidad. El martes estaba medio dormida, como drogada, no sé si la combinación de las agujas sabias de mi acupuntor con una pastilla de melatonina - que he dejado de tomar, claro- hicieron estragos o fue la presión atmosférica, pero lo cierto es que estaba abotargada. Un empujoncito de alguien, hizo que fuera al gimnasio y así empezar la carga de las baterías anímicas que tanta falta me hacía.

Lo que es realmente gracioso, es la diferencia de ambientes entre los lugares que frecuento. Al ambiente variopinto, joven, más bien gay  y modesto de la escuela de danza se sucede el ambiente "no sin mis siliconas"  del vestuario femenino del gimnasio. Una sucesión variada de peinados y estilismos de partes íntimas de la más diversa condición y un lucir de tatuajes y musculitos masculinos bastante graciosa. Y eso que este gimnasio es de lo mejorcito que he visto. Gente bastante normal, para la fauna y flora que suele haber en estos lugares.

Mientras, descubro la meditación sin objeto espiritual ni religioso, la meditación de la consciencia y la lucidez, intentando tomar perspectiva y verme como un objeto sujeto a mi observación. Tomando distancia de mí misma y viéndome ahí, nadando tranquila en piscina como un camaleón ciego, uno, dos, uno, dos. Corriendo a la misma cadencia en una cinta o estirando mi cuerpo largo y sin límites en un saludo al sol eterno. Mirando mis anhelos e incertidumbres con calma y una cierta lejanía. La lejanía del que por fin se quita importancia, porque percibe que el mundo sería igual sin su presencia. Así que no merece la pena tanta energía invertida.

Calma, lejanía, lucidez, palabras que llevan a un cierto desapego. Y le pregunto a mi profesor, si esta calma puede producir desapasionamiento, falta de interés en determinadas cosas que te dejen gélido, sin calor, sin hedonismo. Y entiende la pregunta. Pero parece que hasta ahí es tan difícil llegar que nadie ha solventado esta pregunta. Porque desaprenderse como sujeto no es nada fácil. Desapasionarse por lo de uno no parece tarea baladí. Pero yo conozco al Obelix de la meditación. A una persona muy especial que se cayó en la marmita del estado zen, cuando era pequeño. Y le llevaría a clases de pasión. Para que metiera su carne donde se quema, donde duele y donde se disfruta. Porque el estado zen está bien para compensar, pero vivirlo 24 horas es como pasar de puntillas por la vida. O eso me parece a mí, a esta emoción andante tan racional.

Porque es curioso, pero estas meditaciones y estas sesiones de acupuntura tan orientales, me están despertando de nuevo al hedonismo mejor entendido, a la sensualidad y a las ganas de nuevos amores. Será porque mi acupuntor es tremendamente guapo?. Nunca se sabe. Yo creo que es cuestión de naturaleza, de equilibrio. Y cuando uno se balancea y se relaja, todo vuelve.

Y es que parece que para estar bien, solo necesito que me pinchen un poco.

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22 Enero 2012

El año del dragón

Mañana empieza el año del dragón según la tradición china.

En China, los dragones se asocian con la fuerza, con la salud, con la armonía, y con la buena suerte; son colocados encima de puertas o en cima de los techos para desterrar a los demonios y espíritus malignos. Dentro de la cultura china, más bebés nacen en años del Dragón que en cualquier otro de los año animales. En las culturas milenarias orientales, es considerado al igual que la serpiente un animal de buena suerte. En la antigua China era considerado como el guardían de los tesoros, así también de la sabiduría.

Las personas nacidas bajo este signo son considerados como nobles, sabias y creativas, incluso muy sociables con todos y tolerantes, son comprensivos a los sentimentos con los demás. Wikipedia

Hace tiempo que vengo sintiendo que este año va a ser una año de cambios. Son cosas que se sienten y se buscan, que se ven venir y para las que una intenta prepararse.

Mis cambios siempre pensé que vendrían desde el terreno personal. Muchos años estancada en mi situación afectiva, me hacían pelear por nuevos horizontes. Necesidades de afectos y sentimientos muy viscerales como mujer me estaban pidiendo a gritos una inflexión, un giro en mi apatía emocional.

Curiosamente, parece que los cambios van a venir del lado laboral. Todavía no es seguro que se produzcan, pero la mera posibilidad de ocurrencia y el darme cuenta de como estoy en realidad en este terreno, ya han provocado un cambio en mí. El primer cambio dragoniano, que se dice viene con fuerza e iniciativa. Muchos años de un trabajo estable en el que ya he hecho casi todo y para el que estoy muy preparada parecen llevarme a una montaña de retos para los que igual no lo estoy tanto. Una montaña que me apetece subir, porque necesito aire y ver un poco el horizonte. Porque necesito poder crear senderos nuevos donde nunca haya pisado nadie o donde vaya a descubrir andarines que eligieron el mismo camino que yo. Y desde la montaña el vértigo de lo desconocido, la inseguridad del que abandona algo para lo que es bueno por algo que nos sabe qué tal hará. Pero las etapas son así y cuando terminan otras han de comenzar. Hace tiempo que vivía en una etapa caduca. Una etapa en la que ya no me sentía dentro. Y por ello me evadía aquí y allá. Buscando mi nueva etapa como loca para salir de esta especie de cárcel de oro con la puerta encasquillada.

Pero ahora mi faceta personal, esa para la que estaba preparando el cambio, parece que queda aletargada. Relegada a un segundo plano que debiera ser el primero, por empujar la otra faceta. Por salir de esa grisura pesada como un lastre. Y asumir ciertos riesgos.

Ser mujer es complicado. Resulta difícil compatibilizar todas nuestras facetas. Y más en un ser tan polivalente como yo. No sé si es el momento de alinear, de evitar evasiones hasta ahora necesarias y poner mis esfuerzos e ilusiones en una misma dirección. ¿Habrá llegado el momento de no separar tanto lo personal y lo profesional?. El momento en el que no necesite mil actividades para no sentirme vacía. No lo sé. La vida es una incógnita.

Mientras, me preparo para ser tía. Otro cambio más. Con gran ilusión y un poco de amargura cuando me observo a mí misma. Y me siento tan sola, en esa mesa de séis en la que solo somos cinco. Y veo hacer punto a mi madre para un bebé que no es el mío. Y buscar faldones antiguos para secarlos al sol y pierdan las manchas amarillas. Y estoy muy contenta pero lloro.

Y mi puta vida profesional pasa a un segundo plano otra vez, para sentirme muy sola. Por más que me hagan la jefa del universo.

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14 Enero 2012

Levitación

Acto o acción de levitar, elevarse en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos.

Para que tenga lugar la levitación en presencia de un campo gravitatorio, es preciso:


- Una fuerza que contrarreste el peso del cuerpo (la fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto que levita).
- para que se halle en suspensión estable, es necesaria una fuerza adicional que contrarreste cada pequeño desplazamiento del objeto en levitación.

Creo que he encontrado la respuesta a algunas de las cuestiones sobre mi naturaleza, sobre mis necesidades de equilibrio. Y es que solo sé desplazarme levitando, sintiéndome liviana al ser suspendida por las diferentes fuerzas que componen mi ser. Soy un cuerpo flotante, que se suspende en un sin fin de intereses variados cuya intensidad en fuerza debe equidistar de los demás para que yo me mantenga suspendida y sin caer.

En cuanto una de las fuerzas tira más de la cuenta, o bien compenso con una fuerza contraria de similar intensidad o caigo al suelo, teniendo posteriormente que proceder a la cicatrización de heridas y al insuflado paralelo de actividades más sutiles que puedan hacer poco a poco hincharse al globo de colores que soy yo.

Saber de vientos y de física parece vital para mí. Saber de los hilos que tengo que tirar cuando uno se pone tenso, o las nuevas fuerzas que añadir para que tiren del ángulo adecuado para compensar alguna fuerza de pronto descontrolada.

Y es que no ir desplazándose por el suelo simplemente, tiene su coste. Es un trabajo inmenso, pero es si uno es aéreo o incluso acuático, no tiene nada que hacer. Simplemente tiene que lidiar de la forma más sabia con su naturaleza.

Otra dificultad añadida, proviene de la porosidad del cuerpo, cuando una es de una materia porosa pero resistente hay que tener cuidado con el flujo que atraviesa su sustancia, y decidir aquello con lo que quedarse y aquello con lo que hacer de colador, de mero conector inmune a aquello que no desea capturar.

Ultimamente intento verme desde fuera, ser el sujeto de mis observaciones para saber quien soy, en realidad. Creo que lo sé. Veo mi casa con las puertas abiertas, con esa necesidad de circulación del aire que oxigene y recicle. Manteniéndose acogedora y estable. Tener todas las puertas abiertas siempre fue importante para mí. Importante para tener más posibles fuerzas que pueda usar en mi levitación. Importante para permanecer porosa y libre.

Consciente de mi naturaleza, me encuentro en un momento de mi vida, en que dos fuerzas enormes están llamando a mi puerta. Más bien están pasando sin llamar a mi casa. Desde una levitación débil, conseguida con un artilugio un poco antiguo, me planteo si mudar. Si subirme a lo que parece un globo que vuela solo o seguir tirando de aquí y de allá construyéndome en mi telar.

Si me subo al globo tengo claro que no podré renunciar a mi naturaleza. Estoy segura de que tendré que hacerlo volar más alto, pintarlo de colores o llegar a la luna. Soy así.

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14 Enero 2012

Levitación

Acto o acción de levitar, elevarse en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos.

Para que tenga lugar la levitación en presencia de un campo gravitatorio, es preciso:

- Una fuerza que contrarreste el peso del cuerpo (la fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto que levita).
- para que se halle en suspensión estable, es necesaria una fuerza adicional que contrarreste cada pequeño desplazamiento del objeto en levitación.

Creo que he encontrado la respuesta a algunas de las cuestiones sobre mi naturaleza, sobre mis necesidades de equilibrio. Y es que solo sé desplazarme levitando, sintiéndome liviana al ser suspendida por las diferentes fuerzas que componen mi ser. Soy un cuerpo flotante, que se suspende en un sin fin de intereses variados cuya intensidad en fuerza debe equidistar de los demás para que yo me mantenga suspendida y sin caer.

En cuanto una de las fuerzas tira más de la cuenta, o bien compenso con una fuerza contraria de similar intensidad o caigo al suelo, teniendo posteriormente que proceder a la cicatrización de heridas y al insuflado paralelo de actividades más sutiles que puedan hacer poco a poco hincharse al globo de colores que soy yo.

Saber de vientos y de física parece vital para mí. Saber de los hilos que tengo que tirar cuando uno se pone tenso, o las nuevas fuerzas que añadir para que tiren del ángulo adecuado para compensar alguna fuerza de pronto descontrolada.

Y es que no ir desplazándose por el suelo simplemente, tiene su coste. Es un trabajo inmenso, pero es si uno es aéreo o incluso acuático, no tiene nada que hacer. Simplemente tiene que lidiar de la forma más sabia con su naturaleza.

Otra dificultad añadida, proviene de la porosidad del cuerpo, cuando una es de una materia porosa pero resistente hay que tener cuidado con el flujo que atraviesa su sustancia, y decidir aquello con lo que quedarse y aquello con lo que hacer de colador, de mero conector inmune a aquello que no desea capturar.

Ultimamente intento verme desde fuera, ser el sujeto de mis observaciones para saber quien soy, en realidad. Creo que lo sé. Veo mi casa con las puertas abiertas, con esa necesidad de circulación del aire que oxigene y recicle. Manteniéndose acogedora y estable. Tener todas las puertas abiertas siempre fue importante para mí. Importante para tener más posibles fuerzas que pueda usar en mi levitación. Importante para permanecer porosa y libre.

Consciente de mi naturaleza, me encuentro en un momento de mi vida, en que dos fuerzas enormes están llamando a mi puerta. Más bien están pasando sin llamar a mi casa. Desde una levitación débil, conseguida con un artilugio un poco antiguo, me planteo si mudar. Si subirme a lo que parece un globo que vuela solo o seguir tirando de aquí y de allá construyéndome en mi telar.

Si me subo al globo tengo claro que no podré renunciar a mi naturaleza. Estoy segura de que tendré que hacerlo volar más alto, pintarlo de colores o llegar a la luna. Soy así.

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2 Enero 2012

Un año revuelto

Decido escribir este post el día 2 de enero. He tomado vacaciones, entra el sol por la ventana y es lunes. Supongo que un buen día para comenzar.

Por más que lo intente, no puedo evitar ser fiel a unas ciertas costumbres adquiridas. Aunque este ha sido el año en el que me fallaron mis herramientas, mis pequeños salvavidas prácticos y funcionales. Aquellos que me salvan una y otra vez del stress y la depresión, esta vez me resultaron poco fructíferos. Quizá porque el stress llegó a cotas más elevadas de las que pueda quitar una sesión de yoga, como la aspirina contra la jaqueca cuando se instala.

La primera mitad del año, fue expansiva. Con una decisión en mente, tomé la iniciativa de disfrutar lo que pudiera, de apuntarme a cuanto evento o viaje fuera posible y salir lo que fuera necesario. Por supuesto, el trabajo se encargó de acotar tiempos e intensidades, porque parece el director de mi vida. Algo que tendré que cambiar en el futuro, porque su voracidad es irracional e inhumana y solo yo puedo pararlo.

Celebré un cumpleaños especial por todo lo alto, guapa, sonriente y recibiendo a todos mis amigos a golpe de copas y canapés en un lugar donde la fiesta se prolongó hasta muy altas horas al son de la música de un querido amigo, que pincha para levantar al más seta de su acomodado trasero. Faltó gente, pero la vida es así, y cada uno tiene la suya.

En esta etapa no me acompañó este blog, algo extraño ya para mí, pues me lleva acompañando más de cinco años (va para séis), porque sentí que debía callar.  Disciplinarme a no contarlo todo a quien no le interesa, a no compartir con gente que lee pero no comparte nada. Pero una es así, y aquí está de vuelta, aceptando que cada uno es como es. Y hay quien comparte y quien se lo guarda todo para sí. Desde aquí mando un fuerte abrazo y doy las gracias a los que me seguís año tras año. A los que comentáis y a los que permanecéis ocultos, fieles desde el inicio de este blog. A los que os conozco y a los que no.

Y me regalaron un bautismo de buceo que nunca hice, porque nunca fue el momento apropiado. Y me fui al mar a recargar pilas una vez más, y viajé por Islandia, sintiéndome un poco Björk, un poco trollesa y un poco elfa. Y me fui a Edimburgo, con la Pandilla Maravilla, a ver la ciudad de Ward cuya madre nos acogió con los brazos abiertos, en esa casa como de Grandes Esperanzas de Dickens, llena de libros y plantas. Interesantísima mujer que nos invitó a la fiesta de clausura del festival de cine. Con ellos me fui también a La Rioja, a celebrar un cumpleaños de alguien muy especial, un francés del mundo, que nos llevó a visitar bodegas de Rioja y no de Bordeaux.

Por trabajo viajé un poco menos, Londres, París, Frankfurt, lo de siempre. Aunque esta vez nos embistieron por detrás en París, un pijo larguirucho con cara de susto, que me mandó despedida hacia delante de uno de esos cochazos con choffeur con los que nos malcrían en los viajes. Nada grave, aunque mi cuellecillo jirafil se resintió un poco. Más gracioso estuvo otro París, el que puso banda sonora a mis viajes de trabajo, que ahora consideran a Elvis y su " Love me tender" una suerte de "nuestra canción" ; un tema un tanto extraño para algo laboral, pero que surgió por autoproclamación y por el empeño de un taxista en cantármelo en su taxi parisino, mientras me ponía una cinta, ante las risas de mi compañero de trabajo, que no entiende el porqué de cuando va conmigo le pasan este tipo de cosas. Y es que es verdad, soy así, y tiendo a que la gente me cuente su vida o me pasen cosas estrambóticas.

También visité Viena por trabajo. Nunca había estado allí y tras dar esquinazo a mis acompañantes, en una ciudad llena de modelos (se celebraba un evento de moda), tuve una velada genial con un amigo de un amigo que decidió sacarme de paseo. Todavía recuerdo el encuentro con él y su bicicleta en la puerta de la catedral.

Me doy cuenta de que he escrito tan poco en este tiempo, que se me acumulan y acumulan las cosas que contar en este post inmenso con poco orden y concierto.

En julio empezó la inflexión, empecé a intentar algo que no pudo ser. Al menos de momento. Y por primera vez me sentí sola de verdad. Incomunicada de los que más quiero en este mundo. Sin encontrar nexos y levantando muros y fronteras. Y tras el fracaso, me eché a andar. Anduve cien kilómetros hacia Santiago. Pensando, llenándome de aire y llegando a algunas conclusiones que me han acompañado y me acompañaran siempre. Me dí cuenta de mis muchas limitaciones. De la incapacidad de algunas cosas en soledad. Y de que sin la familia, nunca podría llegar a nada. Siempre lo supe. Pero ahí me dolió más que el hematoma que hice en mi pie. De la tendinitis que me acompaña desde entonces, a modo de recordatorio. Y es que caminar por la vida es así; a veces hay piedras, a veces hay sol, a veces caminas solo y otras va pasando gente con quien hablar por el camino. Pero siempre tienes que seguir hacia delante.

Y así seguí, caminando. Intentándolo de nuevo. Fracasando de nuevo. Y en el medio, alejándome de algunas personas y acercándome a otras. De las que me alejo, supongo que volverán. Que los tempos y momentos no son los mismos. O que simplemente lo que me aportan no es lo que necesito en este momento. Las dejaré en stand by, dosificando encuentros para que no sean desencuentros y los pille con más ganas cuando nos acerquemos.

La comunicación resultó un tema fundamental en este año. En el año en el que me sentí la persona más sola del mundo. Aunque estuviera rodeada de gente. Porque la comunicación es algo más del interior, de conexión mental y afectiva. Y supongo que yo ando carente de ésto y lo voy buscando como loca por todos los lados.

A veces, rompí la baraja en esta búsqueda. Otras, por el contrario, logré franquear muros y acercar corazones. Hice un gran amigo por internet, alguien que ahora vive en Santander y que ha tenido un año muy complicado. Creo que fue la sinceridad lo que forjó este cariño. Y para que hablar de Nor, ya le he dedicado más de una palabra. El sabe que este año, fue el año de nuestra amistad. El año en el que me acompañó en este camino que el ya conoce.

Otros pudieron estar y no estaron pero quien sabe si estarán. Todo es posible en esta vida. Todo, mientras se tenga espíritu luchador. Y en esas ando. Recomponiendo energías, limando asperezas, cogiendo impulsos y tratando de reafirmarme en la serenidad. En la armonía. Mi palabra favorita que hace tiempo no pronuncio. Armonía. Armonía. La voy a decir más alta y más clara cada vez. Para que llene mi espíritu, mi cuerpo y mi mente con este mensaje. Y todo resulte más fácil y fluido.

Y haciendo balance, no puedo más que decir, que este año ha sido un año revuelto. Esperemos que la armonía reine en este que entra. Este es mi único propósito.

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27 Diciembre 2011

Un día tonto

Llevo todo el día haciendo nada. Pululando por redes y blogs, que son voraces en su apetito temporal. Cuando no tienes claro lo que quieres o te apetece te absorben con ahínco. Y las horas pasan.

Tengo un buen catarro y en mi garganta habita un gato asesino que ha decidido arañar hasta que grite. Parece que en cuanto paro de trabajar, mi cuerpo se relaja y las defensas se cogen vacaciones.

Estoy en un momento en el que no sé ni lo que quiero ni lo que me viene bien. Esta sensación es muy extraña para mí. Siempre orientada y caminando en línea recta.

Llevo un año viviendo en lateralidades que no me permiten avanzar. Sin caminos, sin líneas, con objetivos que fallan. Tratando de visualizarme a mí misma en esta vida que he ido creando casi sin querer. Aunque teniéndolo todo bastante claro. Ahora me veo horas muertas hablando con casi desconocidos o conociendo a amigos de otras maneras. Supongo que estoy en modo "prueba y error" y así me hallo errando más que nunca.

Tengo un hastío profundo, como de fin de temporada, pero la nueva no acaba de empezar. Algo de indolencia acompaña a esta congestión nasal que está sucediendo al dolor de garganta. Algo de ira sorda que no parece tener justificación.

Una habitación llena de papeles espera a ser ordenada un día en el que tenga tiempo y ganas. Siempre dije que lo haría un día con tiempo, pero hoy son las ganas lo que me faltan. Y la coincidencia de ambos factores es de por sí extraña.

De pronto me meto a una web de viajes y decido irme a alguna parte. Hacer el petate y poner en marcha mi espíritu viajero que tanto me ha acompañado estos años. Y que tanto me ha ayudado. Pero ahora me parece una huida hacia ninguna parte. Hacia ningún lugar del que luego vuelva más tranquila y centrada. Y esto para "Doña Centrada" no es ninguna ayuda. Pensar que ahora el descentrarse que siempre tuvo como recomendación no sea una prescripción médica. Que ese tiempo pasó y es hora de usar cualidades gastadas.

Pero quizá las gastase a destiempo. Quizá estuviera demasiado centrada cuando tuve que pulular y ahora que he de estar orientadísima no sea el momento para divagaciones. Pero las válvulas de escape no las encuentro. He usado tantas que no doy con las que ahora me funcionan. Y todo me carga y agota.

Pero algún día todo volverá a llenarme. Dejaré está congestión nasal y vital para recargarme de aire y agua salada. Y navegaré libre en un barco velero. Quizá con alguien, probablemente sola. Porque así ha de ser y así me perciben los extraños. Una marinera en su barco al viento.

Y llegaré a una isla donde encuentre al naúfrago más bello del mundo. Y nos bañaremos desnudos en aguas cristalinas llenas de peces de colores.

Pero qué día más tonto.

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18 Diciembre 2011

Todas las Martas

Llevo una temporada con las Martas revueltas. Mis distintas facetas se me revuelven y entremezclan hasta provocar un permanente desacierto. La ejecutiva se muestra sensible y le tiembla la voz cuando regaña, la bailarina tendrá que llevar plantillas y la que escribe crea frases desafortunadas.

Y es que llevo una racha revuelta, en la que no encuentro confort en mi interior, y eso que escribo en un día luminoso, por fin tranquila en casa, después de otra semana programada de principio a fin. El sol entra por la ventana y me he despertado con una sonrisa después de un reencuentro con un amigo del colegio. Pasados casi 25 años. Ayer tenía el día guapo, por fuera y por dentro. Y escuché e intenté atar cabos y tuve la cita más surrealista del planeta, con un hombre y su perro. Al perro le caí bien y el hombre, en mitad de mi confusión, me dio un beso de despedida. Qué edades complicadas habitamos.

Intento recolocarme, no pedir peras al olmo y resituar a cada uno en su sitio. Porque siempre he sido polifacética y he sabido encontrar sustento en cada cual. He sabido valorar lo que cada amigo me aporta, cada situación me enriquece y así me he ido haciendo más sabia y tolerante. Pero, de pronto, solo veo mi ignorancia, lo que la gente no tiene en lugar de lo que da, las carencias en lugar de las aportaciones. Veo agujeros y huecos insalvables. Incomunicación y apatía. Y entiendo que ha de ser el punto de visión, porque la realidad será la misma. Como girando el caleidoscopio me hallo. Intentando ver los colores y las nuevas formas. Lo que llena y no lo que vacía. Lo bueno que se descubrió y no lo malo por descubrir.

Supongo que cuando me ponen contra las cuerdas, reacciono mal. La presión no me ayuda. Meses de altas exigencias profesionales y personales me pasan factura y me dejan lánguida, átona, viendo negro lo que siempre fue azul, rojo o amarillo. Monocroma y sin luz.

Ahora voy a darme un respiro, a sentir el aire y el sol. Ser más condescendiente conmigo misma. Siempre me han dicho que me meto mucha caña. Excesiva para mi sensibilidad. Y es que esta dualidad fuerte y sensible va a acabar conmigo. Aceptaré que yo tampoco puedo con todo. Porque cuando la balanza se inclina, hay que poner contrapesos en el otro lado para que vuelva al paralelo. Y así estoy yo rebalanceando y contrapesando mi propia naturaleza. Soy particular, qué le vamos a hacer. Y si aplazar implica un riesgo, no tendré más remedio que asumirlo, porque no puedo con todo.

Deshaciendo los nudos de mi espalda y mi cuello. Intentando no dar importancia a tratamientos injustos y casi despiadados, y mirando hacia delante. Sabiendo que soy luminosa, inteligente y sensible. Y esperando ser más hábil para sacar algo en claro de la ecuación.

Intentaré disfrutar de todas las Martas, ponerlas en fila india, y hacerlas desfilar vestidas de rojo, bailando al son de un buen jazz.

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3 Diciembre 2011

De reconstrucción e ibuprofeno

Comienzo una semana de reconstrucción. De retomar mis piezas de aquí y de allá y unirlas poco a poco con todos los pegamentos disponibles a mi alcance.

Me he vuelto a levantar con dolor de cabeza. El cuello rígido a pesar de que ayer cuando llegué con los ojos medio cerrados a casa me tomé medio myolastan, uno de esos relajantes musculares que te dejan sonada. Y es que llevo un trimestre y, sobre todo una semana, extenuante. Lo laboral y lo personal se me unen haciendo una bola gigante que no me permite descargar tensiones con bailes, yoga o meditaciones varias. Y acumulo y acumulo. Y tengo que contener mi voz para no gritar a alguien en la oficina. Pero llegar en este estado, al final tiene consecuencias. He decidido cambiar algunas cosas. Ayer hablé con mi jefe y le auguré cambios. Cambios en mi forma tan generosa de gestionar, en la que al final me cargo yo con la vida personal de todo el mundo. Tomaré distancia de las personas, como hace él. Siendo afable pero distante en el contenido. Actitud inversamente proporcional a lo que a mi me acontece, que muchas veces me impide ser afable de lo cargada e impregnada de problemas ajenos que estoy. Porque los míos nadie los contempla, y los lidio como puedo. Bastante mal para mi. Bastante favorablemente para los demás. Porque mi consideración de equipo ha sido siempre demasiado idealista y eso solo funciona con idealistas como tú. Con gente generosa. Pero en cuanto alguien se aprovecha, estropeó el invento para todos. Y al día de hoy, he de decir que se estropeó para todos. Y como nadie ha hecho nada para remediarlo, he decidido que yo tampoco. Que a partir de ahora, me voy a distanciar y voy a ser la jefa que mi puesto requiere. Alejándome de consideraciones y siendo exigente aunque justa. Porque sino todo el mundo abusa de mí. Y yo estoy al límite de mis fuerzas.

Hoy comienza mi reconstrucción. Después de una tarde en la que fui a ver una danza que yo no pude hacer, un teatro cómico del que no pude reirme a tope y unas cañas que no era capaz de tragar, del estado de agotamiento físico y mental en el que me encontraba.

Y aquí de mañana, todavía bajo los efectos del relajante muscular, con un ibuprofeno recién ingerido y un día gris tranquilo y tristón, puedo prometer y prometo, que he de cambiar algunas cosas. Que voy a empezar a pensar mucho más en  mí y menos en los otros y que voy a intentar ser más vaga, más condescendiente conmigo misma y con los demás y voy a intentar poner el "modo-disfrute-on" en cuanto esté un poco más recuperada.

Porque soy un ser fuerte y débil a la vez, emocionalmente demasiado sensible en un entorno demasiado demandante. Y necesito monte, sol y mar. Y necesito que el viento levante los pelos de mi cabeza y dejarme bailar al son de la música sin más coreografía que la mía interna. Dejando de perseguir pasos ajenos y siguiendo los pasos que yo sienta en mi interior confuso y claro a la vez. Un interior tan acostumbrado a estar permanentemente tomando decisiones rápidas, que cuando no puede tomarlas fácilmente se siente incómodo y atado.

Echando mano de todas las herramientas posibles para empezar la reconstrucción.

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Señorita Honeychurch

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Soy la versión madrileña de Lucy Honeychurch, desde mi ventana veo un cuidado jardín, transito por las calles más exclusivas de mi ciudad y llevo una existencia "comme il faut"; trabajo en un lugar respetable, visto de forma respetable, pero...me "aburre" tanta contención: me rebelaré algún día?

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